MAMARRACHO

24369_main_full“Esto es un mamarracho”, dice un amigo airado. Su expresión es de hastío y esconde un gesto que más bien me parece de derrota, cuando no de impotencia. Y cuando vuelvo a casa, después de la tensa conversación que la parroquia desató esta tarde en el tabanco, no paro de dar vueltas a la expresión. El diccionario de la RAE me devuelve el sentido de la palabra. Tiene dos accesiones para nuestros ilustres académicos. La primera define la palabra en estos términos: “Figura defectuosa y ridícula, o adorno mal hecho o mal pintado. Llámase también así a otras cosas imperfectas, ridículas y extravagantes”. La segunda define al mamarracho como “hombre informal, no merecedor de respeto”. Por el contexto de la conversación, hace apenas un momento presenciada y que no tenía el valor científico de una encuesta por la escasez de la muestra, pero que, sin lugar a dudas expresaba el sentimiento que embargaba a mi amigo y a los contertulios presentes que alguna que otra tarde se refugian en un bar con aire acondicionado para poder expresar lo que piensan sin cortapisas y a pesar de que la audiencia que le presta atención es exigua, es decir, uno, que soy yo, pues bien por el contexto y por su desarrollo entiendo que empleaban el término en sus dos accesiones. Unas veces cargaban las tintas sobre la primera y, con frecuencia, usaban la segunda.

Esto es un mamarracho y deduzco que lo es porque éstos son unos mamarrachos. Por ahí transitaba el intercambio verbal que desahogaba el desánimo ante un panorama que ya no convencía a estos amigos y del que estaban harto. Y es que, no salimos de Guatemala cuando ya entramos en guatepeor. ¿A ver quién da más? Y así rompemos los límites de la paciencia, del aguante y de la hartura de todo lo que pasea impúdicamente por los foros políticos. Y es que la gente está hasta la punta del pelo y piden seriedad y sentido común hallando por respuesta una frivolidad que espanta al más pintado. Y el vaso de la paciencia se va colmando y el clamor eleva la discusión a tonos que no me gustan pero que son irremediables. “Éstos son unos mamarrachos”, repiten; “esto es una mamarrachada”, aseveran. Y entre pitos y flautas se nos acaba la tarde con  una sensación de desasosiego que a mí me espanta, me preocupa y me deja un amargo sabor de boca que ni el fresco amontillado, que a sorbos cortos me llevo hasta mis labios, logra desterrar. Así está el panorama, aunque me pese a mí, aunque a muchos les pese. Y es que el espectáculo que algunos están dando no pueden producir zanahorias donde se siembran de continuo patatas y más patatas. Y la esperanza de que venga alguien a sembrar cordura, honestidad y buen hacer en este batiburrillo de impertinencias es la única salida que me queda.

Y hay que tener muchos reaños y una dosis de esperanza como la que muchos albergamos para admitir que algunos mamarrachos nos vayan a sacar de estos charcos que nos llenan de barro los zapatos. Rectificar es de sabios, lo mejor ya nos lo merecemos, y si mientras, los mamarrachos se adecentan, mejor que mejor. Falta hace.

ESPERPENTO

untitledPues digamos que  se entiende que es «un género literario que se caracteriza por la presentación de una realidad deformada y grotesca y la degradación de los valores consagrados a una situación ridícula». Buena definición para los tiempos políticos que vivimos. No sé si el esperpéntico espectáculo que están dando nuestros “líderes” (perdón por el mal uso del término) es un género literario; desde luego, teatro le echan una barbaridad. Y los mareadores de perdices encantados de tenernos entretenidos. Lo peor de todo es que las entradas a este bochornoso espectáculo nos van a salir por un ojo de la cara. Y digo nos van a salir, porque las pagaremos los demás. Ellos están tranquilos porque si la recompensa va a ser la del Señor Soria, que se está llevando 4.644 euros mensuales, a lo mejor les compensa seguir dando otra vuelta al tiovivo y así nos tienen mareados a todos. Y vuelta a empezar.

