“La luz de la pintura” : otra manera de mirar el Thyssen

CARPACCIO, Vittore_Joven caballero en un paisaje, 1510_82 (1935.3)

Con El Joven caballero en un paisaje de Vittore Carpaccio en versión 3D se inicia una serie de recorridos animados por algunas de las obras maestras de la colección Thyssen-Bornemisza patrocinada por Endesa, colaborador principal del 25 aniversario del Museo.

Bajo el lema “La luz de la pintura”, y a través de 12 vídeos que se irán publicando en los perfiles de redes sociales del Museo (en Facebook, Twitter y Vimeo) se propone otra manera de mirar estos cuadros, buscando detalles o resaltando el uso de la luz.

Los vídeos juegan con una técnica que crea la ilusión de estar recorriendo la pintura por dentro, como si el espectador estuviera ante un espacio de tres dimensiones en el que puede adentrase. Metrópolis, de George Grosz, Cristo en la tempestad del mar de Galilea, de Jan Brueghel, El sueño, de Franz Marc, y Les Vessenots en Auvers, de Vincent van Gogh, son las siguientes obras por las que “pasear” en las próximas semanas.

También con el patrocinio de Endesa y con motivo del Día y la Noche internacional de los museos –18 y 20 de mayo–, los visitantes podrán entrar literalmente en un cuadro de la colección Thyssen-Bornemisza y hacerse una foto para compartir, por ejemplo, en redes sociales. Del 18 al 21 de mayo, una instalación en el jardín de acceso al Museo permitirá a quien lo desee pasar a formar parte de alguna de sus obras maestras

Al-Andalus en la historia de Europa

9788416776566_portada“La herencia andaluza concierne a la identidad plural europea mucho más de lo que se suele recocer”, comenta el catedrático de Antropología, José Antonio González Alcantud, en el libro que acaba de publicar la editorial Almuzara, Al Ándalus y lo Andaluz.
  En este ensayo el autor pone manifiesto la importancia y la influencia que ha tenido Al Ándalus en la historia de Europa, en contra del criterio de muchos historiadores, defensores acérrimos de la insignificancia de este periodo medieval ibérico. Un criterio, que según González Alcantud, responde más que a una indagación científica a una posición política e ideológica.
  “Hoy día, todas estas polémicas, a las que es común por regla general el fanatismo descalificador de quienes niegan toda presencia e influencia del islam en la cultura española, han adquirido dimensiones delirantes”, afirma el autor, quien a lo largo de los distintos capítulos que conforman este ensayo trata de cambiar el eje del debate actual, atrapado en el pro y en contra, y sus maniqueísmos.
   Y es que Al-Ándalus ha aportado y sigue aportando a la interpretación histórica un cierto nivel de conflictividad, que posiciona a los historiadores, e incluso a la opinión pública, a favor y en contra del papel jugado en la historia peninsular.
  Pero para lograr que la historia peninsular tenga su carácter completo y pleno, “es necesario el reconocimiento hispánico de al-Ándalus como un hecho histórico-antropológico cargado de positividad —que representa una versión creativa, y por ende heterodoxa, del Islam político en su propio tiempo—, que se proyecta referencialmente hacia el futuro, en medio de un mundo más problemático y multipolar”, asevera González Alcantud.
   En definitiva, según su autor, Andalucía en particular y España en general tienen un cometido de cara Europa, al ofrecer un modelo histórico de pluralismo cultural que atraviesa regímenes políticos e históricos.
  José Antonio González Alcantud es Catedrático de Antropología Social de la Universidad de Granada y Académico Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Fue presidente de la Comisión Etnológica andaluza, y director y fundador del Centro de Investigaciones Etnológicas Ángel Ganivet.
  En la actualidad es director de la revista Imago Crítica, y dirige el grupo de investigación “Observatorio de Prospectiva Cultural” de la Universidad de Granada, así como diversos proyectos de investigación relacionados con el nexo antropología/política/arte tanto en Andalucía como en el norte de África.
Ha sido profesor e investigador visitante en numerosas universidades como Harvard y Cornell, en Estados Unidos, Unam, en México, École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, o Maison des Sciences de l’Homme de Aix-en-Provence, en Francia.
  Es autor de una amplia obra centrada en la antropología política y la antropología estética; con una variante especial hacia el mundo magrebí.
  Entre sus libros más recientes destacan: La Alhambra, mito y vida, 1930-1990 (con Sandra Rojo y José Muñoz, 2016), Travesías estéticas. Etnografiando la literatura y las artes (2015), El malestar en la cultura patrimonial. La otra memoria global (2012), Racismo elegante. De la teoría de las razas culturales a la invisibilidad del racismo cotidiano (2011), Deber de lucidez. Fragmentos de radicalidad democrática en la edad del imperio (2011), y Sísifo y la ciencia social. Variaciones críticas de la Antropología (2008), La fábrica de los estereotipos. Francia, nosotros y la europeidad (2006), y en la editorial Almuzara El mito de al Ándalus. Orígenes y actualidad de un ideal cultural (2014).
  
