EL COLLAR DEL AMOR

 

 

“The journey through a period full of contrasts in Al-Andalus’s heart. While it was politically adrift, one of the most lyrically splendid moments flourishes. Udrí love settles with its own character in Al-Andalus. Love poems sprout with brightness. An example of this literature is “The pigeon’s necklace”, by Ibn Hazm of Córdoba, “one of the biggest spirits of the arabic-muslim civilization, as the Encyclopédie de l’Islam says, and the major medieval Spanish scholar. Some lines of this treatise about love and lovers, and some of the poems that constitute one of the most interesting love stories of the eleventh century in Córdoba, the one of Wallâda bint al-Mustakfi and Ibn Zaydún.”

 
Un tratado de amor en Ibn Hazm de Córdoba, El Collar de la Paloma, y la historia de amor más apasionante del siglo XI cordobés, en los versos de dos poetas cordobeses de la época: Wallâda bint al-Mustakfi e Ibn Zaydún. La belleza y el amor en la poesía andalusí.

 
DEL SACO DE HECES A LA ORQUÍDEA

Cuando Abû Muhammad ‘Alî ibn Hazm  correteaba aún por el palacio de su padre en el nobiliario barrio cordobés de Munyt l-Mugîra, junto a la ciudadela palaciega de Al-Zâhira, construida por Almanzor, por la Europa cristiana circulaba, entre otros de calaña parecida, el texto de un monje fallecido algunos años antes. Aún siendo bastante esperpéntico, muestra una determinada visión que expresaba la consideración que la relación con la mujer tenía en la época; Odón de Cluny escribía cosas como éstas: “La belleza del cuerpo sólo reside en la piel. En efecto, si los hombres vieran lo que hay debajo de la piel, la visión de las mujeres les daría náuseas […]. Puesto que ni con la punta de los dedos toleraríamos tocar un escupitajo o un excremento, ¿cómo podemos desear abrazar este saco de heces?” Resumía una  imagen de la mujer de la que mejor huir y a la que se la presentaba –siguiendo una tradición que puede remontarse a algunos de los llamados Padres de la Iglesia y que después se desarrolla, sobre todo en los monasterios-, sólo como objeto de tentación, incitadora al pecado y, en el mejor de los casos, vientre-matriz, indispensable para la procreación y de la que el hombre se sirve para prolongar la especie. Muestra de esta mujer, deformada y “diabólica”, nos dan las esculturas esculpidas en muchos capiteles medievales, donde aparece rodeada de serpientes y monstruos. La relación hombre mujer, estaba de todas maneras condicionada por una visión así. Si, además, el matrimonio se había convertido casi en un trueque comercial, para reforzar alianzas, aumentar patrimonios, asegurar rentas, etc., no podemos pedirle peras al olmo. Sin embargo, simultáneamente, en aquel mismo siglo X medieval, se produce este escrito de Ibn Darach (m. 976), no en Cluny sino en Al-Andalus: “Ella es como una orquídea de donde yo sólo tomo la Belleza y el Perfume, porque yo no soy como las bestias del campo, para quienes un jardín es sólo un lugar de comida” .

Visión menos oscura, desde luego, que afianza el notable contraste con las expresiones de otros poetas medievales, los andalusíes, que heredan de la poesía clásica una visión de la belleza y del amor algo distinta de la de nuestro monje en cuestión. Y desde luego, una imagen de mujer más atractiva y más amable. Nuestro Ibn Hazm, sin ir más lejos, escribe un texto bien distinto sobre la belleza: “Se me ha pedido una explicación exacta de las clases de donaire/hermosura de las formas. Y digo que: dulzura/encanto es la finura de los rasgos y la gracia de los movimientos y la ligereza de los gestos y la adaptación del alma a los accidentes de las formas aunque no sean bellas. La corrección de las formas externas es la hermosura […] El brillo o esplendor de los miembros externos es la hermosura que hay en ellos y es la vivacidad o soltura.  La belleza […] es una túnica que reviste el rostro y es una claridad que arrastra los corazones hacia sí de modo que las opiniones son concordes en aprobarlo aunque no haya cualidades hermosas, puesto que el que lo ve le rinde el alma, le gusta a su corazón aunque si contemplara las cualidades aisladamente, no encontraría mérito. […] La elegancia o gracia es la reunión de varias cualidades en una misma persona” . Profundo contraste en el enfoque y en la expresión. Descripciones de la mujer son muchas en los poemas andalusíes de la época de Ibn Hazm. En ellos y en él mismo vamos a encontrar diseñados los rasgos ideales de la mujer: “una mujer de frente amplia, labios rojos, boca sonriente, dientes y mejillas blancos, mágicos ojos negros, cuello largo, pechos redondos y grandes, talle de avispa, caderas poderosas y piernas firmes” .

