Archivo para 18 junio 2011

MAGNÍFICA EDICIÓN DEL LIBRO DE BELTRÁN DOMECQ

Beltrán Domecq con su libro en el patio del Consejo Regulador del jerez.

El pasado martes día 14, en el salón del Consejo Regulador del Vino de Jerez, se presentó el libro de Beltrán Domecq, El jerez y sus misterios. Un acto que abarrotó la sala de público. Un escenario excelente para un tema excelente y una edición magnífica con el sello de EH Editores.

Un libro, en el que he tenido el honor de participar y al que no hemos puesto –puedo dar fe de ello- sólo nuestra profesionalidad como editores, sino pasión; pasión por un libro que considerábamos imprescindible en el mercado. Pasión que se ha ido transformando a lo largo del proceso de edición –largo y laborioso- en amistad y aprecio sincero por su autor.

En una entrevista, el filósofo y humanista Emilio Lledó, afirmaba que «el ser humano es memoria». Buñuel lo diría de esta otra forma: «una vida sin memoria no sería vida».

Y este libro es, a la vez, transmisión de serios y avalados conocimientos técnicos y memoria. Memoria de las familias y generaciones que han protagonizado la producción y el esmerado cuidado del vino de Jerez, que lo han llevado a ser conocido en el mercado universal, y transmisión de una memoria “lingüística” –permítanme la expresión- sustantivada en el amplio glosario bodeguero que el libro contiene. Un tesoro de palabras vinculadas al mundo del vino y a los oficios relacionados con él, que gracias al trabajo de Beltrán Domecq quedan fijados en el papel para su conocimiento y su conservación para la historia.

Éstos han sido aspectos que han animado a la editorial EH Editores a su publicación.

Y dado que deseamos lo mejor para el sector vinícola, para el futuro de nuestro vino, déjenme citar al hilo de lo dicho a Baal Shem Tov que se expresó así: “El olvido lleva al exilio, mientras que la memoria es el secreto de la redención”. Y este libro contribuye no sólo a desterrar el olvido sino a mirar hacia el futuro con paso seguro y esperanzado.

Anuncios

LOS SABIOS DE CÓRDOBA

Enmarcada en las XVII Jornadas de Historia de Jerez, con la activa presencia del Centro de Estudios Históricos Jerezanos, anoche estuvimos viendo en la Sala Compañía la película documental Los sabios de Córdoba. Discutimos después en un animado debate a modo de cine-forum, sobre el contenido y sobre algunas matizaciones históricas que era conveniente aclarar. Su productor José Antonio Hergueta estaba presente, con él y con algunos especialistas, prolongamos hasta tarde nuestro diálogo. Entendido, buen conversador, malagueño de perfil universal, mereció la pena compartir aquellas horas. Está desarrollando un excelente trabajo y compartimos gustosos los esfuerzos que él nos trasladó con solidez y seriedad de análisis.  El Al-Andalus que transmite es un poco idealista y utópico, con el que no coincido completamente, y que la historiografía seria y más reciente ha tratado de equilibrar, pero lo que no cabe dudas es que la película transmite una riqueza que es nuestra y nos pertenece, y que vale la pena transmitir al mundo.

El director, Jacob Bender (a la derecha), y el productor, José Antonio Hergueta

En lo que coincidíamos era en que los andaluces somos los peores vendedores de lo nuestro. Y nos conformamos con fotografiarnos con el anteayer folklórico, que también es nuestro, pero que no constituye el todo, ni lo único. Al desconocer grandes porciones de nuestra historia y de nuestro patrimonio, dejándonos llevar por mediocres manipuladores e ignorantes interesados, no vendemos mucho de lo nuestro como nuestro y al final terminan por ocupar esa silla que dejamos vacía los que no tienen derecho a ella. Con razón, a la larga, nos quejamos de que otros de fuera se usurpen la realidad  Al-Andalus como propia, cuando no se sostiene el argumento que esgrimen, por la sencilla razón de que es nuestro. Lo andalusí es nuestro, no de ellos, y forma parte del continuum histórico español. Como lo romano, lo visigodo o lo judío. Pero hay tanto tonto suelto diciendo tonterías y tanto ignorante argumentando con contratonterías, de igual calibre inconsistente, que el pelo nos luce de manera raquítica.