(Fuente: Editorial Almuzara)

Ultramar: Fontana, Kuitca, Seeber, Tessi

FONTANA, Lucio_Venecia era toda de oro, 1961_547 (1975.55)

FONTANA, Lucio_Venecia era toda de oro, 1961_547 (1975.55)

Del 21 de febrero al 21 de mayo de 2017 pueden verse en el Thyssen-Bornemisza.   Argentina y su escena artística son los protagonistas de la edición ARCOmadrid 2017. Con este motivo, el Museo Thyssen-Bornemisza se une a la iniciativa Argentina Plataforma Arco que, durante el mes de febrero, aglutina numerosos eventos para mostrar la rica escena artística del país americano. Bajo el título Ultramar: Fontana, Kuitca, Seeber, Tessi, el Museo y el Ministerio de Cultura de la Nación Argentina presentan, en las salas 47 y 48, una selección de seis pinturas de artistas argentinos de los siglos XX y XXI –Lucio Fontana, Guillermo Kuitca, Alejandra Seeber y Juan Tessi– que dialogan con las obras más contemporáneas de la colección Thyssen-Bornemisza.

Las piezas reunidas en este montaje comparten, además del uso restringido del color, el interés por la pintura como territorio de exploración y el tratamiento de la dimensión espacial del lienzo a través de gestos radicales, como cortes o agujeros, o mediante la incorporación de elementos externos que exceden los límites del cuadro.

 

¿Dolores de Cabeza?

dolor-de-cabeza-500x332 Estaba embarrancado en el tabanco, frenado allí más tiempo del previsto por la lluvia. La tarde se había vuelto revoltosa y, como dicen aquí, “caían chuzos de punta”; llovía con insistencia y poner un pie en la calle era poco menos que un acto de heroísmo, con el que mi destemplado cuerpo no estaba dispuesto a colaborar. Me tocaba esperar. Tarde o temprano tenía que escampar y darme el intervalo suficiente para alcanzar mi casa. Todo el día había sido un ir y venir de lluvias y ahora tocaba tregua, así que no cabía sino armarse de paciencia y tomarse otra copa de amontillado para matar el tiempo y leer un poco –pues el dueño del tabanco estaba poco hablador y aún no era hora para que llegaran otros – ; tenía sobre la mesa un fajo de periódicos y otras publicaciones, que el domingo pasado fue generoso en papel impreso.

La gente calentaba motores para la Semana Santa, en Cádiz, entre chirigotas y chirigotas, se preparaban para la celebración de la conmemoración del traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, los transeúntes paseaban el hartazgo político pasando de tanto Congreso de partidos, de guerras intestinas y chiripitiflauticas retóricas; mientras tanto los de la Gurtel se preparaban para entrar en la cárcel y cada día nos desayunábamos con un nuevo robo o fraude institucional perpetrado supuestamente por políticos de alto rango, que nos engañaban como chinos sin el menor pudor. Y volvía a subir la factura de las eléctricas, el gobierno disimulaba y le echaba la culpa al lucero del alba por no reconocer que de impuestos llevaba la factura más que de consumo. En fin, el batiburrillo del presente cansino que nos tiene hasta el moño.

Y entre col y col, nos distraíamos –para variar – hablando de los catalanes, de las barbaridades de Trump, y así no entrábamos al trapo de lo que nos acucia directamente a nosotros y de cómo nos gestionamos nuestra vida diaria cada vez más ahogada.

