LAS OPINIONES DE IBN BASSÂM

                                                                                                     

Volvemos sobre las poetisas medievales. Ibn Bassâm de Santarem, en su  Dajîra, escribe sobre la poetisa cordobesa Wallâda: “Wallada fue entre sus coetáneos la primera de entre las de su edad y la más codiciada en su entorno. De fuerte temperamento, belleza externa y valía interior. Dulce fuente e entrada como punto de salida. Su círculo de amigos en Córdoba fue reunión de lo más exquisito de la ciudad, su corte palestra de los corredores en la poesía y la prosa. Los literatos se sentían atraídos por su brillo y acudían a su siempre abiertas lizas y a su concurrida mansión. Todo esto lo unió a su elevado rango, nobleza y generosidad de ánimo. Aunque ella, ¡Dios la perdone y pase por alto sus faltas!, rechazó el recato y dio motivo a la murmuración sobre su persona a causa de su desenfado y de la ostentación de sus placeres. Se dice que llevaba escrito sobre un hombro de su vestido el verso siguiente:

         ¡Por Dios que fui creada para hazañas famosas!:

          ando mi propio camino y cultivo mi orgullo

 

y sobre el otro:

         A quién me ama, le doy el cáliz de mis mejillas

         a quien lo quiere le doy un beso

 

   Así lo he encontrado y me distancio ante Dios de su valor, de quienes lo han transmitido y ante la literatura de cualquier error eventual en la transmisión

       Mezquita  Ibn Bassâm, dice precisamente en el Prólogo de su Dajîra, libro en el que aparece éste texto, que “había en cada ciudad un secretario hábil y un poeta indiscutible”. Y esto es, quizás, consecuencia de que “en las clases altas se comprueba también un vivo gusto por la poesía”, como afirma Henri Peres. Y no sólo se ama la poesía haciendo que las cortes se llenen de poetas, sino que ésta es practicada por dichas clases y no son pocos los que cifran en ella su nobleza y su realeza, como le sucede al omeya Marwân al-Taliq, que así lo expresa: “Mi nobleza es mi alma; mi ornato, mi cultura literaria; mi espada es mi palabra en el momento del encuentro”, añade.

En el texto, Ibn Bassâm habla de Wallâda bint al-Mustakfî, hija del Califa Muhammad III al-Mustakfî, que ocupa el trono cordobés cuando el califato Omeya está llegando a su declive y comienzan a aparecer en el horizonte las taifas. Mujer noble, pues, princesa culta y brillante, como nos describe el texto.

Cultiva la poesía, y goza de la independencia económica posible como para hacerlo con plena libertad. Las fuentes hacen suponer que “muchas de las mujeres del entorno real –como afirma Manuela Marín- gozaban de una situación económica que les permitía, en determinados casos, una cuasi independencia de disponibilidades ciertamente notables”. Éste es, sin lugar a dudas el caso de Wallâda. Wallâda ha sido considerada como “prototipo de princesa culta y brillante, de quien dice Ibn Baskuwâl que era una poetisa prolífica que competía con los poetas y literatos, y los superaba”  De esta poetisa, gracias precisamente a Ibn Bassâm, se conservan nueve poemas, aunque éste afirma haber leído muchos más. En el texto elegido se citan aquellos versos que, al parecer, llevaba bordados en las mangas de sus vestidos y que dicen de su talante y también de su altanería. Tras los elogios y la descripción del selecto ambiente del que se rodeó, no puede negar este Autor que “rechazó el recato y dio motivo a la murmuración sobre su persona a causa de su desenfado y de la ostentación de sus placeres”. Teresa Garulo en su estudio sobre Wallâda, escribe que “su desprecio por las conveniencias dio lugar a numerosas habladurías acerca de su conducta, de ahí también la afirmación de que carecía del decoro propio de su nobleza”.

         Este retrato de Ibn Bassân da buena cuenta de dos factores característicos que se dan en el momento histórico que a Wallâda le toca vivir, y que conjugados con su preparación e independencia, dado su origen noble, y más aún su carácter de hija de un Califa, van a hacer posible su personalidad: el momento histórico y el momento literario andalusí. Históricamente es un momento de grandes sacudidas políticas, en el que el califato Omeya se hunde y es difícil no ver que todo camina hacia el acabamiento. Por consiguiente es muy posible que Wallâda viva aquellos años a grandes tragos. Por otro, hay que tener en cuenta que Wallâda vive en la Córdoba del siglo XI, “cuando la poesía aparece más libre. Dominadas tanto la tradición “moderna” como la “neoclásica”; y “las poetisas dan la impresión de moverse más espontáneamente en sus manifestaciones literarias y quizás a ello obedezca el relativo encanto y la gracia de algunos poemas…”, como afirma Teresa Garulo.

         La controvertida imagen que da Ibn Bassâm en el texto, donde la alaba, pondera sus versos y, a la vez, quizás por situarse en la ortodoxia, la critica dejando ver la cara negativa, posiblemente corresponda también a ese “andarse con cuidado con los nuevos campeones de la fe”, que diría Peres, que en Al-Andalus mandan en su tiempo, los Almorávides. “La poesía frívola es causa de errores y confusión”, dice Ibn Bassâm también en el prólogo de su Dajîra, pero, afortunadamente, no por ello deja de consignar en su antología, hermosos poemas de amor de Wallâda, pero también sus versos más satíricos y punzantes.

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