¡Qué peligroso es un mediocre que suma a su mediocridad la ignorancia! Es capaz de sostener la mayor tontería con tal de ser el corcho que, a toda costa, flota. Con tal de que luzca su propio ombligo, te desvalijan el cortijo sin mover un músculo de su rostro y se quedan tan frescos. Mantienen el equilibrio, como el prestidigitador, sin importarle el hurto que hace a los que entienden, a la memoria colectiva en general, a la validez de los argumentos y al patrimonio de todos. Si hubieran nacido en el lejano oriente encantarían serpientes, aunque éstas fueran de plástico.

NUESTRO CHAUVINISMO A LA INVERSA Y LA MANIPULACIÓN DE LA MEMORIA A TRAVÉS DEL OLVIDO

El prólogo al libro de Viajes de Al-Idrisi que tradujo José Antonio Conde, de la Real Biblioteca, en el ya lejano año de 1.799, en edición bilingüe. Opina, y así lo escribe que “la enemistad y el odio de nuestros antepasados con los moros, fomentado por el indiscreto celo de algunos prelados eclesiásticos, no quedó satisfecho hasta que arrojó de entre nosotros las miserables reliquias de la gente mora, y al mismo tiempo la industria y población de nuestros lugares, y la agricultura de nuestros campos. Del olvido y la ignorancia de esta antigua y preciosa lengua nacieron aquellos extraños decretos del Cardenal Ximénez de Cisneros, tan fatales para la literatura oriental: casi todas las naciones eran bárbaras, cuando los árabes eran doctos, y los de España, doctísimos. ¿Cuántos preciosos tratados consumieron las llamas? ¿Cuántas noticias históricas, las más importantes, tratados geográficos, tablas astronómicas, libros de agricultura, de botánica, recetarios de remedios sacados de antiguas experiencias, prácticas de artes e industria, de tintorería y manufacturas de seda, sus observaciones y trabajos de minas, sus estilos de comercio y contribución?

“[…] Consumidos así los tesoros de literatura arábiga, que había en España, se siguió el olvido y general abandono de esta lengua[…]. De aquí provienen las oscuridades de nuestra historia en las cosas de los moros, y esto ha llenado nuestras crónicas de especies falsas y mal averiguadas, y es la verdadera causa de la ignorancia en las noticias de nuestra literatura…”.

Desde luego, y lo que es peor, exiliaron de nuestra memoria histórica y robaron de nuestro patrimonio cultural, nombres como los de aquellos “demasiados en número” –en expresión de Al-Saqundî, siglo XIII, (“Yo alabo a Dios porque me hizo nacer en Al-Andalus y me concedió la gracia de ser uno de sus hijos […]. Sus sabios en toda rama del saber […] son demasiados en número para que puedan contarse y demasiado célebres para que tengan que ser citados”) – intelectuales, científicos, poetas, historiadores, místicos y filósofos de Al-Andalus.

Aberroes

Se han desalojado así nombres como los de Ibn Quzmân, Ibn Arabí, Ibn Masarra, Averroes, Azarquiel, Ibn Hazm de Córdoba, Ibn Sahl, Ibn Al-Jatib, Muhammad Al-Gafiqi, Ibn Zuhr, Ibn Gayyat, Nazhûm Bint Al-Qilai, Ibn Jafacha, Al Mutamid, Wallada, Ibn Zaydun, Ibn Hayyan, Al-Kirmani, Ibn Al-Saffâr… Es más, no exiliaron de los manuales sólo a éstos, por hispano-musulmanes, sino que lo hicieron con idéntico resultado, con los judíos españoles Ibn Gabirol, Hasday ibn Saprut, Abraham ibn Sahl, Dunas ben Labrat, Ibn Ezra, Yehudah ha-Leví, Yishaq ibn Gayyat, Yehudah ibn Verga, Yosef ibn Negrella, Ibn Jalfun, Menahem ben Saruq, y otros eminentes hombres.