Recordemos éste de su amigo y califa –efímero califato que duró poco más de un mes y del que el propio Ibn Hazm fue visir- ‘Abd al-Rahmân V al-Mustazhir: “Cuando sonríe, deja ver sobre rojo alineadas perlas, / mas. Al desvelarse, el rostro sustituye al sol. / Gacela que, no de la carne del hombre sino de la luz / de Su trono, para dejarme sin aliento, ha creado Dios. / Yo le he entregado reino, corazón, vida y alma, / pero nada fuera del alma hay que encierre más valor” ; o Ibn Zaydum, cordobés y contemporáneo que describe así a la muchacha que lo ha seducido –tan lejos de la descripción femenina del monje- : “Aquella muchacha / de ojos deslumbrantes, / suave aroma, / aliento de perfume / y profunda fragancia, me tendió la mano / y entonces comprendí / que la seducción vive / tras sus ojos negros. / Corre la savia de la vida / por las ramas de su cuerpo. / La envuelve el almizcle / que exhala su belleza. / Me ofrece jazmines / en la palma de su mano / y me parece recoger estrellas / de la mano de la luna. / Dulce carácter, / cuerpo perfecto / y gracia como la brisa / o la euforia del vino. / Sólo el oírla me calma / pues su voz es para mí / como la unión / al final de larga ausencia”

Es evidente que los poetas e intelectuales de Al-Andalus andan por otros derroteros. El amor udrí se está abriendo paso en los poetas andalusíes y dará obras tan importantes como el tratado de Ibn Hazm de Córdoba, titulado El Collar de la Paloma, en el que nos detendremos de manera especial.
UN AMOR UDRÍ HISPANIZADO
 La familia de Ibn Hazm era de origen muladí, pero encumbrada por Almanzor, del que su padre era visir, vivía con todo lujo y gozaba de los privilegios de la nobleza cordobesa. Él mismo sitúa su palacio  por la “vía que, arrancando del Arroyo Chico, en la parte a saliente de Córdoba pasaba por nuestra puerta e iba a parar a un callejón que llevaba al palacio de la al- Zâhira. En esta calle estaba… nuestra casa” . En ese palacio vive su infancia y primera adolescencia, con las mujeres del harén donde él mismo confiesa haber aprendido a conocer a las mujeres. Allí no sólo aprende a escribir sino que adquiere el arte de la poesía. Y en aquel barrio nobiliario entablará amistad con el hijo de otro noble vecino, el poeta Ibn Suhayd. De su mano se unirá a un grupo de jóvenes de la alta sociedad “no poco estetas, elegantes –como los imagina Emilio García Gómez- tocados de esnobismo y de diletantismo, que se ocupaban con preferencia de literatura y que en literatura enarbolaban un programa revolucionario” . Eran “filoárabes” y luchaban por un purismo lingüístico que cada vez se alejaba más de aquella sociedad –bilingüe ya- andalusí. Con él siente que “el mejor instrumento del escritor es la inteligencia, que faltaba a tantos sabios y prosistas rutinarios de su tiempo”. El líder de aquel grupo, al que siempre será fiel Ibn Hazm es, pues, Ibn Suhayd del que recibirá incluso el encargo de hacer su panegírico en su entierro . “Cuando me hayas perdido, no olvides de hacer / la oración fúnebre por mí, recordando mis hechos / y mis excelsas virtudes. / Emociona con ellas, por Dios, / a nuestros espíritus afines, ardientes y hermosos, / cuando me entierren”  , le escribe en un poema que le dedica.