En esa estaba, leyendo a ratos –en espera de que el diluvio se aliviase– y mirando de soslayo hacia la calle para ver sin escampaba. Iba y venía a las páginas impresas. Levanto los ojos y veo a Diego hablando con el dueño del tabanco que le sirve una copa de oloroso en el mostrador. ¿De qué estarían hablando? ¿Y de qué hablarían si  tuvieran el atrevimiento de ponerse a leer. Aún recuerdo el cabreo de hace pocos meses. Lo presencié desde esta misma mesa. El dueño del tabanco de testigo, y Diego y Ernesto echando un pulso dialéctico en el mostrador. Ernesto es la antítesis misma de este Diego que de escribir escribiría «Elogio de la ignorancia». “A ti lo que te pasa, Ernesto –le decía a su oponente, y ahí fue donde pegué yo la oreja para escucharlos–, es que has estudiado demasiado. ¿Sabes lo que decía mi madre? Que estudiar sólo servía para dar dolor de cabeza”. Rotundo y esperpéntico. Podría haber disimulado mejor su ignorancia sin mentar a su madre. Hablaban de política, que en su carguito anda el tal Diego, sacándole partido a su “despropósito” a cuenta del erario.

Pero lo que más me dejó atado al cotilleo de escuchar desde lejos, fue la respuesta que le dio Ernesto –colega en tantas cosas y erudito con el que gusto hablar-; “pues buen favor le estas haciendo a tus hijas. ¡Mira que mandarlas a estudiar para que tengan una cefalea crónica que no les quite nadie”. Diego esbozó una sonrisa, que cortó en cuanto comprendió la frase y se fue del tabanco refunfuñando.

Con mimbres como éstos, y maniobrando en la vida pública, mal futuro tenemos, y pobre cesta la que saldrá de aquí. Menos mal que el resto de los andaluces andamos convencidos de que competir es formarse, crecer en sabiduría y estudio, prepararse, subir el listón de nuestras especialidades, y poco a poco ir desterrando de nuestro entorno a estos energúmenos que contaminan nuestro feliz andar hacia el progreso. Y que no den ejemplo, que todo lo malo se pega. Que esta vela andaluza la tiene que mantener nuestro palo, el nuestro. Navegar, con cabeza, a vela –como lo hacen los buenos marinos– o por las rutas que nos devolverán con creces libertad, dignidad, progreso y buen hacer. De los otros, afortunadamente, de los de Ernesto, hay cada vez más navegantes en estos mares nuestros andaluces. Son el presente y el futuro, los otros son los restos fosilizados del pasado.

 

La leche de la vaca

Funny cow on a green summer meadow; Shutterstock ID 130949000; PO: aol; Job: production; Client: drone

La pobre vaca está entrando en una grave situación; no digamos que terminal e irreversible pero las cosas pintan mal para la menesterosa vaca. Y lo peor de todo es que los veterinarios que podrían ayudarla están a por uvas; quiero decir que están ocupados en otras gilipolleces, en otros cuentos chinos, en otras estupideces, sandeces y boberías y no se preocupan por la vaca. Ponen cara de circunstancia, pero la ponen de perfil, y como tienen una desfachatez y una poca vergüenza que no hay quien pueda con ella, declaran que la culpa la tiene la vaca por no cuidarse. Y es que las ubres de la vaca no dan más leche. Se están secando y la pobre vaca va a morir de inanición. Y el pobre ganadero, a aguantar el tirón como puede y hasta que pueda seguir aguantando.

En esto estaba yo, dándole vueltas a la cabeza porque la vaca España real, no la de los que no paran de crecer mientras la gran parte se empobrece; a la vez que el gobierno y sus secuaces, ordeña que ordeña, como si la vaca fuera suya y tuviesen autoridad sobre la salud y la supervivencia de la vaca; pues como decía, estaba en mi rincón del tabanco dándole vueltas a todo esto, tratando de no irritarme para que la tensión no se disparase y al final el que se muera de un telele no sea la vaca sino yo, cuando veo entrar a Manolo con la cara descompuesta, cabizbajo y, desde luego, más mustio que un tiesto de geranios al que no riegan desde el verano pasado. Se ha jubilado hace pocos meses y desde luego no hace honor a su nueva situación, porque cara de júbilo, lo que se dice cara de júbilo, no trae. Se acerca al mostrador del tabanco y más que apoyarse en él, casi se derrumba sobre él. El dueño del tabanco se le acerca.

