Archivo para 29 septiembre 2012

¡VOLVER SIN HABERNOS IDO!

Cansado ya de desayunarme con algún servidor público metido hasta las trancas donde no debió nunca meterse, con una oscura cohorte de presuntos gestores insensatos y otros especímenes que asustarían al mismísimo Alí Babá; harto ya, hasta el extremo del sonrojo, de tropezarme a diario con noticias que demuestran –presuntamente, claro está- que el servir al pueblo se está convirtiendo en un servirse del pueblo, este verano opté por la literatura, la de ficción, la de las novelas, más sana, desde luego, que la de la actualidad que da un miedo de mil pares de narices. Y abriendo un paréntesis de tregua y descanso psicológico, confieso que he navegado a gusto por ese rico mar que son los libros.

Al fin y al cabo he paliado esta crisis de hartazgo que me trajo un año entero al pie de la noticia y de la pesadilla, con la ficción, con un viaje a tierras, a historias, a dimensiones diferentes a las que día a día me golpean. En cierto modo, he imitado a los políticos en eso de paliar la crisis. Y no es que me haya ido a descansar a Doñana, que la verdad es que este año me ha tocado –por idem de lo mismo- quedarme a pasar el período de descanso en los cuarteles de invierno que no son otros que la casa en la que vivo. Pero, como todo en la vida, había que volver, no sé si como dice el tango “con la frente marchita, las nieves del tiempo teñiendo mi sien”, o con la frente despejada por cierto descanso reparador, porque por lo que a las nieves respecta, no sólo tiñen mi sien desde hace algunos años, sino que abundan en el resto de la  cabeza. Y aquí estamos, con algunos libros de más leídos, más horas con la familia, más chapuzas en el hogar que reclamaban mi atención desde hacía meses, pero asomado a una situación bastante parecida a la dejada, y en muchos aspecto empeorada. Y con  la sensación  que León Felipe describía en uno de sus magníficos poemas, “Yo sé muy pocas cosas, es verdad. / Pero me he dormido con todos los cuentos… / Y sé todos los cuentos”. Porque a pesar del verano y la distancia, de la descongestión neuronal, de la desintoxicación del mes de tregua, los cuentos –“Digo tan sólo lo que he visto”, escribiría León Felipe- siguen siendo los mismos. O lo que es peor: aunque cambien de argumento, siguen siendo cuentos. Porque a la raíz de la raíz de todas las raíces, no hay valor para meterle mano. Así que los cuentos pueden ser mejores o peores, pero al fin y al cabo cuentos que casi siempre atañen a otros y no le despeinan ni un pelo a los que tienen la sarten por el mango y, para seguir teniéndola, no mueven en “su” tablero ni una ficha.

Y como esto no es una obra de narrativa, no es una novela, aunque algunos pretendan hacérnoslo creer, las cosas -lo que veo-  no pintan bien aunque el autor se empeñe en manipular el final y reconducir el ascua a no sé qué sardina. A mitad del verano y para que la gente no se olvide que los padres de la patria no descansan y para acallar los gritos que llegaban al cielo desde los que se quedaban sin vacaciones, perdían el trabajo en pleno estío, no les alcanzaba para pagar la hipoteca, pasaban del restaurante a la neverita con el bocata de chorizo en la orilla del mar y cambiaban el apartamento en la playa por la casa de los padres en el pueblo –que salía más barata- o del aire acondicionado al abanico, pues siguen diciéndonos que “estamos en ello”. No digo que no estén, pero no sé a que ello se refieren, ni quiero imaginármelo .Y nos dan una lista por entrega, como las antiguas novelas, de los recortes. Y uno ya  ha engullido la de la semana pasada y espera con terror la del viernes siguiente. Más medidas para paliar una crisis que muchos se temen que se siga prolongando sine die. Así que la resignación camina por sus fueros, como el paro, el incremento de la pobreza y el pánico al futuro. Pero, con una perspectiva aún peor, porque las dificultades no han disminuido –no sé para los bancos, pero para la clase media,  y para los pequeños empresarios, desde luego que sí-, sino que han crecido. Así que más medidas, y yo empiezo a perderme, como cualquier ciudadano con dos dedos de frente. Mientras tantos, miembros más cercanos de mi familia, van perdiendo el empleo, mis hijas no encuentran trabajo, y el cinturón se ha quedado ya sin más agujeros. Y a la raíz de la raíz de todas las raíces, nadie le echa cuenta. ¡Como los que pagamos el pato somos otros!