 “El amor udrí  se trasladó a Al-Andalus y a él se afiliaron los literatos aristócratas de Córdoba –como afirma el Profesor Lomba Fuentes- capitaneados primero por Ibn Suhayd y luego por el propio Ibn Hazm. Sin embargo, el amor y estilo udrí se occidentalizaron y se hispanizaron en seguida, perdiendo su afectación y ambigua pedantería bagdadíes, llenándose del calor y pasión, a la vez que de la delicadeza de la sangre andalusí. El Collar de la Paloma es un libro encuadrable en este grupo” .

EL COLLAR DE LA PALOMA, DE IBN HAZM

 Las agitaciones políticas en Córdoba, y más tarde la fitna, llevan a Ibn Hazm a exiliarse repetidas veces de la capital califal, hasta su definitiva retirada a la finca de sus mayores cerca de Huelva , donde fallece ya con avanzada edad. En uno de estos exilios, concretamente en Játiva, escribirá el intelectual cordobés su obra El Collar de la Paloma , sin duda el tratado de amor más importante de la Edad Media española. Es suya esta definición de los grados del amor: “Los grados del amor son cinco. El primero es la simpatía: cuando el que mira se representa a alguien como hermoso o le atribuye buenas cualidades; esto entra también en el apartado de la amistad. Después viene la admiración: consiste en el deseo de mirar a la persona amada y el estar cerca de ella. Luego está el enamoramiento, que es la tristeza cuando ella está ausente. A continuación, la pena de amor, cuando no existe más preocupación que lo amado; en el apartado del amor se llama pasión. Finalmente está el delirio pasional, que es la imposibilidad de dormir, comer y beber, excepto lo imprescindible; puede llevar a la enfermedad, el éxtasis o la muerte; después de esta etapa no hay absolutamente nada más en el terreno del amor” .

 Su concepto del amor, de su esencia, de la razón que mueve a los amantes, de las condiciones del amor, de sus manifestaciones, llenan las páginas de este libro que, a pesar de la temprana edad en la que lo escribe, cobija ya toda la maestría que el intelectual cordobés va a demostrar en sus innumerables obras . Un amor que se manifiesta eterno y que en sí mismo tiene razón de ser: “Mi amor por ti, que es eterno por su propia esencia,  / ha llegado a su apogeo y no puede menguar ni crecer. / No tiene ni más causa ni motivo / que la voluntad de amar” . E Ibn Hazm lo define como “una dolencia rebelde, cuya medicina está en sí misma, si sabemos tratarla; pero es una dolencia deliciosa y un mal apetecible, al extremo de que quien se ve libre de él reniega de su salud y el que lo padece no quiere sanar. Torna bello a ojos del hombre aquello que antes aborrecía, y le allana lo que antes le parecía difícil, hasta el punto que trastorna el carácter innato y la naturaleza congénita”. “Por el amor, los tacaños se hacen desprendidos; los huraños desfruncen el ceño; los cobardes se envalentonan; los ásperos se vuelven sensibles; los ignorantes se pulen; los desaliñados se atildan; los sucios se limpian; los viejos se las dan de jóvenes; los ascetas rompen sus votos, y los castos se tornan disolutos” .

 Se asienta y crece con el tiempo: “El verdadero amor no nace en una hora / ni da fuego su pedernal siempre que quieres, / sino que nace y se propaga despacio, / tras larga compenetración que lo afianza; /  entonces no pueden acercarse a él abandonos / ni menguas, / ni pueden alejarse de él firmezas y aumentos” .

 Es evidente que El Collar de la Paloma tiene un fuerte carácter autobiográfico o, por lo menos, en el sentido que describe muchos aspectos de su vida y de la de sus jóvenes amigos de aquella corte literaria cordobesa. Y al expresarse sobre el amor lo hace dando referencias de cómo lo conciben él y su grupo. Se trata de la obra de un hombre erudito que conoce a la perfección toda la historia de la poesía árabe, pero que quiere en este texto dejar constancia de la forma de entenderlo en su Al-Andalus. “Perdonadme que no traiga a cuento –escribe- las historia de los beduinos y de los antiguos, pues sus caminos son muy diferentes de los nuestros. Podría haber usado de las noticias sin número que sobre ellos corren; pero no acostumbro a fatigar más cabalgadura que la mía ni a lucir joyas de prestado” .

