Archivo para 31/07/09

VACACIONES

Playa TarifaHoy es para muchos un día de transito de la actividad al descanso, o del descanso a la actividad. El tráfico en las carreteras, en los aeropuertos, en las estaciones nos lo indican. Algunos accidentes que hoy se han producido nos enturbian el ambiente. Conviene tenerlo en cuenta y no jugar ni con la propia vida, ni con la de nuestra familia, ni con la de los pasajeros que transportamos, ni con la de los demás. La prudencia debe reinar para que el descanso sea descanso de verdad, sin sobresaltos irremediables.

Para muchos comienza hoy lo que es el lugar privilegiado del tiempo libre por excelencia, las vacaciones. Pensando en todo esto me he ido en busca de la raíz de esta palabra. Diccionario de latín en mano voy en busca de la palabra “vacare”. Y me encuentro con definiciones como éstas: “estar vacío, desocupado, estar libre de, estar desprovisto de, tener tiempo para…”. No tienen desperdicio y vale la pena recordar el origen de las cosas. Buen momento, pues, para recordarlo y disfrutarlas con toda su plenitud. Ya nos contarán los que vuelven hoy cómo lo han logrado.

ADOLFO ÁLVARO

Foto_adolfoEs triste, pero en este país, nos tenemos que morir para que hagan un elogio nuestro. En vida las cosas son distintas. Y no digo que no se sienta sinceramente la pérdida de este periodista que tantas horas dedicó a la información en esta ciudad y en su entorno. Pero algunas se podrían haber adelantado para satisfacción de este trabajador que tantas horas dedicó al oficio. ¡La de cosas que dicen en vida los que después elevan sentidos panegíricos cuando ya no estamos!. Es curiosa esta característica del ser humano.

Con Adolfo Álvaro me tocaron compartir tres años de trabajo y de muchas complicaciones, cuando comenzó su andadura como jefe de informativos de Onda Jerez. ¡La de luchas que hubo que afrontar entonces! Y lo llovido que estaba el patio. Por eso no quiero que se pierda en la memoria, que tan frágil es en los seres humanos.

Una tarde de verano como hoy, me llevó a Sanlúcar a ver las carreras de caballos en la playa. Fue la única vez que he ido, tengo que confesarlo porque así ha sido. Apostamos juntos en una de las carreras y gané la apuesta, también él, porque aposté a su mismo caballo. Copiar era la única posibilidad que yo tenía para aprobar este examen. De esto era yo novicio y lo sigo siendo. Y él me dijo que era la suerte del principiante. Y tenía razón, porque fue puro juego de azar. Ahora lo recuerdo con ese perpetuo pitillo entre los labios riendo a carcajada de mi torpeza en las apuestas. Parecía serio sin serlo. Y le agradezco que me tratara como a un colega más. Este verano, en el que se ha marchado, se me acumulan los recuerdos, gratos y menos gratos, complicados muchos de ellos, porque no eran tiempos fáciles ni sencillos, pues bien, este verano –y conste que no lo he hecho desde entonces- voy a ir a Sanlúcar a ver las carreras, a donde me llevó por vez primera Adolfo. Fue el único momento “lúdico”, que en medio de tanto trabajo, tanto esfuerzo, de tanto esquivar puñaladas, pude disfrutar con él. Como periodista, tenía el instinto suficiente para ejercerlo, aunque entonces el horno no estuviera para bollos y la mediocridad estuviera instalada en tantos mentideros. Sin tantas parafernalias -no fui ciego para sus defectos, pero tampoco para sus virtudes como periodista- aprecié a Adolfo Álvaro en vida y lo sigo apreciando ahora que se ha marchado. Pero nadie me ha encargado un panegírico, nada me obliga a hacerlo, hace tiempo que dejé de asistir a los entierros para “cumplir”, pero sé hacer tesoro de los recuerdos y apreciar a la gente con las que trabajé por lo que fueron y me demostraron. Mi homenaje es sincero y le agradezco lo que pudo enseñarme. Se ha ido demasiado pronto, para lo que nuestra profesión necesita en Jerez. La esperanza está en los que se quedan y en hollar los caminos que antes recorrieron otros. Gracias a ellos se han ido volviendo más transitables aunque no estén exentos de obstáculos.

JEREZ, DONDE VOLVER SIEMPRE

Cabildo viejoA pesar del calor que nos azota estos días, me obligo a caminar porque la salud y el parecer del médico lo estiman oportuno. Y para hacerlo, recorro el centro histórico de la ciudad en la que vivo y a la que amo. Es la excusa para distraer la vista y la mente mientras ando. Recorro los lugares que me devuelven la memoria de la historia de mi ciudad y la mía propia de los años de infancia y juventud. A menudo me tropiezo con grupos de turista que vienen a descansar y a descubrir sus tesoros, que no son pocos. E imagino sus impresiones, sus sensaciones y sus descubrimientos. Algunos es posible que ya la conocieran pero que vuelven una vez más a disfrutarla. Y yo con ellos vuelvo a descubrirla y a apreciar matices nuevos en sus monumentos, en su patrimonio. Y voy ordenando, a medida que se van marcando en sus calles la cadencia de mis pasos, su historia.

