Archivo para 31 julio 2009

VACACIONES

Playa TarifaHoy es para muchos un día de transito de la actividad al descanso, o del descanso a la actividad. El tráfico en las carreteras, en los aeropuertos, en las estaciones nos lo indican. Algunos accidentes que hoy se han producido nos enturbian el ambiente. Conviene tenerlo en cuenta y no jugar ni con la propia vida, ni con la de nuestra familia, ni con la de los pasajeros que transportamos, ni con la de los demás. La prudencia debe reinar para que el descanso sea descanso de verdad, sin sobresaltos irremediables.

Para muchos comienza hoy lo que es el lugar privilegiado del tiempo libre por excelencia, las vacaciones. Pensando en todo esto me he ido en busca de la raíz de esta palabra. Diccionario de latín en mano voy en busca de la palabra “vacare”. Y me encuentro con definiciones como éstas: “estar vacío, desocupado, estar libre de, estar desprovisto de, tener tiempo para…”. No tienen desperdicio y vale la pena recordar el origen de las cosas. Buen momento, pues, para recordarlo y disfrutarlas con toda su plenitud. Ya nos contarán los que vuelven hoy cómo lo han logrado.

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ADOLFO ÁLVARO

Foto_adolfoEs triste, pero en este país, nos tenemos que morir para que hagan un elogio nuestro. En vida las cosas son distintas. Y no digo que no se sienta sinceramente la pérdida de este periodista que tantas horas dedicó a la información en esta ciudad y en su entorno. Pero algunas se podrían haber adelantado para satisfacción de este trabajador que tantas horas dedicó al oficio. ¡La de cosas que dicen en vida los que después elevan sentidos panegíricos cuando ya no estamos!. Es curiosa esta característica del ser humano.

Con Adolfo Álvaro me tocaron compartir tres años de trabajo y de muchas complicaciones, cuando comenzó su andadura como jefe de informativos de Onda Jerez. ¡La de luchas que hubo que afrontar entonces! Y lo llovido que estaba el patio. Por eso no quiero que se pierda en la memoria, que tan frágil es en los seres humanos.

Una tarde de verano como hoy, me llevó a Sanlúcar a ver las carreras de caballos en la playa. Fue la única vez que he ido, tengo que confesarlo porque así ha sido. Apostamos juntos en una de las carreras y gané la apuesta, también él, porque aposté a su mismo caballo. Copiar era la única posibilidad que yo tenía para aprobar este examen. De esto era yo novicio y lo sigo siendo. Y él me dijo que era la suerte del principiante. Y tenía razón, porque fue puro juego de azar. Ahora lo recuerdo con ese perpetuo pitillo entre los labios riendo a carcajada de mi torpeza en las apuestas. Parecía serio sin serlo. Y le agradezco que me tratara como a un colega más. Este verano, en el que se ha marchado, se me acumulan los recuerdos, gratos y menos gratos, complicados muchos de ellos, porque no eran tiempos fáciles ni sencillos, pues bien, este verano –y conste que no lo he hecho desde entonces- voy a ir a Sanlúcar a ver las carreras, a donde me llevó por vez primera Adolfo. Fue el único momento “lúdico”, que en medio de tanto trabajo, tanto esfuerzo, de tanto esquivar puñaladas, pude disfrutar con él. Como periodista, tenía el instinto suficiente para ejercerlo, aunque entonces el horno no estuviera para bollos y la mediocridad estuviera instalada en tantos mentideros. Sin tantas parafernalias -no fui ciego para sus defectos, pero tampoco para sus virtudes como periodista- aprecié a Adolfo Álvaro en vida y lo sigo apreciando ahora que se ha marchado. Pero nadie me ha encargado un panegírico, nada me obliga a hacerlo, hace tiempo que dejé de asistir a los entierros para “cumplir”, pero sé hacer tesoro de los recuerdos y apreciar a la gente con las que trabajé por lo que fueron y me demostraron. Mi homenaje es sincero y le agradezco lo que pudo enseñarme. Se ha ido demasiado pronto, para lo que nuestra profesión necesita en Jerez. La esperanza está en los que se quedan y en hollar los caminos que antes recorrieron otros. Gracias a ellos se han ido volviendo más transitables aunque no estén exentos de obstáculos.

