Archivo para 26 febrero 2017

Al-Andalus en la historia de Europa

9788416776566_portada“La herencia andaluza concierne a la identidad plural europea mucho más de lo que se suele recocer”, comenta el catedrático de Antropología, José Antonio González Alcantud, en el libro que acaba de publicar la editorial Almuzara, Al Ándalus y lo Andaluz.
  En este ensayo el autor pone manifiesto la importancia y la influencia que ha tenido Al Ándalus en la historia de Europa, en contra del criterio de muchos historiadores, defensores acérrimos de la insignificancia de este periodo medieval ibérico. Un criterio, que según González Alcantud, responde más que a una indagación científica a una posición política e ideológica.
  “Hoy día, todas estas polémicas, a las que es común por regla general el fanatismo descalificador de quienes niegan toda presencia e influencia del islam en la cultura española, han adquirido dimensiones delirantes”, afirma el autor, quien a lo largo de los distintos capítulos que conforman este ensayo trata de cambiar el eje del debate actual, atrapado en el pro y en contra, y sus maniqueísmos.
   Y es que Al-Ándalus ha aportado y sigue aportando a la interpretación histórica un cierto nivel de conflictividad, que posiciona a los historiadores, e incluso a la opinión pública, a favor y en contra del papel jugado en la historia peninsular.
  Pero para lograr que la historia peninsular tenga su carácter completo y pleno, “es necesario el reconocimiento hispánico de al-Ándalus como un hecho histórico-antropológico cargado de positividad —que representa una versión creativa, y por ende heterodoxa, del Islam político en su propio tiempo—, que se proyecta referencialmente hacia el futuro, en medio de un mundo más problemático y multipolar”, asevera González Alcantud.
   En definitiva, según su autor, Andalucía en particular y España en general tienen un cometido de cara Europa, al ofrecer un modelo histórico de pluralismo cultural que atraviesa regímenes políticos e históricos.
  José Antonio González Alcantud es Catedrático de Antropología Social de la Universidad de Granada y Académico Correspondiente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Fue presidente de la Comisión Etnológica andaluza, y director y fundador del Centro de Investigaciones Etnológicas Ángel Ganivet.
  En la actualidad es director de la revista Imago Crítica, y dirige el grupo de investigación “Observatorio de Prospectiva Cultural” de la Universidad de Granada, así como diversos proyectos de investigación relacionados con el nexo antropología/política/arte tanto en Andalucía como en el norte de África.
Ha sido profesor e investigador visitante en numerosas universidades como Harvard y Cornell, en Estados Unidos, Unam, en México, École des Hautes Études en Sciences Sociales de París, o Maison des Sciences de l’Homme de Aix-en-Provence, en Francia.
  Es autor de una amplia obra centrada en la antropología política y la antropología estética; con una variante especial hacia el mundo magrebí.
  Entre sus libros más recientes destacan: La Alhambra, mito y vida, 1930-1990 (con Sandra Rojo y José Muñoz, 2016), Travesías estéticas. Etnografiando la literatura y las artes (2015), El malestar en la cultura patrimonial. La otra memoria global (2012), Racismo elegante. De la teoría de las razas culturales a la invisibilidad del racismo cotidiano (2011), Deber de lucidez. Fragmentos de radicalidad democrática en la edad del imperio (2011), y Sísifo y la ciencia social. Variaciones críticas de la Antropología (2008), La fábrica de los estereotipos. Francia, nosotros y la europeidad (2006), y en la editorial Almuzara El mito de al Ándalus. Orígenes y actualidad de un ideal cultural (2014).
  
(Fuente: Editorial Almuzara)

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Ultramar: Fontana, Kuitca, Seeber, Tessi

FONTANA, Lucio_Venecia era toda de oro, 1961_547 (1975.55)

FONTANA, Lucio_Venecia era toda de oro, 1961_547 (1975.55)

Del 21 de febrero al 21 de mayo de 2017 pueden verse en el Thyssen-Bornemisza.   Argentina y su escena artística son los protagonistas de la edición ARCOmadrid 2017. Con este motivo, el Museo Thyssen-Bornemisza se une a la iniciativa Argentina Plataforma Arco que, durante el mes de febrero, aglutina numerosos eventos para mostrar la rica escena artística del país americano. Bajo el título Ultramar: Fontana, Kuitca, Seeber, Tessi, el Museo y el Ministerio de Cultura de la Nación Argentina presentan, en las salas 47 y 48, una selección de seis pinturas de artistas argentinos de los siglos XX y XXI –Lucio Fontana, Guillermo Kuitca, Alejandra Seeber y Juan Tessi– que dialogan con las obras más contemporáneas de la colección Thyssen-Bornemisza.