Miguel Asín Palacios

De ahí la sopresa de Miguel Asín Palacios(historiador y arabista ilustre) en 1917: “No acierto jamás a explicarme que fatal soplo de pesimismo nacional agosta siempre a nuestros historiadores los más legítimos entusiasmos patrióticos. En literatura, en filosofía, en arte, empéñanse en poner de relieve las influencias que el pensamiento extranjero ejerció en nuestra vida mental. Parece como si jamás España hubiese comunicado nada al mundo. Es que la ignorancia del valor de nuestros pensadores musulmanes y hebraicos, de una parte, y el odio secular engendrado por las luchas de la reconquista, de otra, no les ha permitido conocer y confesar que en aquellas remotas épocas de nuestra historia fuimos españoles creadores de ciencia (…) y sobre todo, verdaderos y casi únicos transmisores  de la cultura clásica a la Europa medieval”. Un chauvinismo a la inversa, como lo llamo yo.

LA LITERATURA ANDALUSÍ: BERENJENALES PARA UN ESCRITOR

Ibn Hazm

Soy un escritor al que le gusta situar sus historias, sus personajes, en la Edad Media. Para escribir sobre ello, necesito encontrar una premisa. Para ello, me remito a una anécdota.

No es fácil para un escritor, o para un periodista, escribir sobre estos temas y ser bien interpretado. Me ha sido más fácil en el campo del ensayo histórico y de la investigación. Pero por la función didáctica que intento imprimir a este otro aspecto de mi trabajo opto por presentar esta segunda faceta: la novela histórica. Son muchos ya los años que llevo embarcado en ello.

Vayamos a la anécdota: Escribía en una revista andaluza de información general una serie de artículos que llevaban el título genérico de Los mil rostros de Al-Andalus. Llevaba ya seis artículos sobre la cultura, la vida literaria, el trabajo intelectual, las costumbres, etc. sobre todo de la Córdoba y la Sevilla andalusí. Tras un artículo, el director recibe una comunicación de un lector “importante” en la que se le pregunta si es que ahora apoyaba a Bib Laden. Me llama y me lo comunica. Yo acababa de publicar un artículo sobre Ibn Hazm de Córdoba (finales del s. X – principios del XI), aquel que escribió aquello de “vete en malhora perla de la China que a mí me basta con el rubí de España”, o aquello otro de “perdóname, pues, que no traiga a cuento las historias de los beduinos o de los antiguos, pues sus caminos son muy diferentes de los nuestros. Podría haber usado de las noticias sin número que sobre ellos corren; pero no acostumbro a fatigar más cabalgadura que la mía ni a lucir joyas de prestado”. Conclusión: la serie se retiró de la revista y me pidieron que no escribiera sobre estos temas.

¿Qué quiero decir con esto?

Que vivimos en una sociedad que lo ignora casi todo de ella misma, porque desconoce su pasado.  Hay mucho prejuicio y el prejuicio paraliza y limita.

Medina Azahara

Podía haberme dedicado, como otros notables compañeros del Centro de Estudios Históricos Jerezano, con los que comparto también amistad, al mundo griego o a la Roma antigua –por cierto pagana- o al mundo visigodo –invasores también y herejes (arrianos)- y que duraron menos en nuestra tierra que los propios andalusíes o los judíos –ambos de las tres religiones del libro- pero aquí no hay prejuicio. Una dificultad que frena el estudio y quiere vincular el pensamiento de Averroes, Ibm Hazm, Suhayr, Wallada, o Ibn Jafaya, con las acciones actuales de los integristas islámicos, cuando algunos lo único que pretendemos es estudiar a autores como el aristotélico Averroes o el platónico Ibn Hazm, que se quiera o no también contribuyeron al conocimiento de los clásicos en Europa. Nada se me reprocharía si escribiera sobre el aristotélico Tomás de Aquino.