ESTAR HASTA EL MOÑO

moño“Estar hasta el moño“. Dícese del español que desayuna cada mañana con un nuevo caso de corrupción política. Que ya sea de un lado, ya sea de otro, aquí no pasa nada o casi nada, pero lo que desde luego no pasa es que nos devuelvan lo robado. Del español que está cansado de que le mareen la perdiz que traen los políticos que les han tocado y que además le pasen a él la factura de sus desaguisados. Dícese del español cansado de mentiras, de postureos estúpidos, de riñas de colegio, de digos cuando se dijeron diegos, de varas de medir de tamaños diferentes para cosas similares y de que nos traten como una masa estúpida que les importa un bledo

PEOR QUE BURROS

burro-5Sigo con Erasmo de Rotterdam: “Quienes cuidan de los suyos en la misma medida en que conviene a sus propios intereses, éstos ponen a sus ciudadanos en el mismo lugar que la mayoría de los hombres a sus caballos y asnos, pues también aquéllos cuidan de sus animales, pero miden todo cuidado según su provecho, no el de los ciudadanos, Por lo demás, quienes desuellan al pueblo con su rapacidad o lo despedazan con su crueldad o lo exponen a todos los peligros a causa de su ambición, estos tienen en menos consideración a los ciudadanos libres que el vulgo a los jumentos comprados o los maestros de gladiadores a sus adiestrados”. ¿No sé por qué me suena tanto esto?

LA MADUREZ ESTA DE VACACIONES EN LA CLASE POLÍTICA

sesion_plenariaEsto lleva unos días pareciendo un patio de colegio. Y, por favor, no se ofendan los colegios. Es que he tratado de seguir la evolución de ese circo que se nos está montando en esta resignada España que sueña con que surja alguna vez un político maduro y que se encuentra con esta serie de mediocres que pasan de nosotros y que no se sabe qué pretenden. Unas buenas dosis de madurez no les vendrían mal. A todos, y cuando digo todos, digo todos. Porque me juego lo que sea a que no leyeron a Erasmo, ni recibieron en sus respectivos partidos la educación propuesta por el humanista, ni les cupo en sus cabezas la posibilidad de enterarse la propuesta de pacto del de Rotterdam: «Al establecer pactos, como en los demás asuntos, el buen príncipe [el gobernante] no mirará más que por el bien público. Cuando se trata de que los príncipes obtengan ventajas personales vulnerando los intereses del pueblo, el pacto no debe llamarse tal, sino conspiración. Quienes piensan así dividen al pueblo […] y donde esto sucede no existe la república». Y mientras tanto, estos impresentables mirándose el ombligo y pasando olímpicamente de los que estamos condenados a padecerlos. La sensatez y la madurez, están en la playa y han cerrado por vacaciones sus actividades. La factura la pagaremos los demás y el cabreo por la inoperancia y el pasotismo, nos saldrá por las orejas sin una idea sensata que llevarnos a la boca.

LA LUCIDEZ DE ERASMO DE ROTTERDAM Y EL DIRIGENTE POLÍTICO

200px-Holbein-erasmusLa actualidad de Erasmo de Rotterdam. Pensamientos acertados y geniales para todos los tiempos. Vuelvo a leer su “Educación del príncipe cristiano” en este verano de calores exageradas y desvelos impertinentes.  Resume y enseña. ¿En qué se diferencia un príncipe- y entiendo que quiere definir con ello al buen gobernante- de un tirano? «Este último busca su provecho, aquel el de la república. El príncipe, al deliberar sobre cualquier asunto, siempre tiene en cuenta si conviene a todos los ciudadanos. El tirano considera si le es provechoso. El príncipe, incluso cuando se ocupa de sus asuntos, mira princ8ipalmente el beneficio de los suyos. Por el contrario, el tirano si alguna vez se porta bien con los ciudadanos, lo hace para su propia utilidad.