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GAUGUIN

Coincidiendo con la celebración del veinte aniversario de su apertura, el Museo Thyssen-Bornemisza presentará, a partir del 9 de octubre, la exposición Gauguin y el viaje a lo exótico. Con la huida de Paul Gauguin a Tahití como hilo conductor, la muestra descubrirá de qué forma el viaje hacia mundos supuestamente más auténticos produjo una renovación del lenguaje creativo y en qué medida esta experiencia condicionó la transformación de la modernidad. La muestra comenzará con las experimentaciones artísticas de Paul Gauguin en los Mares del Sur y continuará con las exploraciones de artistas posteriores como Emil Nolde, Henri Matisse, Wassily Kandinsky, Paul Klee o August Macke para dar a conocer la impronta de Gauguin en los movimientos artísticos de principios del siglo XX.

Comisariada por Paloma Alarcó, jefe de Conservación de Pintura Moderna del Museo Thyssen-Bornemisza, la exposición presentará 111 obras cedidas por museos y colecciones de todo el mundo, como la Fondation Beyeler de Basilea, el Albertina de Viena, el Bellas Artes de Budapest o la National Gallery of Art de Washington, y préstamos de especial relevancia como las obras de Paul Gauguin Matamoe (Muerte. Paisaje con pavos reales) (1892) del State Pushkin Museum of Fine Arts de Moscú; Dos mujeres tahitianas (1899) del Metropolitan Museum of Art de Nueva York o Muchacha con abanico (1902) del Museum Folkwang de Essen. También destaca la contribución de la Fundación Nolde, que ha prestado seis acuarelas del artista de la serie Nativos de los Mares del Sur (1913-1914), o del Centre Pompidou de París, con una importante representación de obras del legado Kandinsky.

PILAR PAZ PASAMAR MARINERA DE LAS LETRAS

Juan Félix Bellido, Pilar Paz Pasamar y María del Mar López-Cabrales

Hace poco pude estar un buen rato en Cádiz con Pilar Paz Pasamar.  Estaba con nosotros María del Mar López-Cabrales, catedrática de la Universidad de Colorado, en Estados Unidos, que está completando la publicación anotada y comentada de la obra narrativa de Pilar Paz Pasamar. Un libro que está a punto de aparecer.  Por primera vez, se reúne en un solo volumen, una selección casi completa de todos los textos en prosa de la escritora Pilar Paz Pasamar. La autora, jerezana, afincada en Cádiz ha representado nuestra cultura más allá de los límites más insospechados y que es marinera siempre, dentro y fuera de su tierra. Se incluyen en este volumen todos sus cuentos, con notas aclaratorias y con fragmentos transcritos de las conversaciones con María del Mar López Cabrales, en las que la autora esclarece significados y comenta hechos de un valor incalculable, ya que no es común poder leer textos de un autor y escuchar, a la vez, datos e información relacionados con los mismos, proporcionados dados por el propio escritor. El volumen incluye, además, su ensayo “La mujer y la poesía de lo cotidiano”, de 1964 y para finalizar una selección de sus artículos periodísticos Diario de Cádiz de los últimos años publicados en su columna de opinión titulada “La hache intercalada”. En los textos en prosa de Pilar Paz Pasamar, además de otros muchos temas, se observa la defensa de la mujer, la reivindicación silenciosa, sin pancartas ni gritos, poco a poco… y, sobre todo, un amor inconmensurable por el ser humano y por este trocito de tierra en el que le tocó vivir. Pilar Paz Pasamar, en persona y en su escritura, nos transmite un canto exultante a la vida y al amor en su sentido más inclusivo y amplio.

Un libro esperado, deseado y al que le deseo toda clase de éxitos.

TRES ARTÍSTAS ALEMANES

El Museo Thyssen-Bornemisza presenta, a partir del 25 de septiembre, tres tablas del Renacimiento alemán pertenecientes a la Colección Thyssen-Bornemisza que nunca antes se habían expuesto en sus salas. Incluida dentro del programa de actividades organizado este año para celebrar su 20 aniversario, la exhibición de este conjunto tendrá lugar en la Galería Villahermosa, una de las salas más emblemáticas del Museo, situada en la segunda planta.

Las obras, atribuidas a Bernhard Strigel, Christoph Scheller y un maestro anónimo alemán activo en la ciudad de Suabia, formaron parte del depósito de Maestros Antiguos que el Museo mantiene en Barcelona, primero en el Monasterio de Pedralbes y después en el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC).