Dos de mis novelas se desarrollan en el Jerez medieval: ¿Acaso está espiando el viento?  y  Hafsa estaba en el sur. La primera de ellas en el marco judío de la ciudad, la segunda más ligada al descubrimiento del Jerez musulmán.

Otros relatos históricos, que ocupan las páginas de otros libros míos de narrativa, se desarrollan también en Jerez, como por ejemplo en “Las complicadas tareas del amor”,  o en  El príncipe de los judíos. Otras muchas se desarrollan en otros entornos, también andalusíes y con otros personajes como protagonistas.

¿Qué intento conseguir con ese trabajo?

Ser una especie de mediador entre los grandes tratados o los ensayos históricos y el público lector en general. No quería resignarme a estar en el círculo de retroalimentación en que a veces se cae en ciertos ámbitos académicos, universitarios y de investigación en el que parece que escribimos y publicamos para nosotros mismos.

En Andalucía en general – y soy consciente de que es una generalización para explicarme y no un dato matemático- y, por consiguiente, también  en Jerez, la mayoría de la gente no conoce su propio patrimonio, su propia historia, su propio legado cultural, las etapas históricas que conformaron su carácter, las aportaciones de otras civilizaciones y otras culturas a su bagaje, en definitiva que conocemos poco nuestra historia, la conocemos mal o de manera muy rudimentaria. Por otra parte, los grandes tratados históricos, las investigaciones realizadas por los eruditos, no siempre tienen un lenguaje y una forma asequible a cualquiera y, desde luego, no son libros de exagerada difusión, mientras que la narrativa es más asequible, más leída y más al alcance de todos.

Se escribe que la novela histórica tiene “por propósito principal ofrecer una visión verosímil de una época histórica preferiblemente lejana, de forma que aparezca una cosmovisión realista e incluso costumbrista de su sistema de valores y creencias. En este tipo de novelas han de utilizarse hechos verídicos aunque los personajes principales sean inventados.”

Y añade que “al contrario que la novela pseudohistórica del siglo XVIII, de fin meramente moralizante, la novela histórica exige del autor una gran preparación documental y erudita, ya que de lo contrario ésta pasaría a ser otra cosa: una novela de aventuras.

La novela histórica sirve al conocimiento de la historia y del patrimonio. Otros productos tan en boga hoy, y que hacen navegar su ficción por la Edad Media, no ayudan a este propósito. Muy al contrario sirven sólo para que la confusión se adueñe de lo que antes estaba ocupado por la ignorancia.

Quizás mi opción por la novela histórica, como lo es mi estudio de la historia, los parámetros con los que he desarrollado mi tesis doctoral, no coincidan con algunos cánones, que considero rancios y ya decaídos en la historiografía. Pero esto sería otro capítulo del que no toca hablar hoy. Una frase de Burke podría explicarlo con aquello «de lo inadecuado del paradigma tradicional». Me encuentro estudiando Historia, de cara a mi tesis doctoral, y presencio la irrupción de las nuevas fuentes en el estudio de la Historia.

Todo esto significa muchas cosas para mí, pero, sobre todo, y es lo que viene al caso, revoluciona en cierto modo mi forma de escribir novelas y de introducir en ellas el elemento: el Jerez andalusí, el Jerez Sefardí o, mejor dicho, lo sefardí en el Jerez medieval. O la Córdoba o la Sevilla medieval.

Y de golpe, encuentro ante mí una perspectiva nueva:

1.- De cara a mis lectores encuentro la posibilidad de darles a conocer su ciudad y su historia, de facilitarle informaciones que pueden interesarles, contándole un relato de ficción pero enmarcado en una realidad histórica, que antes me he preocupado de documentar.