JEREZ, DONDE VOLVER SIEMPRE

Cabildo viejoA pesar del calor que nos azota estos días, me obligo a caminar porque la salud y el parecer del médico lo estiman oportuno. Y para hacerlo, recorro el centro histórico de la ciudad en la que vivo y a la que amo. Es la excusa para distraer la vista y la mente mientras ando. Recorro los lugares que me devuelven la memoria de la historia de mi ciudad y la mía propia de los años de infancia y juventud. A menudo me tropiezo con grupos de turista que vienen a descansar y a descubrir sus tesoros, que no son pocos. E imagino sus impresiones, sus sensaciones y sus descubrimientos. Algunos es posible que ya la conocieran pero que vuelven una vez más a disfrutarla. Y yo con ellos vuelvo a descubrirla y a apreciar matices nuevos en sus monumentos, en su patrimonio. Y voy ordenando, a medida que se van marcando en sus calles la cadencia de mis pasos, su historia.

Ya el viajero del siglo XIII la describía pujante, hermosa y con florecientes huertos y jardines, y alababa la belleza del río Guadalete que regaba sus tierras.  Aunque no olvidaba que aunque fuese “ciudad cargada de ornato, con parterres floridos y amenas reuniones”, había también en ella “partidos belicosos”.

“Es una de las ciudades de Al-Andalus –escribía Ibn Said Al-Magribî- más graciosas por fuera y por dentro que yo he visitado y, con frecuencia, paseado.  Cuenta con edificaciones y medios de subsistencia copiosos, con gentes principales y con ricos y, en fin, con grandes comodidades. Entre sus alamedas figura una llamada al-Yana, de hermosa vista sobre el río Guadalete… Allí están también la pradera del Brocado y el río Guadalete, que es un río placentero con jardines y bellos paisajes que diríase compendio del río de Sevilla”. De aquella ciudad que contemplara Ibn Said, el visitante que se acerca a Jerez hoy, puede aún ver algunos amplios lienzos de muralla medieval, con las numerosas torres que la salpican, el Alcázar y, sobre todo, el trazado del dédalo de calles de su centro histórico, lo que fuera la medina de la ciudad almohade que, cuando el viajero musulmán se aprestaba a escribir las citadas líneas, estaba a punto de ser conquistada para su incorporación a la corona de Castilla por el rey Alfonso X el Sabio.

Torres del alcázarHoy, la ciudad ofrece, junto con la belleza de sus calles y plazas, con la calidez de su clima, con los magníficos monumentos que brotan, aquí y allá, en el corazón de su casco histórico, de sus magníficas iglesias y palacios, una amplia oferta turística digna de conocer y disfrutar.

Monumento imprescindible en el paseo por Jerez es el Alcázar, con una de las mezquitas más originales de Andalucía y unos baños árabes magníficamente conservados. Como lo son muchas de sus iglesias, muestras muchas de ellas del más puro estilo mudéjar o del gótico. Palacios imponentes, con hermosas fachadas y extraordinarios patios: Riquelme, Domecq, Ponce de León, Camporeal, Villapanés, Bertemati, que salpican de renacentismo y neoclasicismo hermosas calles y plazas de la ciudad. Y entre ellos, uno de los edificios civiles de mayor relevancia es el Cabildo Viejo, cuya portada y logia constituyen una de las mejores muestras del renacimiento en Jerez, fechándose su construcción en 1575.

