LOS ESCRITORES Y LA HISTORIA

Harto ya de peleillas en el patio del colegio, de discusiones en los patios de vecinos, de algarabías en los mentideros, de tiras y aflojas a ver quién se lleva el gato al agua y de partidas de dominó en la taberna, me vuelvo a la historia y me deleito en su estudio para ver si pasan las calores, si se despiertan las entendederas y si un prometedor día de frescores despeja las mentes y las actitudes. Se trata de una tregua, con la esperanza de que más de uno entre en razón y nos diga algo sensato y que nos sirva para algo más que para ejercer de “sufridores” en este carnaval televisivo de circo malo y peor pan.

Alcázar de SevillaMe vuelvo a los escritores de otros siglos y recupero algo de memoria literaria, que siempre es reconfortante e instructivo.

Se encontraba a orillas del Río Grande, de aquel Al-Wáda-l-Kebir que los castellanos que vinieron a conquistar estas tierras transformaron en Guadalquivir y de los que también somos herederos. Aquel río cargado de historia, que vertebró un Imperio e inundó de riquezas un valle con vocación atlántica. A orillas de aquel río se levantaba un magnífico palacio del que hoy nos queda la memoria y un recobrado patio que llaman del Crucero, en esa Sevilla mágica, capital de una de las más ricas taifas andalusíes.  Qasr al-Mubârak era el nombre de aquel emporio de las letras que fuera en tiempos del rey-poeta Al-Mutamid.

Parece mentira que su padre, el terrible Mutadid, sanguinario y cruel, engendrara a este hijo, con alma de poeta y corazón de gran mecenas, del que  el gran arabista Emilio García Gómez escribió: “Protegió a todos los poetas de España, e incluso a los de todo el Occidente musulmán, cuando Sicilia y Qayrawan fueron, respectivamente, invadidas por los normandos y las tribus beduinas. ¡Maravillosa vida la de Mutamid! De joven, cuando príncipe, gobierna en el Algarve portugués, entre suaves placeres, en compañía de su apasionado amigo Ibn Amar, torcedor de su vida. Elevado al trono de su padre, siembra de luces el Guadalquivir y llena de música los blancos palacios entre los olivos del Aljarafe. Se casa con una esclava –Rumaykyya-, que supo completarle un verso cuando ella lavaba en el río, junto a la Pradera de la Plata. Para satisfacer su capricho de amasar adobes, le llena las albercas de alcanfor y de ámbar. Hace capitán de sus guardias al Halcón Gris, un bandolero ingenioso. Conquista ciudades, se le mueren los hijos, mata a hachazos a su mejor amigo, que le ha engañado. Para librarse de Alfonso VI acude a Yusuf el Almorábide; pelea y vence en Zallaqa (1086). Pero Yusuf lo traiciona en seguida, y Mutamid, rey poeta, nuevo David, es vencido por el Goliat africano. Encadenado en Agmat, junto al Atlas, llora hasta su muerte entre palmeras y chozas de adobes, evocando sus palacios y sus olivares sevillanos”.

Y razón tenía, Al-Mutamid para aquel llanto. “Yo era amigo del rocío, / señor de la indulgencia, / amado de las almas y de los espíritus”, escribe en su desgracia. “Hoy soy rehén, de la cadena y de la pobreza / apresado, con las alas rotas… / Mi alegría que conocías se ha tornado  adusta, / las penas ocupan el lugar de mis alegrías. /  Mirarme es desagradable  a los ojos, / cuando antes rea regocijo para la vista”. Lejos quedaban los esplendores literarios de aquella Sevilla andalusí de los poetas. Lejos quedaban las veladas literarias con Ibn Zaydum –que fuera amante de la princesa-poetisa Walada-, Ibn Ammar, el amigo que terminó por traicionarle. Lejos quedaban también aquellos que tanta gloria dieron a las letras de Al-Andalus: Ibn Lablana de Denia, Ibn al-Haddad de Almería, Ibn Hamdis, Abu-l-Hasan Ali ibn Hism, Ibn Abdum, Ibn Wahbun, Ibn Sara, Ibn Jafacha, Ibn Az-Zaqqud, Ibn Saraf…

Desde aquella lejanía, su corazón se llenaría de nostalgia al recordar los versos que Ibn Jafacha compusiera. “¡Oh Dios, que bello corría el río en su lecho…! A veces se estrechaba hasta parecer un pespunte de plata en una túnica verde…”. El Guadalquivir también se había quedado en la evocación y en el recuerdo.

Era el final para una corte de poetas, que Al-Mutamid supo reunir a su alrededor. Desde ella, Ibn Zaydum, cultivaría la añoranza por su amor perdido, la princesa cordobesa Walada. Allí se arrepentiría una y mil veces de la traición que propició el desprecio de la poetisa. (“Si hubieses hecho justicia / al amor que hay entre nosotros, / no hubieses amado ni preferido a mi esclava, / ni hubieses abandonado la belleza de la rama / cargada de frutos, / ni te hubieses inlcinado hacia la rama estéril”, reprochaban los versos de Walada). “Mi afan supremo era lograr tu amor / si la suerte hubiera propiciado unirme a ti. / Lloran tu ausencia unos ojos cuya pupila eres tú / y a los que el sueño abandonó por tu abandono”, se quejaba Ibn Zaydum.

Al destierro se marchó Al-Mutamid, artífice de aquellos esplendores que no eran sino herencia de otros. Esplendores en las ciencias, en las artes y en las letras, en estas tierras que entonces se llamaron Al-Andalus y que conocieron extraordinarios filósofos, místicos, científicos y, claro está, poetas judíos y musulmanes. Asomarse a sus versos, volver a escribir y pronunciar sus nombres, servirá de rescate para su exilio. Un exilio al que le ha condenado aquel inútil y desnaturalizado borrón y cuenta nueva que intentaron hacer los que desterraron a estas figuras señeras de las letras, de los manuales de literatura y, por supuesto, de muchos manuales de historia. Y consiguientemente también de nuestra memoria.

La corte de Al-Mutamid, foro de las letras, que dio lugar a un ciclo literario en la historiografía hispano-musulmana. En Sevilla, sin ir más lejos. En aquel siglo XI de taifas, que tan fértil fue para la España literaria musulmana, a pesar del complicado momento político, y cuya herencia no puede dejar de pertenecernos por derecho propio. Enriquecerá nuestro patrimonio.  Inspirará nuevas palabras que llenen de esplendor este siglo de prosas cenicientas –permitan la metáfora- y hará que vuelvan estas herencias a nuestro patrimonio literario.

Anuncios

0 Responses to “LOS ESCRITORES Y LA HISTORIA”



  1. Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




julio 2009
L M X J V S D
« Jun   Ago »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Album de Juan Félix Bellido

  • 83,401 Visitas

Artículos Publicados


A %d blogueros les gusta esto: