Archivos para 30 agosto 2009

GONZALO TORNÉ

torne_2Mi amigo, el pintor jerezano Gonzalo Torné, acaba de colgar algunas de sus últimas obras en el siguiente portal. Rosa me lo comunica y me adjunta la dirección invitándome a “darme un chapuzón refrescante” en ellas. Invitación que traslado a los lectores de este blog. Merece la pena este paseo por su pintura. Aquí va la dirección. ¡Que disfruten!

http://www.talenthouse.com/torne

CRISTINA DE PIZÁN

Cubierta de la novela editada por Maeva

Cubierta de la novela editada por Maeva

            En estos días he leído una estupenda novela de Sabrina Capitani, el pseudónimo de la periodista y guionista televisiva  alemana Sabine Korsukewitz, editada por Maeva, con el título  “La escribana de París”, en la que narra la vida de Cristina de Pizán precursora de las mujeres escritoras y una de las figuras más interesantes de la Francia medieval.

Ha sido un deleite su lectura. Tuve ya el placer hace unos años de estudiarla, y de adentrarme en sus obras. Y la incorporé a mi libro “Seis escritoras medievales”. Ahora, la escritora alemana me la devuelve en una espléndida narrativa que ha merecido la pena leer y que aconsejo. Para los que menos conozcan a la protagonista, podemos decir que Cristina de Pizán (1365-1430) es, como afirma Patricia Carrafi, «una de las figuras más interesantes y significativas del panorama literario francés entre los siglos  XIV y XV». Y es, sin lugar a dudas, la “primera escritora” medieval, que no sólo escribe sino que “vive” de lo que escribe. En este sentido es la primera mujer “profesional” de la escritura.

De origen italiano, nació en Venecia alrededor de 1365, aunque vivió toda su vida en París donde se trasladó su familia cuando era aún niña. Su padre, Thomas de Pizán, que cursó sus estudios universitarios en Bolonia, fue contratado por el rey Carlos V como astrólogo y médico de la corte. Se convierte muy pronto en su consejero personal. Así que Cristina creció en la corte, y allí se educó. Este hecho le proporcionó la enorme ventaja de poder consultar la gran Biblioteca  Real del Louvre, algo de enorme valor para su formación. Hecho excepcional en una mujer de su época A esto se unió su gran amistad con el que fuera director de la Biblioteca hasta 1411, Gilles Malet. No cabe duda de que este cúmulo de circunstancias fue de gran importancia en su formación literaria y en su producción.

Pero, en 1380 muere Carlos V y su padre pierde influencia y muere poco después, como también lo hace su marido, Etienne de Castel, a causa de la epidemia de 1390, con lo que comienza para ella un período de desgracias y soledad. «Sola estoy, y sola me quiero quedar / sola me ha dejado mi dulce amigo», escribe. Se queda, pues, viuda a los veinticinco años, con sus hijos que mantener. Esta circunstancia la obliga a asumir la responsabilidad y la guía de su familia. Es en ese momento en el que Cristina decide dedicarse al estudio y a la escritura. Y es ahí cuando, según ella misma cuenta, se produce la gran metamorfosis. «Me encontré con un ánimo fuerte e intrépido, / del cual me sorprendía, pero comprendí / que me había convertido en un auténtico hombre». Y este cambio profundo la convierte en escritora: «Entonces me convertí en un auténtico hombre, no es una historia, / capaz de conducir las naves. Fortuna me enseñó este oficio». Durante este período se dedicó a buscar mecenas que le permitieran desarrollar este oficio suyo de escribir; e incluso parece que se mantuvo y subsistió copiando manuscritos y posiblemente hasta llegó a montar un taller de copistería. Todo esto daría sus frutos en 1400, cuando comienzan a hacerse famosas algunas de sus obras. La fama, claro está, la lanza también en un debate entre hombres y mujeres.

Cristina de Pizán, escritora, en un dibujo de Ángeles Aliaño

Cristina de Pizán, escritora, en un dibujo de Ángeles Aliaño

Cristina de Pizán va a desarrollar argumentos que siglos más tardes serán fundamentales en la lectura feminista. ¿La presunta “inferioridad” de las mujeres lo es por naturaleza o más bien es un fruto de la cultura o la educación o, mejor dicho, de la falta de acceso a las mismas?

Su obra más importante es Le Livre de la Cité des dames, en él llega a lamentarse de no haber nacido varón. «En mi locura me desesperaba por el hecho de que Dios me hubiese puesto en el mundo en un cuerpo de mujer». Lo cual no le priva de sentirse orgullosa de su sexo. «Las mujeres deberían bendecir y alabar a Dios que ha confiado el tesoro de sus almas a cuerpos femeninos». “¡Oh, Dama! [la Virgen], ¿quién puede haber que, considerando tu dignidad, ose dejar escapar de su boca este ultraje, que el sexo femenino es vil?” Y en su emblemático libro, que sale a la luz cuando ella ya tiene cierta fama y consideración, no oculta que los responsables de tal situación son los clérigos de su época. De hecho, denuncia: “Las damas de las que os he hablado / se lamentan porque muchos clérigos hablan mal de ellas, / escriben en rima, en prosa y en verso / difamando sus costumbres con palabras diferentes”». E invita a seguir su ejemplo con el fin de equilibrar la balanza: «Pero si las mujeres hubiesen escrito los libros / estoy segura de que hubiese sido diferente, / porque saben muy bien que equivocadamente han sido acusadas / de manera que las partes no se han repartido equitativamente, / pues los más fuertes toman la parte más grande / y quien reparte se queda con la mejor».

Como afirma Patricia Caraffi, «en la Citè la autora se autolegitima para colmar este vacío, trazando con su saber y la experiencia una nueva y autorizada visión del mundo. Entre las causas de esta ausencia femenina de la escena intelectual no existe, en verdad, una inferioridad natural, cuanto una educación poderosamente limitada». «Si a las niñas se les mandara a la escuela y tuviesen la misma educación reservada a los hombres “aprenderían igual de bien y comprenderían las sutilezas de todas las artes, al igual que ellos hacen”, dado que “una mujer inteligente logra hacerlo todo”». Y a esta dificultad se une la de estar encerrada siempre en casa que impide a las mujeres enriquecerse con diferentes experiencias. Y concluye: «¡Que se callen! Que se callen de ahora en adelante los malditos clérigos… y sus cómplices y los que los apoyan. Que bajen los ojos de vergüenza por haber osado mentir tanto en sus libros, mientras que la verdad va en contra de sus afirmaciones».

Una mujer valiente, que se adelanta a su época y abre un camino que con el pasar de los tiempos se hace imparable. La historia le ha dado la razón. Ahora, esta novela nos devuelve con una narrativa apasionante y en un marco histórico, reconstruido por su autora, de manera magistral, a esta excepcional mujer, la primera en aquellos siglos oscuros y difíciles que fue capaz de vivir de su propia producción. Vale la pena la lectura de este libro, como acercamiento a la historia, como deleite y como fuente de conocimiento de esta valiente escritora francesa.

A VUELTAS CON MAQUIAVELO

Hace un par de meses, hablé de Maquiavelo en este espacio, y sigo sorprendido al comprobar que es una de las entradas que, aún hoy, más visitas recibe. Este florentino, gran conocedor de la política, sigue interesando. Y sus consejos siguen atrayendo a muchos, a pesar de los siglos que han pasado desde que escribiera El Príncipe. Yo, de vez en cuando,  paseo mi mirada por sus páginas. Hoy leía con interés lo que escribió sobre los consejeros y sobre los aduladores, que siempre revolotean como moscas alrededor del poder. Maquiavelo diría que “abundan en todas las cortes”.

Palazzo Vecchio. Piazza della Signoria. Florencia

Palazzo Vecchio. Piazza della Signoria. Florencia

Y es que “los hombres se complacen tanto en sus propias obras, y de tal modo se engañan, que no atinan a defenderse de aquella calamidad; y cuando quieren defenderse, se exponen al peligro de hacerse despreciables. Pues no hay otra manera de evitar la adulación que el hacer comprender a los hombres que no ofenden al decir la verdad; y resulta que cuando todos pueden decir la verdad, faltan al respeto”. Cuántas lecciones pueden sacarse de tan simple afirmación. Pero Nicolás Maquiavelo no se queda ahí y aconseja al príncipe: “Un príncipe prudente debe preferir un tercer modo:  rodearse de los hombres de buen juicio de su Estado, únicos a los que dará libertad para decirle la verdad, aunque en las cosas sobe las cuales sean interrogados y sólo en ellas. Pero debe interrogarlos sobre todos los tópicos, escuchar sus opiniones con aciencia y después resolver por sí y a su albedrío”.