Ya el viajero del siglo XIII la describía pujante, hermosa y con florecientes huertos y jardines, y alababa la belleza del río Guadalete que regaba sus tierras.  Aunque no olvidaba que aunque fuese “ciudad cargada de ornato, con parterres floridos y amenas reuniones”, había también en ella “partidos belicosos”.

“Es una de las ciudades de Al-Andalus –escribía Ibn Said Al-Magribî- más graciosas por fuera y por dentro que yo he visitado y, con frecuencia, paseado.  Cuenta con edificaciones y medios de subsistencia copiosos, con gentes principales y con ricos y, en fin, con grandes comodidades. Entre sus alamedas figura una llamada al-Yana, de hermosa vista sobre el río Guadalete… Allí están también la pradera del Brocado y el río Guadalete, que es un río placentero con jardines y bellos paisajes que diríase compendio del río de Sevilla”. De aquella ciudad que contemplara Ibn Said, el visitante que se acerca a Jerez hoy, puede aún ver algunos amplios lienzos de muralla medieval, con las numerosas torres que la salpican, el Alcázar y, sobre todo, el trazado del dédalo de calles de su centro histórico, lo que fuera la medina de la ciudad almohade que, cuando el viajero musulmán se aprestaba a escribir las citadas líneas, estaba a punto de ser conquistada para su incorporación a la corona de Castilla por el rey Alfonso X el Sabio.

Torres del alcázarHoy, la ciudad ofrece, junto con la belleza de sus calles y plazas, con la calidez de su clima, con los magníficos monumentos que brotan, aquí y allá, en el corazón de su casco histórico, de sus magníficas iglesias y palacios, una amplia oferta turística digna de conocer y disfrutar.

Monumento imprescindible en el paseo por Jerez es el Alcázar, con una de las mezquitas más originales de Andalucía y unos baños árabes magníficamente conservados. Como lo son muchas de sus iglesias, muestras muchas de ellas del más puro estilo mudéjar o del gótico. Palacios imponentes, con hermosas fachadas y extraordinarios patios: Riquelme, Domecq, Ponce de León, Camporeal, Villapanés, Bertemati, que salpican de renacentismo y neoclasicismo hermosas calles y plazas de la ciudad. Y entre ellos, uno de los edificios civiles de mayor relevancia es el Cabildo Viejo, cuya portada y logia constituyen una de las mejores muestras del renacimiento en Jerez, fechándose su construcción en 1575.

Pero no es sólo monumental la oferta jerezana. El viajero puede disfrutar de los caballos en el espectáculo de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, degustar sus vinos en las bodegas que han llevado el nombre de Jerez al mundo entero con sus generosos caldos, bucear por el pasado fenicio y romano visitando el Museo Arqueológico, disfrutar de una flora y una fauna magnífica en el Parque Zoológico y Jardín Botánico Alberto Durán, o vivir la pasión por la velocidad en el Circuito, famoso, sobre todo, por el emblemático campeonato de motociclismo, que cada año convierten a Jerez en la capital de las dos ruedas, concentrando a millares de aficionados, que transforman la ciudad en aquellos días.

bodegas-catedralY disfrutar de la buena música en el Teatro Villamarta, asistiendo al Otoño Lírico, o del flamenco más genuino en el Festival de Jerez. Pero el flamenco puede saborearse todo el año en los cientos de actuaciones en las Peñas Flamencas de la ciudad. Y si, tras todos estos paseos, nuestro cuerpo necesita reparar fuerzas, vayamos a tapear por el centro, que con pan y vino se anda mejor el camino, y en Jerez, no sólo no faltan estos dos elementos, sino que pueden acompañarse con una gastronomía excelente y una calidad de vida y de relaciones que inoculará en el viajero el deseo de querer volver siempre.

CÓRDOBA

Calleja judería CórdobaDesde la distancia geográfica y la cercanía afectiva, pienso en Córdoba y añoro un paseo por sus calles, que no por su historia, por la que paseo a menudo. En mi memoria está ese hilo de sabiduría que recorre su historia, desde Séneca o Lucano, hasta Ibn Hazm, Maimónides, Averroes o Ibn Quzmám, desde Leonor López de Córdoba a Góngora o a Concha García. El homenaje de la memoria a los recuerdos de tantos cordobeses que llenaron las páginas de la historia de sabiduría y arte. Y desde esta distancia me viene a la memoria la descripción de la ciudad que hace el geógrafo A-Idrisi en el siglo XII. Así la dejó descrita como testimonio para la historia. “Las excelentes cualidades de sus habitantes son muy numerosas y muy conocidas. Poseen en el más alto grado la elevación y el esplendor. Dominantes intelectuales […] son renombrados por la pureza de su doctrina, la exactitud de su probidad y la belleza de sus trajes y sus monturas […], la elevación de sus sentimientos que manifiestan en sus reuniones y en sus sociedades […] y están dotados de un carácter amable, de las maneras más distinguidas. Jamás en Córdoba han faltado sabios ilustres ni personas notables”. Y pienso en los amigos que allí tengo, en Jesús, en Rocio,  en los rincones que han dejado una huella indeleble en mí, y en la riqueza y patrimonio que me ha regalado esta ciudad, y en esa acumulación de recuerdos amables que la hacen cercana no sólo en mi memoria, sino en mis sentimientos.


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