“Quo usque tandem, Catilina, abutere, patientia nostra?”

nino-espaldas-abusos-pIndignado pienso ante el televisor que pone la noticia ante mis ojos que nuestra paciencia debe ser mayor que la de Cicerón y el Senado Romano. O quizás la piel se nos haya endurecido más que la de aquel senador romano, cuando gritó desde su escaño aquello de “¿Hasta cuando, Catilina, vas a abusar de nuestra paciencia?” O quizás sea que no sabemos ya qué hacer con nuestra impaciencia, ni a donde dirigirnos, ni por donde alzar nuestro grito, ni si alguien va a prestar atención a nuestra impaciencia y nuestra denuncia, o es que de tanta película violenta, de tanto programa zafio, de tanto tanta y tanta…ya ni siquiera nos impresionan algunas noticias. O será que como aquello de Martín Niemöller, aunque se le atribuya a  Bertolt Brecht, «cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,  guardé silencio,  porque yo no era comunista.  Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,  guardé silencio,  porque yo no era socialdemócrata.  Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,  no protesté,  porque yo no era sindicalista.  Cuando vinieron a por los judíos, no pronuncié palabra, porque yo no era judío. Cuando finalmente vinieron a por mí,  no había nadie más que pudiera protestar.». Será que todavía no nos incumbe y miramos para otro lado, porque así vivimos en una inopia tonta que nos mete en el limbo de la tranquilidad falaz e insolidaria.

A mí, sin embargo, aunque no sé qué se hace en estos casos, me ha impresionado. Me refiero a la noticia de los casos de prostitución infantil que se han detectado en Vitoria, en pisos tutelados por la Diputación Foral de Álava. Confiamos a nuestras jóvenes generaciones más desfavorecidas a las instituciones oficiales que pagamos para que los protejan y resulta que unos desaprensivos criminales aprovechan la debilidad de estas jóvenes personas para montar una supuesta trama de prostitución infantil. Más bajo no se podía llegar. Exijamos, pues, a los que mandan y dirigen en este país mayor vigilancia, mayor protección de los más indefensos y mayor persecución de los desaprensivos que en vez de dedicarse a una producción constructivas se dedican a esta forma de esclavitud infantil. Por lo menos, podemos hacer como Marco Tulia Cicerón y gritar desde nuestro “escaño” particular a esos “Catilinas” que dejen ya de abusar de nuestra paciencia. Por lo menos, levanto mi pluma y mi indignación en esta particular manifestación y pido que la justicia actúe con rotundidad y se hilvanen medidas de protección y prevención que eviten esta vergüenza.

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