2.- De cara a mi forma de trabajar la historia, el utilizar mucho, tanto en mis ensayos como en mis propias obras narrativas, otras fuentes, y no sólo los documentos y crónicas oficiales –la mayoría redactados desde el poder y siempre desde los vencedores- sino las obras de los poetas, de los escritores, de dicha época.

Cristina Segura Graiño afirma que «las fuentes literarias son producto de la imaginación de su autor, por ello los temas principales que tratan, la anécdota que constituye su argumento, no son válidos para hacer Historia». Pero también afirma que es cierto que junto a cualquier tipo de narración o relato de belleza estética o interesante trama hay una serie de informaciones que pueden ser útiles parala Historia.

Además,  el periodista que llevo dentro –por carrera y oficio- ha aportado el resto. Contrastar las fuentes, aspirar a lo objetivo y ecuánime, tan inalcanzable por nuestra propia condición humana y, por lo menos, aunque sólo sea por equilibro, cuando tengo que hablar de la conquista musulmana o de la reconquista castellana, no sólo leer las crónicas cristianas, sino la Historia de Al-Andalus, de Ibn Al-Kardabûs, por poner un ejemplo.

¿Qué hago en estas dos novelas jerezanas?

Recoger las costumbres, las fiestas, las formas de relación en el Jerez andalusí: desde cómo se podía celebrar una pascua judía, cómo se vivía en las familias que poblaban la judería de Jerez, o cómo era un entierro en el fonsario de los judíos, frente a la puerta de Sevilla, extramuros de la ciudad. Y claro está, recojo poemas litúrgicos de Jehudà ha Leví, que seguramente se recitarían en todas las sinagogas. El mismo título es un verso de este poeta hebreo. Cómo se concertaban los matrimonios y se firmaba la ketubá, la relación entre las distintas culturas y religiones que poblaron este suelo.

O bien en Hafsa estaba en el sur, intento mirar hacia atrás, con la ciudad acabada de conquistar por las tropas castellanas, con la curiosidad de cómo era la ciudad que acababa de cambiar y transformarse. Y visitar muchos de sus parajes acompañado de poemas que los describen: En La Ina. “Acude allí temprano, de buen talante / y echa un trago a los sones del laúd /… Diríase una novia que aparece / arrebujada en almaizares que no han tejido los dedos. / El sol indica ya que la mañana está avanzada, / pues el rocío se confunde con los hilos de las perlas. / Es un vergel que no por nada los camaradas frecuentan.”

Y seguir a Al-Idrisi (S. XII) o a Al-Hymyari (s. XV), en sus descripciones de Jerez. Los docentes actuales tienen la posibilidad de enseñar a través de relatos así, a los alumnos y alumnas, la historia de su propia ciudad. Y escritores y periodistas tienen en sus manos la posibilidad de ofrecer a todos un patrimonio rico e importante que también es nuestra historia.

 

AL-DUYYI, Y LOS SABIOS DEL JEREZ ANDALUSÍ

Miguel Ángel Borrego

Ayer me tocó compartir mesa redonda con tres compañeros del C entro de Estudios Históricos Jerezano,  durante la conclusión de las XVII Jornadas de Historia de Jerez, esta vez dedicadas al Jerez Andalusí, el arabista jerezano Miguel Ángel Borrego, Agustín García Lázaro, y el arqueólogo del Museo Arqueológico, Laureano Aguilar. Cada encuentro con Miguel Ángel Borrego es el descubrimiento de nuevos y nuevos tesoros que desentrañan las raíces más profundas de nuestra historia y de nuestra ciudad. Concluida la mesa redonda, la charla se prolongó hasta tarde ante unas cervezas y unas tapas, con la magnífica compañía de otros amigos entre los que estaban Eugenio Vega o Rosalía González Rodríguez. Y el Jerez medieval, el Jerez andalusí, los hallazgos arqueológicos más recientes, las investigaciones de obras y autores… para disfrute mutuo en temas de tanto interés para nosotros.

No puedo esconder mi admiración y agradecimiento por los profesionales del Museo Arqueológico de Jerez por lo que de recuperación de nuestro propio patrimonio trabajan, por la luz que sus investigaciones arrojan sobre la historia de la ciudad. Como tampoco puedo esconder idéntica admiración  e idéntico agradecimiento por el trabajo constante y serio de Miguel Ángel Borrego. Este filólogo, este arabista es uno de los intelectuales, de los estudiosos más serios de nuestra ciudad. La debilidad por sus estudios, por la aportación de conocimientos, de traducción de fuentes importantísimas, que nos vuelca en su blog En la tierra de Sidueña, es comprensible en este escritor por la vinculación de mis estudios a la filología y a la historia medieval. Lo sigo en su blog, con un creciente interés, lo oígo con placer en sus conferencias. Ayer, recorriendo con él, durante la mesa redonda, ese desconocido elenco de aquellos paisanos nuestros andalusíes, que hoy en un ejercicio mezquino, nos permitimos ignorar, y que se dedicaron a la literatura, a la filosofía y a la teología, me vino a la mente una expresión de Al-Saqundî: (siglo XIII): “Yo alabo a Dios porque me hizo nacer en Al-Andalus y me concedió la gracia de ser uno de sus hijos […]. Sus sabios en toda rama del saber […] son demasiados en número para que puedan contarse y demasiado célebres para que tengan que ser citados”.

      

Torre octogonal del Alzázar de Jerez

   Desgraciadamente, desconocemos estos “demasiados en número”, que nacieron o vivieron en Jerez. Y entre cuyos nombres, Migue Ángel Borrego navega con singular maestría, para después transmitírnoslos con similar sencillez y cercanía.

         El jueves por la mañana, por cuestiones laborales, estuve en el rehabilitado Cortijo de Ducha, y ayer –como muchas otras veces le he oído- le oí pronunciar el nombre de uno de sus ilustres habitantes cuando era alquería andalusí: poeta y maestro jerezano Abu Musà Īsà b. Abd Allāh al-Lajmī al-Duŷŷī al-Šarīšī, que como nos cuenta Miguel Ángel, “hacia mediados del siglo XII nació en la alquería de Duŷŷa, del distrito de Jerez y que se corresponde con el actual Cortijo de Ducha, a unos cuatro kilómetros al norte de la ciudad, cercano al aeropuerto”. Dice Al-Ruayni “haberlo encontrado en diversas ciudades, entre ellas Sevilla y Jerez, donde frecuentaba tertulias literarias. Concretamente, en el año 615 (=1218-9) era juez (cadí) de Jeliver (Sallabar), población de la cora de Sidonia”.   Recomiendo el magnífico estudio de Miguel Ángel publicado en su blog En la tierra de Sidueña (http://donnablanca.blogspot.com/2009/09/ducha.html).

 Leánlo ustedes mismos, si si tienen ocasión; merece la pena. Ofrece la traducción de unos versos suyos, que porque de una tierra de vino se trata, me han gustado por lo que expresan. No podía esconder que era jerezano:

“Me dijeron: ¿Bebes después que ya tienes canas?

–Es por una extraordinaria circunstancia

–respondí– [que se da] en el hijo de la uva (=vino).

–Pues los años me han movido los dientes

y yo me bebo el vino, como buen parroquiano,

para que [con él] se fortalezca el oro que ya se ha fundido.”

Como este al-Duŷŷī al-Šarīšī, otros jerezanos ilustres están por descubrir. El impagable trabajo de Miguel Ángel Borrego y de otros historiadores y filólogos, nos lo acercan.


junio 2011
L M X J V S D
« May   Jul »
 12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930  

Album de Juan Félix Bellido

  • 83,636 Visitas

Artículos Publicados