Quizás por estas cosas, Maquiavelo siga siendo tan actual y, a pesar del tiempo, siga teniendo cosas que decir.

ALGUNAS PERLAS MISÓGINAS

Mujeres 4Recuerdo que cuando impartía clases en la Universidad de Sevilla, en el Curso de Postgrado de “Experta/o universitario/a en Género “, sobre la Misoginia, un amigo me proporcionó una serie de perlas misóginas, que me impresionaron, sobre todo, por no resultarme ajenas, ya que formaban parte de los libros de lectura “formativa” y complementaria nos ofrecían a los entonces estudiantes de bachillerato en el Instituto, allá por los años sesenta. La mayoría estaban firmados por clérigos. Así, y con estos conceptos, que hoy espantarían al más pintado, nos pretendían formar a los jóvenes de entonces. Esta mañana he encontrado los apuntes del curso que, por cierto, están publicados ya en forma de ensayo en el libro “Las mujeres, los saberes y la cultura”, de AA.VV., entre los cuales figura el que suscribe, y publicado en Sevilla el año 2003 por Editorial ArCiBel Editores. En otro archivo figuraban estas perlas, de las que recojo algunas, que, desde luego, no tienen desperdicios, y nos explican muchas cosas de las que conformaron el pensamiento de los jóvenes de mi época estudiantil. Algunos siguen, desgraciadamente, anclados en ellos. Otros, hemos preferido avanzar un poco, para bien de muchos y muchas. Vale la pena recordarlos.

Mujeres 3“Vos, esposa, habéis de estar sujeta a vuestro marido en todo; despreciareis el demasiado y superfluo ornato del cuerpo en comparación de la hermosura de la virtud: con gran diligencia habéis de guardar la hacienda: no saldréis de casa, si la necesidad no os llevare, y esto con licencia de vuestro marido: sed como vergel cerrado, fuente sellada de la virtud de la castidad” (Saturnino Junquera, jesuita, A las puertas del matrimonio) .

“En general, todo trabajo que requiere teoría, reflexión, fineza de juicio, espíritu de iniciativa y de empresa es incompatible con la mujer” (Francisco Peiró, jesuita, Problemas de cada día). “¿Cuántas mujeres médico, cuántas abogado, cuántas licenciadas en ciencias químicas ejercen con provecho su profesión? La misión de la mujer no es ésta. La mujer ha sido creada para madre de familia, y bastante y mucho tiene que aprender para cumplir debidamente tan alta misión” (Doctor Corominas. Vida conyugal y sexual.).

“¿Tienes tú conciencia de que eres más flaca que el varón y que precisas de una mano dulce y firme que te guíe por el mundo y te proteja con su fuerza?” (Pedro Riaño Campos, canónigo, Formación católica de la joven).

mujeres 2“Debe terminarse con esa lacra tan corriente de muchachas que han obtenido el grado con matricula de honor y no saben coser su propio vestido cuando se rompe”. (Padre Enciso Viana, ¡Muchacha!) .

“En el caso no deseable de que sea ella más instruida, si ha de mantenerse en su puesto, procure que no gravite sobre el hombre su superioridad; ponga más bien su talento al servicio de él, pero con sencillez, con naturalidad y desenvoltura, sin dar la sensación de querer verle humillado; dejando que, en todo caso, ocupe él el puesto director de la familia, y que a él se atribuya el acierto obtenido por la astucia de la mujer” (Un consiliario de Acción Católica, El decenio crítico).

“Existen, sí, celebridades femeninas en literatura, en la poesía y aún en la filosofía, pero la profundidad de sus obras es superficial, sus pensamientos poco profundos, por lo que sus obras no pueden equipararse a las del hombre” (Delgado Capeáns, mercedario, La mujer en la vida moderna)

“Si vuestro marido sale alguna noche y, por casualidad está a punto de cruzar la puerta sin deciros adónde va, no os creáis autorizadas a exigirles que os diga lo que va a hacer” (Doctor Carnot, El libro del joven, 1965).

“Mentir es una cobardía. Por eso las mujeres, seres débiles, mienten más que los hombres” (Herrero Antolín, maestro nacional, Lecturas educativas).

Mujeres 1Y después pretendemos que de aquellos polvos no salga algún que otro lodo. Sin comentarios. El presente y el futuro están abiertos y los horizontes, con el trabajo y el esfuerzo de todos, de todos, de todos, se abre en una perspectiva, que si algún interesado solapado en la sombvra no quiebra, es esperanzador y, sobre todo, es ya una realidad imparable.

EL PABELLÓN REAL DEL ALCÁZAR DE JEREZ

Excavaciones_-alcazar2 La intervención arqueológica puntual que se viene ejecutando desde el pasado mes de junio en el Alcázar para continuar la recuperación del recinto arroja ya nuevos descubrimientos.

Según las primeras indagaciones y análisis de los arqueólogos municipales que trabajan sobre el terreno, todo parece apuntar a que se trata de una nueva ala del Pabellón Real así como de la infraestructura que compone el entramado del conjunto hidráulico que abastecía al Alcázar tanto para el baño, como para el riego de huertos o el abastecimiento de agua potable.

 

Al  Pabellón Real, que ya está restaurado, habría que añadir ahora-de confirmarse el nuevo descubrimiento- otra ala más. En este sentido, hasta el momento poco más pueden aportar los expertos en la materia ya que se encuentran inmersos en plena investigación. Lo que sí han desvelado es que podría dejar al descubierto una serie de infraestructuras y equipamientos asociados al Pabellón como las letrinas, cuyo funcionamiento parece ser de gran complejidad y que resultan de gran valor, al ser de las pocas documentadas del periodo islámico.

El agua jugaba un papel fundamental en la cultura árabe, por lo que este descubrimiento es muy importante para completar las investigaciones sobre costumbres de sus primitivos moradores así como la disposición de los espacios en el recinto. Los arqueólogos municipales han adelantado que viendo el sistema de canalizaciones, que ya se puede apreciar, así como el nivel tecnológico del mismo, se puede aseverar que las infraestructuras hidráulicas construidas eran muy avanzadas para la época y en poco varía con respecto a las que actualmente se ejecutan. Asimismo se ha comprobado cómo tras pasar la ciudad a dominio cristiano en torno al año 1.264, existe un cambio de uso y funcionalidad de esta red de canalización de agua que implica la anulación de una serie de estructura, el aprovechamiento de otras así como el desarrollo de otras nuevas que se alejaban del espíritu cultural almohade.

Para documentar los elementos que salen a la luz durante las labores de investigación arqueológica es fundamental la cerámica, el fósil guía de todas las unidades estratigráficas que analizan los expertos. Para ello hay que lavarla por separado y estudiarla para determinar por ejemplo la época de que datan las piezas o el estudio de los materiales empleados.

Los arqueólogos también han apuntado que en otras intervenciones realizadas en el Alcázar aparecieron fondos de cabañas así como la huella de la presencia de antiguos silos que parece que correspondían a asentamientos de época prehistórica, concretamente del periodo Calcolítico-hace 5.000 años-. Todo ello pretenden confirmarlo en estas excavaciones.

Esperamos poder gozar todos de estos nuevos espacios y de estos descubrimientos una vez terminadas las acciones arqueológicas, del que es hoy en día el monumento más atractivo y visitado de Jerez, y que aportarán datos de esencial importancia a nuestra historia.

LAS OPINIONES DE IBN BASSÂM

                                                                                                     

Volvemos sobre las poetisas medievales. Ibn Bassâm de Santarem, en su  Dajîra, escribe sobre la poetisa cordobesa Wallâda: “Wallada fue entre sus coetáneos la primera de entre las de su edad y la más codiciada en su entorno. De fuerte temperamento, belleza externa y valía interior. Dulce fuente e entrada como punto de salida. Su círculo de amigos en Córdoba fue reunión de lo más exquisito de la ciudad, su corte palestra de los corredores en la poesía y la prosa. Los literatos se sentían atraídos por su brillo y acudían a su siempre abiertas lizas y a su concurrida mansión. Todo esto lo unió a su elevado rango, nobleza y generosidad de ánimo. Aunque ella, ¡Dios la perdone y pase por alto sus faltas!, rechazó el recato y dio motivo a la murmuración sobre su persona a causa de su desenfado y de la ostentación de sus placeres. Se dice que llevaba escrito sobre un hombro de su vestido el verso siguiente:

         ¡Por Dios que fui creada para hazañas famosas!:

          ando mi propio camino y cultivo mi orgullo

 

y sobre el otro:

         A quién me ama, le doy el cáliz de mis mejillas

         a quien lo quiere le doy un beso

 

   Así lo he encontrado y me distancio ante Dios de su valor, de quienes lo han transmitido y ante la literatura de cualquier error eventual en la transmisión

       Mezquita  Ibn Bassâm, dice precisamente en el Prólogo de su Dajîra, libro en el que aparece éste texto, que “había en cada ciudad un secretario hábil y un poeta indiscutible”. Y esto es, quizás, consecuencia de que “en las clases altas se comprueba también un vivo gusto por la poesía”, como afirma Henri Peres. Y no sólo se ama la poesía haciendo que las cortes se llenen de poetas, sino que ésta es practicada por dichas clases y no son pocos los que cifran en ella su nobleza y su realeza, como le sucede al omeya Marwân al-Taliq, que así lo expresa: “Mi nobleza es mi alma; mi ornato, mi cultura literaria; mi espada es mi palabra en el momento del encuentro”, añade.

En el texto, Ibn Bassâm habla de Wallâda bint al-Mustakfî, hija del Califa Muhammad III al-Mustakfî, que ocupa el trono cordobés cuando el califato Omeya está llegando a su declive y comienzan a aparecer en el horizonte las taifas. Mujer noble, pues, princesa culta y brillante, como nos describe el texto.

Cultiva la poesía, y goza de la independencia económica posible como para hacerlo con plena libertad. Las fuentes hacen suponer que “muchas de las mujeres del entorno real –como afirma Manuela Marín- gozaban de una situación económica que les permitía, en determinados casos, una cuasi independencia de disponibilidades ciertamente notables”. Éste es, sin lugar a dudas el caso de Wallâda. Wallâda ha sido considerada como “prototipo de princesa culta y brillante, de quien dice Ibn Baskuwâl que era una poetisa prolífica que competía con los poetas y literatos, y los superaba”  De esta poetisa, gracias precisamente a Ibn Bassâm, se conservan nueve poemas, aunque éste afirma haber leído muchos más. En el texto elegido se citan aquellos versos que, al parecer, llevaba bordados en las mangas de sus vestidos y que dicen de su talante y también de su altanería. Tras los elogios y la descripción del selecto ambiente del que se rodeó, no puede negar este Autor que “rechazó el recato y dio motivo a la murmuración sobre su persona a causa de su desenfado y de la ostentación de sus placeres”. Teresa Garulo en su estudio sobre Wallâda, escribe que “su desprecio por las conveniencias dio lugar a numerosas habladurías acerca de su conducta, de ahí también la afirmación de que carecía del decoro propio de su nobleza”.

         Este retrato de Ibn Bassân da buena cuenta de dos factores característicos que se dan en el momento histórico que a Wallâda le toca vivir, y que conjugados con su preparación e independencia, dado su origen noble, y más aún su carácter de hija de un Califa, van a hacer posible su personalidad: el momento histórico y el momento literario andalusí. Históricamente es un momento de grandes sacudidas políticas, en el que el califato Omeya se hunde y es difícil no ver que todo camina hacia el acabamiento. Por consiguiente es muy posible que Wallâda viva aquellos años a grandes tragos. Por otro, hay que tener en cuenta que Wallâda vive en la Córdoba del siglo XI, “cuando la poesía aparece más libre. Dominadas tanto la tradición “moderna” como la “neoclásica”; y “las poetisas dan la impresión de moverse más espontáneamente en sus manifestaciones literarias y quizás a ello obedezca el relativo encanto y la gracia de algunos poemas…”, como afirma Teresa Garulo.