Pero no es sólo monumental la oferta jerezana. El viajero puede disfrutar de los caballos en el espectáculo de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, degustar sus vinos en las bodegas que han llevado el nombre de Jerez al mundo entero con sus generosos caldos, bucear por el pasado fenicio y romano visitando el Museo Arqueológico, disfrutar de una flora y una fauna magnífica en el Parque Zoológico y Jardín Botánico Alberto Durán, o vivir la pasión por la velocidad en el Circuito, famoso, sobre todo, por el emblemático campeonato de motociclismo, que cada año convierten a Jerez en la capital de las dos ruedas, concentrando a millares de aficionados, que transforman la ciudad en aquellos días.

bodegas-catedralY disfrutar de la buena música en el Teatro Villamarta, asistiendo al Otoño Lírico, o del flamenco más genuino en el Festival de Jerez. Pero el flamenco puede saborearse todo el año en los cientos de actuaciones en las Peñas Flamencas de la ciudad. Y si, tras todos estos paseos, nuestro cuerpo necesita reparar fuerzas, vayamos a tapear por el centro, que con pan y vino se anda mejor el camino, y en Jerez, no sólo no faltan estos dos elementos, sino que pueden acompañarse con una gastronomía excelente y una calidad de vida y de relaciones que inoculará en el viajero el deseo de querer volver siempre.

CÓRDOBA

Calleja judería CórdobaDesde la distancia geográfica y la cercanía afectiva, pienso en Córdoba y añoro un paseo por sus calles, que no por su historia, por la que paseo a menudo. En mi memoria está ese hilo de sabiduría que recorre su historia, desde Séneca o Lucano, hasta Ibn Hazm, Maimónides, Averroes o Ibn Quzmám, desde Leonor López de Córdoba a Góngora o a Concha García. El homenaje de la memoria a los recuerdos de tantos cordobeses que llenaron las páginas de la historia de sabiduría y arte. Y desde esta distancia me viene a la memoria la descripción de la ciudad que hace el geógrafo A-Idrisi en el siglo XII. Así la dejó descrita como testimonio para la historia. “Las excelentes cualidades de sus habitantes son muy numerosas y muy conocidas. Poseen en el más alto grado la elevación y el esplendor. Dominantes intelectuales […] son renombrados por la pureza de su doctrina, la exactitud de su probidad y la belleza de sus trajes y sus monturas […], la elevación de sus sentimientos que manifiestan en sus reuniones y en sus sociedades […] y están dotados de un carácter amable, de las maneras más distinguidas. Jamás en Córdoba han faltado sabios ilustres ni personas notables”. Y pienso en los amigos que allí tengo, en Jesús, en Rocio,  en los rincones que han dejado una huella indeleble en mí, y en la riqueza y patrimonio que me ha regalado esta ciudad, y en esa acumulación de recuerdos amables que la hacen cercana no sólo en mi memoria, sino en mis sentimientos.

IBN HAZM Y LA AMISTAD

Ibn Hm de Córdoba0001Leo un magnífico libro del escritor cordobés Ibn Hazm. Se titula Libro de los caracteres y de la conducta, de la medicina de las almas. Escrito en el siglo XI, sigue dando consejos útiles y proporcionando sustanciosas reflexiones.  El capítulo V lo dedica a la amistad. Los amigos, me decía hace años, un colega son pocos, aunque muchos se denominen como tales. En la vida, podríamos contar los auténticos con los dedos de una mano. El capítulo de Ibn Hazm sobre la amistad es amplio y variado, pero queda prendido a mi memoria este párrafo:

“De todas las cosas buenas, ninguna hay […] como el poseer muchos amigos y leales compañeros. En efecto, ésta es una cosa excelente sin duda, y que supone un conjunto de muchas virtudes, puesto que los buenos amigos no se adquieren, sino mediante la dulzura de carácter, la liberalidad, la paciencia, la fidelidad, mostrándoles un afecto sincero, haciéndoles partícipes de todo cuanto poseemos, absteniéndonos de molestarlos con peticiones, dándoles, en cambio, cuanto tengamos con espontánea generosidad, comunicándoles nuestra ciencia, y, en general, mediante todo linaje de cualidades laudables. Pero entiéndase bien que no hablamos de los amigos mercenarios o asalariados, de los parásitos que nos siguen en los días de la prosperidad. Esos son ladrones de sus amigos y pésimos compañeros. Se cree que son leales partidarios, pero no hay tal; y la prueba está en que se aparatan, así que la prosperidad mundana de aquél a quien seguían declina”

Un magnífico analista al que no le faltaban experiencias de amistad. Tampoco le faltaron deslealtades y traiciones en su vida. Un magnífico libro para hacer reflexionar sobre aspectos esenciales de la vida. Y sigue a pesar de los siglos, siendo válido y actual.

