Mi amigo Gabriel Revuelta me envía esta reflexión de Franco Ravasi tituladea «Ver las cosas». Me ha parecido digna de ser compartida y tal cual la transcribo.
Sospecho que el niño coge su primera flor con una percepción de la belleza y de su significado que el futuro botánico ya nunca conservará.
Lo anotaba en su diario, el 5 de febrero de 1852, el escritor norteamericano Henry David Thoreau. He de confesar que siempre me ha cautivado la manera de jugar de los niños: antes de que quede pervertido por la playstation y los juegos electrónicos, el niño se acerca a un objeto con una sorprendente multiplicidad de gestos, movimientos, miradas. Cumple realmente el acto primordial de asomarse al mundo maravillado para descubrir las maravillas («el mundo perecerá por no maravillarse, no por falta de maravillas», observaba sutilmente el escritor inglés Chesterton). Es lo que nosotros, apresurados consumidores de tecnología, ya no experimentamos. ¿Quién es capaz de «ver un mundo en un grano de arena y un cielo en una flor silvestre, el infinito en un palmo y la eternidad en una hora», como cantaba el poeta inglés William Blake?
Al botánico no le queda ya nada del estupor del niño ante la flor, su corola, sus colores. Clasifica, cataloga, diseca, disecciona, comprueba, examina, pero ya no consigue gozar de la fascinación de la belleza. Una de las antologías dl poeta irlandés contemporáneo –los verdaderos poetas son los grandes maestros de la contemplación– Seamus Heaney, Nobel 1995, se titula Seeing Things. Sí, necesitamos volver a «ver las cosas», incluso –como sugiere la frase inglesa– «tener la visión» profunda de la realidad, de los rostros, de los objetos, de los signos, de los colores, de la vida. Para lo que es imprescindible saber detenerse, pararse, estar en silencio, contemplar.
0 Respuestas a “VOLVER A VER LAS COSAS”