         La controvertida imagen que da Ibn Bassâm en el texto, donde la alaba, pondera sus versos y, a la vez, quizás por situarse en la ortodoxia, la critica dejando ver la cara negativa, posiblemente corresponda también a ese “andarse con cuidado con los nuevos campeones de la fe”, que diría Peres, que en Al-Andalus mandan en su tiempo, los Almorávides. “La poesía frívola es causa de errores y confusión”, dice Ibn Bassâm también en el prólogo de su Dajîra, pero, afortunadamente, no por ello deja de consignar en su antología, hermosos poemas de amor de Wallâda, pero también sus versos más satíricos y punzantes.

BERENJENAS Y TRANSMISIÓN ORAL

 

 Fotos berenjenasLeo a Jan Vansina: Verba volant, scripta manent, dice el proverbio. Pero es desmentido en el mundo entero por gente cuyo comportamiento e instituciones demuestran que la palabra no es tan transitoria como puede creerse. Basta observar a los que conservan la tradición oral cuando recitan solemnemente los textos que fueron confiados a su memoria.  Los auditores siguen inmóviles y serios la exposición del recitador. No hay ninguna duda que para ellos las tradiciones orales son palabras que hacen revivir el pasado. Estas palabras son venerables, ya que constituyen la llave del tesoro de las experiencias de antepasados que trabajaron, amaron y sufrieron en tiempos pretéritos. No hay, pues, duda alguna de que, para ellos, las tradiciones son fuente para el conocimiento del pasado”.

         En una sociedad fundamentalmente analfabeta y en la que la tradición oral era fundamental para transmitir el patrimonio cultural y los saberes en general no es difícil encontrar una copla sefardí en la que se relatan las treinta y seis formas de cocinar la berenjena. Me refiero a una página que he encontrado en el libro de Elena Romero Coplas Sefardíes que publicó Ediciones El Almendro en 1988. La autora de esta antología de coplas, confiesa que el texto Los guisados de las berenjenas, está tomado del manuscrito aljamiado de Pizmonim de David Hakohén (Sarajevo, 1794) fs. 149v-152r, con variantes del también manuscrito aljamiado Ne’ím zemirot, de Mosé Hakohén (Sarajevo-Venecia, 1702) fs. 156r-157v.

Un saber gastronómico que, en treinta y seis cuartetos monorrimos, se transmiten de madres a hijas, de abuelas a nietas, los deliciosos platos que con esta hortaliza pueden prepararse. Los libros de recetas están aún por llegar y no se difundirán –como lo están en la actualidad- hasta que la mujer, principal receptora de estas obras, pueda leerlas y llevarlas a sus cocinas y a los platos de sus mesas. La versión manuscrita de esta singular copla no se dará sino  a comienzos del siglo XVIII, pero la tradición oral y este saber gastronómico, se remonta a las comunidades judías españolas, donde estos platos no sólo eran habituales sino que gozaban de enorme predilección. Condimentos y acompañamientos son “cantados” con la gracia y los recursos rítmicos suficientes, como para que quedasen fijados en la memoria la preparación de estos guisos. Tradición oral en un tema tan cotidiano como es el saber culinario. No es sino un ejemplo más de la función transmisora de saberes que cumple y desarrolla la literatura oral, que en boca del pueblo va pasando de generación en generación. De abuelas a nietas, de madres a hijas; en las cocinas, en los corrillos populares, en las veladas al calor de la lumbre, en los mercados y plazas de los pueblos; saber popular transmitidos en la “escuela” de la transmisión oral.

Cuantos modos de guisados se hacía de la berenjena

la primera las hacía la descansada de Morena:

cortadas a rebanadas y echadas en la cena,

que ansí la anyesó su consuegra bula Lena.

La segunda si oís vos agrada más y más,

lo que hacía la mujer de El’azar el samais:

burucadas por adientro y henchidas a no más

y las llamaban por nombre las cenas de las dolmás.

La tercera las hacía bula Joya de Aksote:

las buía y las cocía y les sacaba el cocote

y el queso son mancía y aceite con el bote

y las llamaba por nombre la comida de almodrote…

Y así hasta treinta y seis formas de guisarla. Hoy ha quedado fijada al papel para conservar estos conocimientos culinarios que nos devuelven la cocina de otros tiempos.


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