WALLADA BINT AL-MUSTAKFÎ. LA LIBERTAD DE UNA MUJER ANDALUSÍ

            El día caluroso de ayer, se vio culminado con el frescor de la tarde y con la amena conversación con una amiga, profesora de filología en la Universidad de Sevilla, que está ocupada, en este tiempo, escribiendo un libro que novela la vida de la poetisa andalusí Wallada. Repasamos en nuestra conversación las fuentes que nos quedan de aquellas poetisas que resplandecieron en aquellos siglos. De Wallada me he ocupado muchas veces, también y ampliamente en uno de mis libros recientes “Seis escritoras medievales”. Recordarla es rescatarla para nuestra memoria literaria y para nuestro patrimonio cultural.

 UNA LUZ EN MEDIO DE LA NOCHE

         

Interpretación de la figura de Wallada en un dibujo de Ángeles Aliaño

Interpretación de la figura de Wallada en un dibujo de Ángeles Aliaño

Tenemos que situarnos en la Córdoba del siglo XI, que inicia su decadencia, tras el esplendor de la época califal cuya caída va a contemplar dramáticamente en aquellos años turbulentos. En la capital andalusí se cumplen ya tres siglos de cultura, religión y política musulmanas, desde que la conquistara Mugit al-Rumi. Ha conocido momentos esplendorosos, durante el califato Omeya con hombres de la magnitud de Abd al-Rahman III o de la cultura de  Al-Hakam II, su hijo. Momentos de poderío como los de  Almanzor,  cuya muerte en Medinaceli pone inicio al declive de la que fuera la ciudad más poblada y más desarrollada de la Europa de su tiempo. Corre el año 1024. El sueño del también gran intelectual cordobés Ibn Hazm se realiza después de muchos trabajos y sufrimientos. En medio de una guerra civil que sacude a la capital desde hace años, un Omeya, Abd Al-Rahman V, sube al trono e Ibn Hazm será, junto al otro gran poeta Ibn Suhayd, uno de sus visires. El sueño, en aquel período trepidante, de confusión y enfrentamientos, en el que todo se desmembra y muere, aquel sueño, digo, va a durar muy poco. Este califa no llegó a gobernar ni siquiera dos meses. Un golpe de estado lo depone y lleva al trono a Muhammad II al-Mustakfi que dura en el poder algo más: diecisiete meses.  Pues bien, hija de este califa es el personaje que nos ocupa, -princesa, pues- Wallada bint al-Mustakfi. Su padre, a opinión de Ibn Hazm “era el peor”, sin embargo, Wallada ha sido considerada como “prototipo de princesa culta y brillante, de quien dice Ibn Baskuwâl que era una poetisa prolífica que competía con los poetas y literatos y los superaba”.

            En medio de aquellos turbulentos tiempos de guerra civil, donde Córdoba no sólo va a ir perdiendo sus grandes palacios  de Medina Azahara o de Medina Al-Zahira, sus grandes bibliotecas, sus barrios más nobles… Wallada, sin embargo, va a brillar con luz propia. Escribe Teresa Garulo que “debieron ser pocos los años dorados de Wallada” pero “en ellos su cultura, su belleza y su encanto atrajeron a sus reuniones a los poetas y escritores más importantes de su época que buscaban su agradable compañía, pues a su inteligencia se sumaban su nobleza y su irreprochabilidad”. Una luz que destella en la noche cordobesa. Su ejemplo y el de notables poetas contemporáneos suyos, como los citados Ibn Hazm, Ibn Suhayd, o Ibn Zaydum, del que más adelante nos tendremos que ocupar abundantemente, parecen dar la razón al poeta francés, Michel Pochet: “Si tu veux vois / attands la nuit. / Si tu veux vois / les galaxies /attends la nuit”. En aquella “noche” del esplendor político andalusí, sus poetas van a brillar con inusitado fulgor, como sucederá en el desmembramiento de las taifas, tanto con los poetas musulmanes como con los judíos.

 WALLADA Y LAS MUJERES ANDALUSÍES

            El papel de la mujer musulmana –y en este caso estamos recurriendo al ejemplo de una mujer andalusí- está bien definido, así como su ámbito de atribuciones en la sociedad islámica desde sus comienzos. Su papel está perfectamente estudiado. Naturalmente, y desde que F.J. Simonet formuló sus teorías sobre la mujer hispano-musulmana, que H. Pérès consolidó y en las que presentaba la sociedad andalusí “como excepcional dentro de su propio contexto ideológico […] dando, al mismo tiempo argumentos a los defensores de un Al-Andalus singular e hispanizado”, se ha idealizado en extremo el que la mujeres en Al-Andalus gozaran de unos privilegios, una libertad y un papel que se alejaba del contexto musulmán de la época. Naturalmente, alguna diferencia hubo con respecto a la mujer musulmana medieval, pero sin que se pudiera llegar a hacer afirmaciones como las de Bosch y Hoenerbach: “se sabe que la sociedad andalusí y la de la Andalucía islámica, muy particularmente, concedía a sus mujeres una sorprendente libertad”. Ni fue así, como han estudiado Ávila o Vigueras, ni tampoco fue todo lo contrario. La investigación actual llega a un mayor equilibrio y los estudios conducen a una realidad más objetiva sobre la mujer en Al-Andalus. Escribe Manuela Marín, con razón, que, “aplicar a una sociedad como la andalusí el concepto de “libertad” o de “emancipación” de las mujeres es, como poco, anacrónico; pero inferir esa “libertad” de algunos testimonios aislados y generalizarla a toda la sociedad sólo puede contribuir a general confusión y equívocos”. Lo cual no quita el valor emblemático de una mujer como Wallada de la que poco –como es el caso de las demás poetisas andaluces- nos han dejado las fuentes, pero suficiente como para conocer su singularidad y su talento. Al igual modo que hace entender que las condiciones en la Córdoba de entonces, tuvieron que ser tales, como para que ello fuera posible. A mi entender, estas conquistas de los estudios actuales, no hacen sino dar más valor al testimonio de una mujer como Wallada y al valor de su vida en la sociedad cordobesa de su época. Mucho más, si tenemos en cuenta el más que válido parecer de la autora de la cita anterior, en uno de los estudios más completos sobre la mujer andalusí que se han publicado y en el que nos ha aportado datos fundamentales al respecto, dando así un paso adelante en esta investigación: “el manido tema de la supuesta “libertad” de las mujeres andalusíes –concluye en uno de sus capítulos- debe ser reconsiderado bajo la luz de los condicionamientos sociales que imperaban en Al-Andalus al igual que en otras sociedades islámicas medievales. La movilidad geográfica de las mujeres de buena posición, sus traslados dentro del entorno urbano o sus contactos con el mundo exterior a la casa estaban sometidos, todos ellos, a unas normas rigurosas de ocultación, tanto más extremadas cuanto más alto se subía en la escala social”. De ahí mi interés, al principio, por dejar constancia del origen social y de su condición de princesa en el caso de Wallada.

 

“ESTOY HECHA, POR DIOS, PARA LA GLORIA…”

            Al-Maqqarî, que recoge una completa antología de poetisas andalusíes, afirma que lo hace para “que se sepa que la superioridad literaria en Al-Andalus es como el instinto y lo poseen hasta las mujeres y los niños”. El “hasta” lo he subrayado yo,  entendiendo en él, la originalidad con respecto a otras zonas, a otros periodos, y como una característica propia de Al-Andalus.

            Una de estas mujeres, de la que se conservan nueve poemas, aunque se podrían conservar muchos más según el decir de Ibn Bassâm que afirma haber leído muchos más, aunque como la mayoría de ellos eran satíricos, no quiso volver sobre los mismos; una de estas mujeres, era Wallada, la princesa hija del mediocre y malogrado califa Muhammad III al-Mustakfi. Una de las poetisas más originales de la Córdoba Omeya, ya tardía y decadente. Reunió a su alrededor y en sus tertulias a los escritores más importantes de su época y poseía un alto nivel literario y cultural. Pero, sin lugar a dudas, se salía de la norma, y rompía con los cánones previstos para la mujer musulmana. Hasta el punto de que, por una parte se buscaba su agradable compañía y era admirada por su belleza y nobleza, pero “su desprecio por las conveniencias –como escribe Teresa Garulo— dio lugar a numerosas habladurías acerca de su conducta, de ahí también la afirmación de que carecía del decoro propio de su nobleza”. Lo cierto es que se trataba de una mujer que se salía de todos los esquemas y que , en este caso, aún a pesar de que es un ejemplo que no puede generalizarse, gozó de una “libertad” y de una “independencia” inaudita. No dudó en usar su literatura para expresar abiertamente lo que pensaba y comunicar incluso sus sentimientos más íntimos e incluso contradictorios. Dan fe de este carácter suyo, y del impacto social que causó en la Córdoba de su época los versos que llevaba bordados en las mangas de su vestido. Con ellos se paseaba por Córdoba. En la manga derecha llevaba éste:

 

                        “Estoy hecha, por Dios, para la gloria,

                        y camino, orgullosa, por mi propio camino”.

            En el izquierdo, éste otro:

                        “Doy poder a mi amante sobre mi mejilla

                        y mis besos ofrezco a quien lo desea”.

Detalle del monumento a Wallada en Ibn Zaydun en Córdoba

Detalle del monumento a Wallada en Ibn Zaydun en Córdoba

                        Controvertida imagen la de Wallada, a los ojos de su protegida. Pero, sin lugar a dudas, una relación que marcó la vida de Wallada y su poesía, fue la que mantuvo con el poeta Ibn Zaydum, uno de los grandes poetas cordobeses de su época. Constituye ésta una de las historias de amor más interesantes y cuyo trágico final, llevó al poeta a exiliarse de Córdoba y acogerse al mecenazgo que Al-Mu’tamid ejercía en la corte abbadí de Sevilla.

            “Cuando caiga la tarde, espera mi visita, /   pues veo que la noche es quien mejor encubre los secretos; / siento un amor por ti que si los astros lo sintiesen / no brillaría el sol, / ni la luna saldría, y las estrellas /  no emprenderían su viaje nocturno”.  A los que Ibn Zaydum  respondía con poemas como éste:

            “¿Responderás a quien te invoca? / ¿Curarás a quien se te queja? / Oh, tú, que estás siempre cerca de mí aunque te alejes, / que estás presente aunque te ausentes. / ¿Cómo voy a olvidarte / yo, que me adorno con tu amor? / Eres una suave brisa, / que penetra en los corazones”.

Aquel amor acaba a causa de los devaneos que ibn Zaydum tiene con una esclava negra de la propia Wallada. “Si fueras justo con el amor que existe entre nosotros, / no habrías escogido ni amarías a mi esclava; / has dejado una rama donde florece la hermosura / y te has vuelto a la rama sin frutos. / Sabes que soy la luna llena, / pero, por mi desdicha, / de Júpiter estás enamorado”. Así se expresa la poetisa traicionada en sus versos. Lo cierto es que la separación se consuma.

            Excepcional debió ser esta mujer que tan honda queja produjo en el poeta que no supo valorarla y que torpemente se alejó. Lo cierto es que Wallada terminó con el visir Abû Amir ibn Abdus, lo que, por lo visto, provocó unos enormes celos en Ibn Zaydum, producto de los cuales son un intercambio de poemas satíricos feroces. Los de Wallada son sumamente duros, su fuerte carácter se desborda en ellos. Botón de muestra puede ser éste: “Tu apodo es el hexágono, un epíteto / que no se apartará de ti / ni siquiera después de que te deje la vida: pederasta, puto, adúltero, / cabrón, cornudo y ladrón”.