 Recurrentes son las expresiones como ésta “uno de mis amigos, de quien me fío”, preceden a muchos relatos a modo de ejemplo, que llenan el libro; pero también otras como ésta: “una mujer de quien me fío me contó…”. Su libro se llena de las experiencias y enseñanzas que recibió de hombres y de mujeres . En el libro las vuelca para hablar no sólo del amor y los amantes, sino de sus características y del ambiente que los rodea de confidentes, espías, murmuradores, secretos, etc. Difiere sin lugar a dudas a la hora de expresar las experiencias sobre el amor, de lo que más tarde serán las composiciones de los poetas del amor cortés y que así hace que se expresen, con razón,  algunas autoras actuales: “la literatura del amor cortés no se halla tan alejada de la literatura misógina como pueda parecer ya que ambas constituirían formas complementarias de apartarse de las mujeres y de apartarlas a ellas del mundo” . En Ibn Hazm no podemos olvidar de que escribe en un mundo musulmán, con unas connotaciones muy claras en lo que se refiere a la mujer, pero no por ello deja de tener importancia en su concepción del amor lo que ha aprendido y comprobado en las mujeres que han sido sus maestras en la primera adolescencia . Por otra parte, más tarde nos referiremos a una de las poetisas más importantes del momento, para, por lo menos en parte, dar una visión práctica del amor “desde ambas partes”.

 “Uno de los aspectos del amor – para Ibn Hazm- es la unión amorosa, que constituye una sublime fortuna, un grado excelso, un feliz augurio; más aún, la vida renovada, la existencia perfecta, una gran misericordia de Dios. Si no fuese porque este mundo es una mansión pasajera, llena de congojas y sinsabores, y el paraíso, en cambio, la sede de la recompensa y el seguro de toda malaventura, todavía diríamos que la unión con el amado es la serenidad imperturbable, el gozo sin tacha que lo empañe ni tristeza que lo enturbie, la perfección de los deseos y el colmo de las esperanzas”. Y recurre, una vez más, a su propia experiencia. Él que afirma haber probado toda clase de placeres y alcanzado la fortuna de mil modos, resalta que “ni el favor del sultán, ni las ventajas del dinero, ni el ser algo tras no ser nada, ni el retorno después de una larga expatriación, ni la seguridad después del temor y de la falta de todo refugio tienen… la misma influencia que la unión amorosa”. No lo iguala  “ni el brillo de las flores… ni el murmullo de los arroyos… ni la belleza de los blancos alcázares…”. Y se da por vencido a la hora de querer describirlo: “Las lenguas más elocuentes son incapaces de pintarlo; la destreza de los retóricos se queda corta en ponderarlo; ante él se enajenan las inteligencias y se engolfa el entendimiento”. En fin que “de mí sé decirte que jamás he bebido del agua de la unión sin que se me acreciera la sed”. Es fuente de sed y no de agua. Porque “tal es la ley del que se medicina con su propio mal, aunque sienta en ello algún consuelo” . Y confiesa saberlo por experiencia. Así los expresa en uno de sus poemas: “Tras su ausencia / me dejó por fin que la besara, excitando mi pasión / largo tiempo callada. / Y ahora soy como el sediento / que va a beber agua / y, ahogándose, / encuentra la muerte” . Momento culminante en el amor, para Ibn Hazm, meta y anhelo constante.
LOS AMANTES DE CÓRDOBA
Al-Maqqarî, que reúne una completa antología de poetisas andalusíes, afirma que lo hace para “que se sepa que la superioridad literaria en Al-Andalus es como el instinto y lo poseen hasta las mujeres y los niños”. El “hasta” lo he subrayado yo,  entendiendo en él, la originalidad con respecto a otras zonas, a otros periodos, y como una característica propia de Al-Andalus, que valoro en sentido positivo a pesar de la carga despectiva que pueda leerse en el pensamiento de Al-Maqqarî por lo que la mujer era en el ambiente islámico que él conocía.

 Una de estas mujeres, de la que se conservan nueve poemas, aunque se podrían conservar muchos más según el decir de Ibn Bassâm que afirma haber leído muchos otros, aunque como la mayoría de ellos eran satíricos, no quiso volver sobre los mismos; una de estas mujeres, es Wallâda bint al-Mustakfî, que también expresa, como veremos a continuación, su visión y su experiencia de amor en sus poemas..