Las piezas reunidas en este montaje comparten, además del uso restringido del color, el interés por la pintura como territorio de exploración y el tratamiento de la dimensión espacial del lienzo a través de gestos radicales, como cortes o agujeros, o mediante la incorporación de elementos externos que exceden los límites del cuadro.

 

¿Dolores de Cabeza?

dolor-de-cabeza-500x332 Estaba embarrancado en el tabanco, frenado allí más tiempo del previsto por la lluvia. La tarde se había vuelto revoltosa y, como dicen aquí, “caían chuzos de punta”; llovía con insistencia y poner un pie en la calle era poco menos que un acto de heroísmo, con el que mi destemplado cuerpo no estaba dispuesto a colaborar. Me tocaba esperar. Tarde o temprano tenía que escampar y darme el intervalo suficiente para alcanzar mi casa. Todo el día había sido un ir y venir de lluvias y ahora tocaba tregua, así que no cabía sino armarse de paciencia y tomarse otra copa de amontillado para matar el tiempo y leer un poco –pues el dueño del tabanco estaba poco hablador y aún no era hora para que llegaran otros – ; tenía sobre la mesa un fajo de periódicos y otras publicaciones, que el domingo pasado fue generoso en papel impreso.

La gente calentaba motores para la Semana Santa, en Cádiz, entre chirigotas y chirigotas, se preparaban para la celebración de la conmemoración del traslado de la Casa de Contratación de Sevilla a Cádiz, los transeúntes paseaban el hartazgo político pasando de tanto Congreso de partidos, de guerras intestinas y chiripitiflauticas retóricas; mientras tanto los de la Gurtel se preparaban para entrar en la cárcel y cada día nos desayunábamos con un nuevo robo o fraude institucional perpetrado supuestamente por políticos de alto rango, que nos engañaban como chinos sin el menor pudor. Y volvía a subir la factura de las eléctricas, el gobierno disimulaba y le echaba la culpa al lucero del alba por no reconocer que de impuestos llevaba la factura más que de consumo. En fin, el batiburrillo del presente cansino que nos tiene hasta el moño.

Y entre col y col, nos distraíamos –para variar – hablando de los catalanes, de las barbaridades de Trump, y así no entrábamos al trapo de lo que nos acucia directamente a nosotros y de cómo nos gestionamos nuestra vida diaria cada vez más ahogada.

En esa estaba, leyendo a ratos –en espera de que el diluvio se aliviase– y mirando de soslayo hacia la calle para ver sin escampaba. Iba y venía a las páginas impresas. Levanto los ojos y veo a Diego hablando con el dueño del tabanco que le sirve una copa de oloroso en el mostrador. ¿De qué estarían hablando? ¿Y de qué hablarían si  tuvieran el atrevimiento de ponerse a leer. Aún recuerdo el cabreo de hace pocos meses. Lo presencié desde esta misma mesa. El dueño del tabanco de testigo, y Diego y Ernesto echando un pulso dialéctico en el mostrador. Ernesto es la antítesis misma de este Diego que de escribir escribiría «Elogio de la ignorancia». “A ti lo que te pasa, Ernesto –le decía a su oponente, y ahí fue donde pegué yo la oreja para escucharlos–, es que has estudiado demasiado. ¿Sabes lo que decía mi madre? Que estudiar sólo servía para dar dolor de cabeza”. Rotundo y esperpéntico. Podría haber disimulado mejor su ignorancia sin mentar a su madre. Hablaban de política, que en su carguito anda el tal Diego, sacándole partido a su “despropósito” a cuenta del erario.

Pero lo que más me dejó atado al cotilleo de escuchar desde lejos, fue la respuesta que le dio Ernesto –colega en tantas cosas y erudito con el que gusto hablar-; “pues buen favor le estas haciendo a tus hijas. ¡Mira que mandarlas a estudiar para que tengan una cefalea crónica que no les quite nadie”. Diego esbozó una sonrisa, que cortó en cuanto comprendió la frase y se fue del tabanco refunfuñando.

Con mimbres como éstos, y maniobrando en la vida pública, mal futuro tenemos, y pobre cesta la que saldrá de aquí. Menos mal que el resto de los andaluces andamos convencidos de que competir es formarse, crecer en sabiduría y estudio, prepararse, subir el listón de nuestras especialidades, y poco a poco ir desterrando de nuestro entorno a estos energúmenos que contaminan nuestro feliz andar hacia el progreso. Y que no den ejemplo, que todo lo malo se pega. Que esta vela andaluza la tiene que mantener nuestro palo, el nuestro. Navegar, con cabeza, a vela –como lo hacen los buenos marinos– o por las rutas que nos devolverán con creces libertad, dignidad, progreso y buen hacer. De los otros, afortunadamente, de los de Ernesto, hay cada vez más navegantes en estos mares nuestros andaluces. Son el presente y el futuro, los otros son los restos fosilizados del pasado.

 


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