La Anunciación de Bernhard Strigel está formada por dos tablas (c. 1515-1520), unidas en el centro por una columna. En el reverso, unas tallas policromadas representan a los santos ermitaños San Pablo y San Antonio, atribuidos a Christoph Scheller y que han sido restaurados expresamente para esta presentación.

La obra perteneciente a un maestro anónimo la conforman unas puertas pintadas al óleo por ambas caras que representan las siguientes escenas: Santa Ana con la Virgen y el Niño, Santa Isabel ofreciendo pan y vino a los mendigos, La Adoración de los pastores y La Presentación del Niño en el templo, todas ellas fechadas hacia 1515.

EL PRODIGIO DE LA SOLIDARIDAD

Las cifras causan pavor se mire hacia el rincón de España que se mire, pero en Andalucía, si cabe, resulta aún más sangrante la situación. Junto con Canarias, Andalucía se encuentra a la cabeza en número de familias enteras en paro. En España, esta situación afecta a 1.118.300 familias, que suponen el 8,7 % de los hogares españoles, pero es que en Andalucía, desde donde escribo estas líneas, el drama afecta  al 13,23 % de las familias según la Encuesta de Población Activa (EPA). Un drama que se suma a ese ya fatal 33,17 % de paro, o dicho de otra manera  al 1.329.600 andaluces en paro. Una situación que a todas luces se presenta insostenible.

La pregunta es, ¿cómo una comunidad puede soportar una realidad tan tremenda? Y, además, en crecimiento, o mejor dicho, en caída libre. Voy en busca del Director de Cáritas, Francisco Domouso, en la Diócesis en la que vivo, Asidonia-Jerez. Hacen todo lo que pueden y algo más para salir al encuentro de una situación que golpea a las familias más necesitadas que, desgraciadamente, son las que pagan los platos rotos de la crisis. Y constato que, digamos lo que digamos y nos pongamos como nos pongamos, esta institución de la Iglesia es una de las columnas más importantes de las tres que, a mi entender, sostienen los arcos, aguantan las cargas de fuerza del tambaleante edificio de las dificultades económicas. Me hace una radiografía muy sencilla de la situación: «Caritas Diocesana, que atiende a una población de aproximadamente 450.000 habitantes, recibió el año pasado a más de 62.000 peticiones de ayuda, atendió a 26.776 familias de las que 7.423 eran nuevas y tuvimos que incrementar los recursos destinados a estas ayudas en un 80%. Y un dato muy significativo y preocupante: el 58% de estas personas llevan más de tres años demandando apoyo». El mal se está haciendo crónico. El obispo de la Diócesis, José Mazuelo, lo resume así: «se ha detectado un incremento de la pobreza, que se ha hecho más extensa y más intensa, a la vez que se crónifica».

Por eso sigue rondándome la cabeza la pregunta del principio: ¿cómo puede sostenerse una situación así? Todos los organismos públicos recortan las ayudas sociales y, sin embargo, la Iglesia sigue siendo el pilar fundamental que sostiene, como decíamos, el arco de las necesidades más fundamentales. Para ejemplo, he querido tomar como muestra el botón de una diócesis relativamente pequeña, como la mía. «Caritas –subraya Domouso- ha dedicado 828.798 € a esta labor de  acogida y asistencia de los más necesitados, un 80 % más que el año anterior. Tenga en cuenta que las solicitudes de alimentos se incrementaros en un 186 %, las de ropas un 190 %, las sanitarias un 178 y las de suministros como agua, luz y gas, un 150 %». Y no relato los recursos y esfuerzos dedicados a la orientación laboral, a la búsqueda de trabajo, a la formación, a los convenios con las empresas, etc. Pero, ¿de dónde salen estos recursos con que paliar esta creciente hemorragia social? Domouso me da las cifras. Una simple operación matemática me revela que el 65 % viene de la generosidad de los que dan su dinero y sus posibles a esta labor. La comunión cristiana de los bienes. La generosidad solidaria de creyentes y personas de buena voluntad, para los que los problemas de sus semejantes no le son ajenos. Como afirma Francisco Domouso, la labor de Cáritas está desbordada «por el clamor con el que los empobrecidos por la crisis, más los “invivibles de siempre” nos imploran su atención. Y desde nuestras Cáritas, sabedores de que el amor y el servicio al ser humano, es un imperativo grabado por Dios en nuestras entrañas, actuamos intentando mitigar ese grito desgarrador, más que por realizar un acto de caridad, lo hacemos para cumplir un deber de justicia». Y porque «quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amara Dios a quien no ve» (1 Jn 4, 20).

Por eso, las columnas que sostienen el arco de lo que excede lo legislado, no son “institucionales”, en el sentido político del término. Porque Cáritas es sólo un canal del compromiso cristianos personal, del deber de caridad que afecta a todos, de aquella afirmación, también de Juan en su primera carta, de que «si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?» (1 Jn 3, 17). Por eso, cuando pedí el perfil de los demandantes de ayuda, encontré un dato sumamente significativo: estas personas se apoyan en sus familias para obtener alimentos, acogimiento en la vivienda familiar y ayudas económicas para pagar electricidad, agua y gas, cuando con esto ya no llegan, acuden a Cáritas. No cabe la menor duda de que una segunda columna que aguanta de manera generosa y excepcional este edificio es la familia.

“La Familia”, altorrelieve de Ángeles Aliaño Salado

Afortunadamente, la familia con su carga de afecto, de solidaridad, de generosidad, de sacrificio es, aún hoy, a pesar de las tormentas y de los ataques continuos, sigue siendo un pilar social determinante. Y ante la inoperancia de los que quieren erigirse en directores sociales de una orquesta que ellos mismos han hecho desafinar, la familia (abuelos, tíos, padres, hermanos) salen en socorro de aquellos que se ven afectados por semejantes tormentas. Y su raíz cristiana es remedio para esta enfermedad. El arco se sostiene gracias a esta columna, que soporta con enormes sacrificios las sacudidas.

Y, es verdad, que no todo el campo es orégano, pero el orégano anónimo de millares de personas convencidas de sus principios, hace posible que otro tercer pilar ponga su granito de arena en el sostenimiento del edificio. Es cierto que en esta marejada que padecemos algunas empresas están aprovechando para sacudir el olivo más de lo necesario y hacer caer más aceitunas de la cuenta, pues como me comentaba un empresario «la crisis puede ser para muchos, fuente de negocio». Por eso, y con la filosofía que siguen estas líneas, de buscar el botón de muestra que propicie la esperanza y dè explicación de por qué el edificio aún se mantiene en pie, me he ido a ver a un empresario. Con otros dos socios tiene una empresa especializada y con 10 empleados. La crisis llega también para él, ve disminuir la facturación y se pregunta ¿cómo hacer para no reducir personal, para no seguir la estela de los que lo hacen? Su conciencia le dice que no puede dejar en la calle a quienes están haciendo un esfuerzo por mantener la empresa, por llevarla con él adelante. Y tiene que nadar contracorriente. Tienen que convencer a sus socios de sostener la situación a costa de no tener beneficios y tiene que convencer a algunos de los empleados que sostienen que se debe prescindir de algún compañero para salir del bache y salvar ellos mismos su puesto de trabajo. Y pone en juego la complicidad con los empleados para sostener la situación. Está convencido de que cuando se busca el bien de los demás las soluciones llegan. Y llegan. No sólo, la gente responde, pelea y aguanta. ¿Por qué lo hace?, le pregunto. «Porque es lo que tengo que hacer. ¡qué fin hay más importante que éste!».

Me cuenta su trayectoria. Es cristiano, su mujer le ha ayudado en esto y comparte sus opciones. Ha ido construyendo dentro de sí los valores del humanismo cristiano y su trabajo es una oportunidad más de hacer algo por los demás. Porque está también involucrado en otros proyectos.

Pero es que su experiencia en medio de esta crisis le lleva a otras opciones. Ve que hay otras empresas de su ramo a las que la crisis o una gestión inadecuada está hundiendo. Para cualquier empresa es el momento de “comérselas”, de aumentar su mercado, de crecer con nuevos clientes y, consiguientemente, aumentar el propio negocio, a costa de la competencia que cae. Convence a sus socios: «esto no puede ser una guerra; hay que seguir haciendo posible que los demás puedan seguir llevando un sueldo a su casa. Tenemos que compartir». Busca pactos, colaboraciones, acuerdos empresariales para que esto sea posible. «Tenemos que saber encajar los criterios empre,ariales con el Evangelio». Es consciente de que todo esto supone una lucha interior para ser coherente con la fe, «y serlo en esto y en todo: no defraudar en los impuestos, contratar legalmente a sus trabajadores…». La crisis es la que es, pero gracias a los valores y a los principios de este empresario, los diez trabajadores de su empresa siguen ahí.

Podíamos seguir la lista de ejemplos, muchos de ellos anónimos y todos inspirados en unos valores profundos y coherentes, que responden a la primera pregunta que me hacía: ¿cómo puede sostenerse una situación así? Y con la misma coherencia quizás convenga hacer la parte de cada uno con generosidad, compartir, y exigir a los que entonan cantos de sirena disuasorios y egoístas, que no hacen sino empobrecer nuestra sociedad, que arrimen el hombro, pero con sentido y generosidad humana.

Y acabo con una anécdota, que leída en sus justos términos puede ser emblemática y que seguramente podrá extrapolarse a otros rincones.  Un domingo por la mañana voy con mi esposa a la panadería del barrio a comprar el pan. Un gesto cotidiano y habitual. Nada de particular. Sin embargo, aquella mañana escucho una conversación de la panadera que comenta a mi esposa: “No puedes imaginarte la alegría que le dio al padre. Le di tu regalo cuando vino a recoger la tarta”. “¿Fue todo bien?” “Sí, muy bien”. Respeto la confidencialidad y no pregunto para no interrumpir la conversación. En el camino de vuelta a casa, una breve explicación me da la clave de lectura. Es sencillo: un niño del barrio hacía la Primera Comunión. Sus padres no tienen trabajo. Sufrían por no tener un regalo para su hijo, una tarta, la posibilidad de una celebración familiar que al chico le recordase tan importante día. La madre, con cierta pena, lo comenta a la panadera. Y una máquina sencilla, cercana, sin los aspavientos de la economía del egoísmo que parece inundarlo todo, se pone en marcha. La panadería-pastelería es un punto neurálgico del barrio, donde tarde o temprano nos encontramos todos, nos contamos las incidencias del barrio. Y la información va corriendo de unos a otros. Pero la señora de la panadería no sólo cuenta la situación a los vecinos y vecinas. Se implica: el chaval tendrá gratis la tarta para ese día. Y con la tarta, van llegando otros regalos que completan la celebración. Entre ellos, el de mi esposa y al que aludía la panadera. La economía de la solidaridad frente a la crisis económica.  Los pilares que sustentan –a pesar de los obstáculos- el tejido social. Los demás palos, tendrán también que aguantar su vela.

(Lo escribí allá por el mes de junio y ha sido publicado a principios de este mes por la revista Ciudad Nueva. Conserva su vigencia.).

¿A DÓNDE CONDUCE EL TÚNEL?

Al chico lo apreciamos en casa. Y lo apreciamos mucho. Es algo simple, distinto quizás en lo intelectual, porque su capacidad no es de matrícula de honor,  pero respetable como el que más. Es aficionado del Betis, y se atrevió a confesarlo a unos conocidos de su edad. Eran cuatro. Todos del Barça. Y estos cafres no tuvieron otra ocurrencia que darle entre todos una paliza. No era de su equipo de fútbol. ¿Qué generaciones estamos educando para el futuro? ¿Con una gentuza así será posible el respeto de las ideas de los demás, la libertad de expresión y la democracia? Los padres, los medios de comunicación, los educadores, algo tendrán que decir, algo tendrán que plantearse, y si no, que se lo hagan mirar.

YO TAMBIÉN ESTOY TRISTE

Triste de ver que una tontería de tamaño calibre ocupe titulares y tertulias radiofónicas y televisivas. “Cristiano Ronaldo está triste”. Y todos, en un ejercicio de idiotez generalizada y casi patológica prestamos oídos a este señor. Así que estoy triste de comprobar en qué país vivo y lo poco que tienen que contar algunos compañeros de profesión que dan a esto categoría de noticia. Y, además, los forofos le hacen la ola a alguien que ignora lo que es quedarse en paro, cobrar un sueldo de miseria, y sentir la sangría de unos impuestos que a él le afectan en menor proporción.

Pues, confieso, que  esto me pone muy triste. A ver si con esto soy noticia. Y distraigo así a madridistas y barcelonistas, para que se distraigan y no piensen en lo que está sucediendo, en lo que de verdad afecta a nuestras familias, al futuro de nuestros hijos. Me gusta el deporte, me satisface el buen fútbol, pero este circo es intolerable y me produce tristeza ver a demasiada gente entrar al trapo. El que de verdad está triste es el que se ha visto en el paro, le han reducido el sueldo, o después de terminar una carrera y echar miles de currículos, no sabe por dónde escapar de la desesperanza.  El que aguanta los recortes y los crecientes impuestos. Y encima, tiene que soportar que el fútbol profesional adeuda a la hacienda pública  casi 800 millones de euros, por pagar a esta gente que se pone triste. Y algunos tienen que cerrar su empresa por adeudos que comparados con esto da risa. ¡Qué tristeza! pero de la de verdad, no de esta tristeza mediática para alimentar a los bobos.


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