«Quienes cuidad de los suyos en la misma medida en que conviene a sus propios intereses, éstos ponen a sus ciudadanos en el mismo lugar que la mayoría de los hombres a sus caballos y asnos,  pues también aquéllos cuidad de sus animales, pero miden todo cuidado según su provecho, no el de los ciudadanos. Por lo demás, quienes desuellan al pueblo con su rapacidad o lo despedazan con su crueldad o lo exponen a todos los peligros a causa de su ambición, éstos tienen en menos consideración a los ciudadanos libres que el vulgo a los jumentos comprados o malos maestros de gladiadores a sus adiestrados.».

El actual Erasmo de Rotterdan (1469-1536). A esta escuela habría que mandar a más de uno.

ALMUZARA PRESENTA “LOS SEÑORES DEL FIN DEL MUNDO”, DE ENRIQUE VAQUÉ

 

¿Cómo afecta a las personas que su vida coincida con un cambio histórico de gran  trascendencia? ¿Cómo logran adaptarse a los  valores, ideas y pensamientos que impulsan los nuevos poderes políticos?

Enrique Vaqué ofrece respuestas a esas preguntas en la reciente novela que acaba de publicar la editorial Almuzara, Los señores del fin del mundo. Una trepidante historia que transcurre al final de la Edad Media, pero que enlaza con las incertidumbres propias de nuestro tiempo.

Cubierta_Los señores del fin del mundo_2,1mm_190616.inddLa obra arranca cuando, Hasib ibn Assim, un adolescente musulmán de orígenes humildes, entra al servicio de un famoso médico de la familia real nazarí, a cuya sombra espera garantizarse una vida tranquila como enfermero en su Córdoba natal. Cuando dos caballeros de la Orden de Calatrava acuden a casa de su señor solicitando sus servicios, su destino se verá bruscamente alterado pues este decide acompañarles para tratar a una dama francesa que se encuentra enferma en el siniestro castillo de la Orden.

Comienza entonces para él un largo peregrinaje que le llevará desde los parajes de Castilla, donde se verá envuelto en la batalla de Olmedo, hasta la ciudad sagrada de La Meca; desde el actual Pakistán, donde combatirá la peste, hasta la Constantinopla cercada por los turcos, pasando por Granada, a punto de caer en manos cristianas.

Conocerá los desiertos sin límites, los peligros del mar, la sensualidad insaciable de las odaliscas, las conjuras de las cortes de Oriente y Occidente… Pero, sobre todo, tratará con los hombres y mujeres que ejercen el poder, es decir, con los señores del fin del mundo.

Apoyado en una sólida documentación, Enrique Vaqué plasma en esta novela histórica los entresijos de una era tan convulsa como fascinante, a través de la honda amistad entre dos personas muy distintas. Sus peripecias habitarán la memoria del lector de manera indeleble.

En definitiva Los señores del fin de mundo es un canto al fin de una época que, según el escritor Vicente Marco, “se lee con avidez” y que fue seleccionada por el jurado del premio Albert Jovell de novela como finalista, entre más de un centenar.

Enrique Vaqué nació en Melilla  y es doctor en Ciencias Químicas y Máster en Administración de Empresas. Su labor profesional en el ámbito de las materias primas (café, cacao…) le ha permitido viajar por todo el mundo, desde las selvas del Amazonas hasta las colinas más altas de Camerún.

Viajero incansable, procura siempre visitar los lugares que luego va a describir en sus relatos. Tras ganar el Premio Pedro de Estopiñán de Poesía se dedicó plenamente a la novela, publicando Los colmillos del trópico (Almuzara, 2012).


agosto 2016
L M X J V S D
« Jul    
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031  

Album de Juan Félix Bellido

Más fotos

  • 80,660 Visitas

Artículos Publicados


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.