JEREZ, DONDE VOLVER SIEMPRE

Cabildo viejoA pesar del calor que nos azota estos días, me obligo a caminar porque la salud y el parecer del médico lo estiman oportuno. Y para hacerlo, recorro el centro histórico de la ciudad en la que vivo y a la que amo. Es la excusa para distraer la vista y la mente mientras ando. Recorro los lugares que me devuelven la memoria de la historia de mi ciudad y la mía propia de los años de infancia y juventud. A menudo me tropiezo con grupos de turista que vienen a descansar y a descubrir sus tesoros, que no son pocos. E imagino sus impresiones, sus sensaciones y sus descubrimientos. Algunos es posible que ya la conocieran pero que vuelven una vez más a disfrutarla. Y yo con ellos vuelvo a descubrirla y a apreciar matices nuevos en sus monumentos, en su patrimonio. Y voy ordenando, a medida que se van marcando en sus calles la cadencia de mis pasos, su historia.

Ya el viajero del siglo XIII la describía pujante, hermosa y con florecientes huertos y jardines, y alababa la belleza del río Guadalete que regaba sus tierras.  Aunque no olvidaba que aunque fuese “ciudad cargada de ornato, con parterres floridos y amenas reuniones”, había también en ella “partidos belicosos”.

“Es una de las ciudades de Al-Andalus –escribía Ibn Said Al-Magribî- más graciosas por fuera y por dentro que yo he visitado y, con frecuencia, paseado.  Cuenta con edificaciones y medios de subsistencia copiosos, con gentes principales y con ricos y, en fin, con grandes comodidades. Entre sus alamedas figura una llamada al-Yana, de hermosa vista sobre el río Guadalete… Allí están también la pradera del Brocado y el río Guadalete, que es un río placentero con jardines y bellos paisajes que diríase compendio del río de Sevilla”. De aquella ciudad que contemplara Ibn Said, el visitante que se acerca a Jerez hoy, puede aún ver algunos amplios lienzos de muralla medieval, con las numerosas torres que la salpican, el Alcázar y, sobre todo, el trazado del dédalo de calles de su centro histórico, lo que fuera la medina de la ciudad almohade que, cuando el viajero musulmán se aprestaba a escribir las citadas líneas, estaba a punto de ser conquistada para su incorporación a la corona de Castilla por el rey Alfonso X el Sabio.

Torres del alcázarHoy, la ciudad ofrece, junto con la belleza de sus calles y plazas, con la calidez de su clima, con los magníficos monumentos que brotan, aquí y allá, en el corazón de su casco histórico, de sus magníficas iglesias y palacios, una amplia oferta turística digna de conocer y disfrutar.

Monumento imprescindible en el paseo por Jerez es el Alcázar, con una de las mezquitas más originales de Andalucía y unos baños árabes magníficamente conservados. Como lo son muchas de sus iglesias, muestras muchas de ellas del más puro estilo mudéjar o del gótico. Palacios imponentes, con hermosas fachadas y extraordinarios patios: Riquelme, Domecq, Ponce de León, Camporeal, Villapanés, Bertemati, que salpican de renacentismo y neoclasicismo hermosas calles y plazas de la ciudad. Y entre ellos, uno de los edificios civiles de mayor relevancia es el Cabildo Viejo, cuya portada y logia constituyen una de las mejores muestras del renacimiento en Jerez, fechándose su construcción en 1575.

Pero no es sólo monumental la oferta jerezana. El viajero puede disfrutar de los caballos en el espectáculo de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, degustar sus vinos en las bodegas que han llevado el nombre de Jerez al mundo entero con sus generosos caldos, bucear por el pasado fenicio y romano visitando el Museo Arqueológico, disfrutar de una flora y una fauna magnífica en el Parque Zoológico y Jardín Botánico Alberto Durán, o vivir la pasión por la velocidad en el Circuito, famoso, sobre todo, por el emblemático campeonato de motociclismo, que cada año convierten a Jerez en la capital de las dos ruedas, concentrando a millares de aficionados, que transforman la ciudad en aquellos días.

bodegas-catedralY disfrutar de la buena música en el Teatro Villamarta, asistiendo al Otoño Lírico, o del flamenco más genuino en el Festival de Jerez. Pero el flamenco puede saborearse todo el año en los cientos de actuaciones en las Peñas Flamencas de la ciudad. Y si, tras todos estos paseos, nuestro cuerpo necesita reparar fuerzas, vayamos a tapear por el centro, que con pan y vino se anda mejor el camino, y en Jerez, no sólo no faltan estos dos elementos, sino que pueden acompañarse con una gastronomía excelente y una calidad de vida y de relaciones que inoculará en el viajero el deseo de querer volver siempre.

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