-Pero, ¿qué te pasa, hombre, que vienes con una cara…?

Yo lo miro desde mi mesa y, desde luego, trae una cara que hace la competencia a cualquier condenado a muerte que espera en el corredor… pero más cabreado que abatido.

-¿Qué cara quieres que traiga?

-Pues ya me dirás tú. Parece como si te hubiese sentado mal la jubilación.

Y es que Manolo ha comenzado a hacer cálculos, a escuchar las declaraciones del Gobierno, y el miedo, más bien el terror, se le ha metido en el cuerpo. Y no le falta razón.

-Así que no sé si es bueno eso de que crezca la esperanza de vida. Estamos en 87 y 88 años, pero lo malo es que seguirá subiendo. Y como yo dure mucho, mi pensión no va servir ni para pagarme un bocadillo de mortadela diario. Por el contrario suben los impuestos, suben la electricidad y los servicios básicos, la Ministra de Sanidad nos asusta con un copago en las medicinas que los jubilados –cuya salud se va deteriorando a medida que pasan los años- no podremos pagar…

No sé si seguir escuchando a Manolo corriendo el peligro de una depresión de caballo, o volver a estos papeles. Pero la vaca sigue dando leche sólo para los de siempre. Y si no que se lo digan a los directivos de las Eléctricas. Tienen ahora leche de sobra y la seguirán teniendo cuando se jubilen. Los demás, a los que ahora se nos hace gravoso el pagar la factura de la luz, seguiremos costeando estas indecencias, paseando esa cara desencajada de Manolo y aguantando a estos políticos que no ponen solución a todo esto. El dueño del tabanco le dice a Manolo que no se preocupe, que “a vivir que son dos días”. Lo malo es que como en vez de dos sean cuatro, los dos últimos van a ser de economía de guerra.

La indiferencia de los hombres fríos

tendidos-electricosEl intenso frío de estos días no invita a pisar la calle y apetece quedarse en casa conservando el poco calor que permite tener encendida menos tiempo del que sería deseable la calefacción, pues las cosas están como para enchufarse a la red eléctrica. Así es que hoy voy a renunciar a mi paseo hasta el tabanco, que me imagino un poco desierto de los habituales parroquianos que habrán hecho, seguramente, la misma opción que yo. El tabanco es frío, hay que reconocerlo, su vetusta penumbra invita entre sus botas y vigas de madera vieja, a buscar el frescor. Alguno diría que éste es un “tabanco de verano”. ¡Menos mal que los fríos, con una buena copa de vino, lo son menos! Y aquí estoy en casa sin atreverme pisar la calle y venciendo el resfriado con infusiones calentitas que me entonen el cuerpo.

Y aquí, ante un televisor que me repite machaconamente  paisajes nevados por toda la geografía española, tengo que soportar la cara lamiosamente parlante del Ministro de Energía, Álvaro Nadal, que, sin alterarse apenas (supongo que porque el sistema de calefacción del Congreso de los Diputados y de los despachos del Ministerio debe funcionar estupendamente sin que afecte al presupuesto familiar  de sus señorías) dice que, precisamente en estos días, las eléctricas nos van a dar una clavada de aquí te espero y que no sacan el puñal aunque brote la sangre; muy al contrario, seguirán apretando porque esto no ha hecho más que empezar. Y se queda tan fresco. Le echa la culpa al poco viento que ha hecho (será en su pueblo, porque en el mío corría ayer una ventolera que para qué), a no sé qué otras razones estúpidas, para decir que el Gobierno va a estar vigilante para que las eléctricas no se aprovechen. Y mi8entras, los pescadores aprovechándose del río revuelto, dale que te pego, porque a ver quién va a apagar la calefacción en estos fríos días o va a pasar la noche con una cena “fría”. Lo cierto es que el precio de la luz alcanza el máximo en el día más frío del año y en especial a partir de las 8 de la noche.