            Esta mujer andalusí, vivió muchos años, al parecer ochenta, seguramente siempre bajo la protección del Ibn Abdus. Murió según Ibn Baskuwal –aunque hay versiones distintas- cuando Córdoba entraba en su ocaso y el hijo de Al-Mu’tamid, intentaba defenderla del ataque almorávide; “era el miércoles 2 de safar de 484=26 de marzo de 1091”.

VERANEO EN EL SUR

Balcón de Europa, en Nerja

Balcón de Europa, en Nerja

Un día de verano, parecido al de hoy, cuando la brisa de la tarde limpiaba de calores el ambiente, desde ese Balcón de Europa que hay en Nerja, frente a un Mediterráneo de luces espléndidas, pensaba en la hermosura de esta tierra. Había decidido aquel verano, pasar los pocos días de descanso que tenía en una localidad andaluza, de cara al mar, convencido como estaba de que valía la pena aprovechar las excelencias de estas costas, en beneficio de la salud y el descanso, y también del placer de la vista, antes que ir a buscar otros lugares fuera de ella. Fue una opción que se ha ido repitiendo, sin renunciar a otras, y que me han dado enormes satisfacciones.

Desde aquel balcón, ya digo, con la playa de Calahonda a mis pies, disfrutaba de esta tierra nuestra, rica donde las haya para beneficio de propios y foráneos.

 Es verano y verano caluroso. El calor se ha aposentado en estos lares. Cargamos con el cansancio acumulado de un año entero de trabajos y tensiones, y el cuerpo y la razón nos piden una tregua. Algunos ya hasta han vuelto de ella. Que no es nuestro cuerpo materia incombustible y hemos de darle el descanso merecido si no queremos que la factura -¡siempre la pasa!- sea demasiado costosa y el curso que se presenta en el horizonte otoñal nos dé algunos sustos y nuestro trabajo no sea tan rentable como sería de desear. “Al César lo que es del César…”, pero al descanso, lo suyo propio, que también es necesario.

Tiempo de vacaciones para conocer nuestros pueblos, disfrutar de sus playas y sus sierras, gustar de una gastronomía mediterránea y reparadora, heredera de muchas culturas y de mucha sabiduría antigua, adentrarse en su historia a través de las huellas monumentales que el pasado nos ha ido dejando, gozar del arte y conocer de cerca su gente tan variopinta y tan rica. Echar mano a los libros que se fueron acumulando en las horas densas en que el trabajo nos fue recortando horas de ocio y de cultura, y disfrutar de las historias que otros vivieron, que otros narraron y que otros crearon.

 Otros llegan –y esperemos que este año también lo hagan en magnitudes significativas, aunque no pinten demasiado bien las cosas en el turismo, para el bien de nuestra economía- y es justo también que “lleguemos” nosotros a disfrutar de nuestra tierra. Turismo andaluz, ¿por qué no para nosotros mismos? Turismo en aquellos rincones de nuestra casa que aún no conocemos, y que vale la pena visitar. De lo que conocemos y amamos, podemos más fácilmente hablar a los demás, a los que vienen de tan lejos en su búsqueda.

Un verano por delante  para conocernos mejor y disfrutar de lo nuestro. Es una opción tan excelente como la de ir a descubrir nuevos paisajes (que también es necesario).

 Llega la tregua, para los que puedan permitírselo; que falta hace recuperar las fuerzas, para afrontar los retos que el futuro nos presente por delante. Disfrutar de la familia, que ya vendrán los tiempos, para todos, grandes y pequeños, de correr en invierno, tras ese trabajo, esas clases, esos exámenes, esos negocios. Y hacerlo contemplando el paisaje común, y disfrutando de lo que la naturaleza, con tanta generosidad, nos ha donado.


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