 Y sale a la palestra el Presidente del CNMC, Marín Quemada: “en este momento está sucediendo algo que nos preocupa”. Bueno, ¡menos mal! A ver qué conclusión saca: “Hemos visto que el precio de la electricidad al por mayor, en el mercado al por mayor se ha producido un incremento durante el mes de diciembre. Esto es inquietante. El incremento ha sido notable porque se ha pasado de un precio de 40 euros kilovatio -en realidad, se refería a megavatios- a 60 durante el mes de diciembre, y esto es un incremento del treinta y pico por ciento en un mes, y estamos mirando con mucho detalle por qué, porque ese es un tema que nos preocupa”. Otra vez la misma cantinela: se está estudiando si es injustificada la subida y mientras tanto, a lo mejor, hasta llega el verano. Dice que si fueran injustificadas, serían sancionables. Y para consuelo de pacientes conformista afirma que “si fuera así, actuaríamos como en el pasado. En alguna ocasión detectamos un comportamiento indebido y lo cortamos de raíz y se sancionó con 25 millones de euros a una compañía”. ¿Y se nos recompensó por ello? No quiero equivocarme, pero de esos 25 millones de euros no he visto ni un euro, ¡no sé ustedes! A lo mejor hasta sacaron estos veinticinco millones de la multa de nuestras facturas. ¡Vaya usted a saber! Lo que sí está claro es que en esto como en los temas bancarios (que tenemos pendientes lo de las clausulas suelo, con un acuerdo de risa sacado con fórceps por el gobierno, lo de los gastos de las hipotecas…), los que de verdad pagan somos ustedes y yo. Pero ya tengo los dedos fríos y no puedo seguir tecleando. “Estaría de Dios”, que diría la resignada abuela de un amigo.

La mala uva

uvas-500x332Me imagino ya el escenario: con la última uva atragantada en mitad de la garganta, me llueve una catarata de felicitaciones. El móvil se disparata y los WhatsApp no paran de inundarlo. Lo de todos los años. Feliz Año Nuevo. ¡Qué más quisiéramos todos! Pero es que hace un par de minutos no era Año Nuevo. Era la despedida de un 2016 que nos tenía ya hasta la coronilla, con dos convocatorias electorales donde lo más grave no era tener que ir dos veces a votar, sino la de aguantar unas campañas electorales cuyo coste era más caro que ir a ver una película de Cantinflas pero mucho menos divertida. Y la condena de tener que oír a nuestros políticos decir “digo” para tener que volver a escucharlos después decir “Diego”.

Y, ya digo, antes de atragantarme con esa uva maldita con la que año tras año me atoro en la quinta campanada, a escuchar los balances del año, que son más para echarse a llorar que para cerrar con colofón ameno un año que no ha hecho sino entristecer el panorama mundial, con guerras, atentados y corrupción política, cuando no de inoperancia y malas artes.  Con las plazas blindadas para que nuestra diversión no se achicharre con algún camión asesino que irrumpa en ellas y entonces sí que el atragantamiento de uvas pueda convertirse en letal.

Y nuestros políticos diciendo tonterías para aguarnos la fiesta. Menos mal que el cava iba ya haciendo efecto y ni siquiera les hacíamos caso. Que no sé si es mejor no hacerles caso que hacérselo. Porque, desde luego, las paparruchas han inundado las pantallas este fin de año en el que supuestamente tendríamos que estar más contentos por algo que los de arriba llaman la ansiada estabilidad. Estabilidad, ¿para quienes? Desde luego, y aunque lo anuncien como un logro para tirar cohetes, lo de la subida del 0,25 por ciento a los pensionistas, cuando el IPC ha subido un 1.5 debe ser motivo de jolgorio para los jubilados, vamos que tienen que estar que se salen. La mayoría va a conseguir poder derrochar 2 euros más al mes. En fin, que como los Reyes Magos no nos traigan una hornada de políticos más sensatos y de ciudadanos que se lo piensen más de dos veces antes de votar, esto seguirá siendo una merienda de negros, o de blancos apoltronados en los escaños del poder.

img_985_1Ojalá que la uva pase bien la garganta, de una vez y aunque fuese entre toses, y cuando pusiésemos ese último, o ese primer mensajito en el móvil, se produjera el milagro del “borrón y cuenta nueva”, y 2017 fuese un poco –y no pido mucho- más justo, más esperanzador, con menos canalladas, más sensatez y más conciencia. En fin que, vamos a desearnos Feliz Año Nuevo, pero sabiendo que tenemos otros 365 días para hacerlo posible, lo demás es cuento chino, cantos de sirena que duran mientras dura el eufórico engaño de las campanadas. Eso, ¡y a pasar la mala uva! y que ese cuaderno en blanco se vaya llenando de mejores noticias.


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