Corre el año 1024. Brevemente pero, por fin, uno de los sueños del cordobés Ibn Hazm se realiza, en medio de años de penuria y luchas para él,  después de muchos trabajos y sufrimientos. Inmersos en una guerra civil que sacude la capital desde hace años, un Omeya, Abd Al-Rahman V, sube al trono e Ibn Hazm va a ser, junto al otro gran poeta Ibn Suhayd, uno de sus visires. La cultura, la poesía, el arte, llega al Consejo de Ministros. Demasiado hermoso para que durase. El sueño, en aquel período trepidante, de confusión y enfrentamientos, en el que todo se desmembra y muere, aquel sueño, digo, va a durar muy poco. Este Califa no llegó a gobernar ni siquiera dos meses. Un golpe de estado lo depone y lleva al trono a Muhammad III al-Mustakfi que dura en el poder algo más: diecisiete meses.  Pues bien, hija de este Califa es otro de los  personajes del que queremos ocuparnos, -princesa, pues- Wallada bint al-Mustakfi. Su padre, en opinión del propio Ibn Hazm “era el peor”, sin embargo, Wallâda ha sido considerada como “prototipo de princesa culta y brillante, de quien dice Ibn Baskuwâl que era una poetisa prolífica que competía con los poetas y literatos y los superaba” .

 En medio de aquellos turbulentos tiempos de guerra civil, donde Córdoba no sólo va a ir perdiendo –ante la triste mirada ausente o cercana de Ibn Hazm-  sus grandes núcleos palaciegos  de Medina Azahara o de Medina Al-Zahira , sus grandes bibliotecas, sus barrios más nobles… Wallâda, sin embargo, va a brillar con luz propia. Escribe Teresa Garulo que “debieron ser pocos los años dorados de Wallâda” pero “en ellos su cultura, su belleza y su encanto atrajeron a sus reuniones a los poetas y escritores más importantes de su época que buscaban su agradable compañía, pues a su inteligencia se sumaban su nobleza y su irreprochabilidad” . Una luz que destella en la noche cordobesa. Su ejemplo y el de notables poetas contemporáneos suyos, como los citados Ibn Hazm, Ibn Suhayd, o Ibn Zaydún, del que más adelante nos tendremos que ocupar abundantemente, parecen dar la razón al poeta francés, Michel Pochet: “Si tu veux vois / attands la nuit. / Si tu veux vois / les galaxies /attends la nuit” . En aquella “noche” del esplendor político andalusí, sus poetas van a brillar con inusitado fulgor, como sucederá en el desmembramiento de las taifas, tanto con los poetas musulmanes como con los judíos.

  La princesa hija del mediocre y malogrado califa Muhammad III al-Mustakfi es una de las poetisas más originales de la Córdoba Omeya, ya tardía y decadente. Pero, también fue la protagonista de unas de las historias de amor más intensas de su época.  Reunió a su alrededor y en sus tertulias a los escritores más importantes de su época y poseía un alto nivel literario y cultural. Pero, sin lugar a dudas, se salía de la norma, y rompía con los cánones previstos para la mujer musulmana. Hasta el punto de que, por una parte se buscaba su agradable compañía y era admirada por su belleza y nobleza, pero “su desprecio por las conveniencias –como escribe Teresa Garulo— dio lugar a numerosas habladurías acerca de su conducta, de ahí también la afirmación de que carecía del decoro propio de su nobleza” . Lo cierto es que se trataba de una mujer que se salía de todos los esquemas y que, en este caso, aún a pesar de que es un ejemplo que no puede generalizarse, gozó de una “libertad” y de una “independencia” inaudita. No dudó en usar su literatura para expresar abiertamente lo que pensaba y comunicar incluso sus sentimientos más íntimos e incluso contradictorios. Dan fe de este carácter suyo, y del impacto social que causó en la Córdoba de su época los versos que llevaba bordados en las mangas de su vestido. Con ellos se paseaba por Córdoba. En la manga derecha llevaba éste: “Estoy hecha, por Dios, para la gloria, / y camino, orgullosa, por mi propio camino”. En el izquierdo, éste otro: “Doy poder a mi amante sobre mi mejilla / y mis besos ofrezco a quien lo desea” .

 Cierto es, y esto ha de tenerse especialmente en cuenta, que Wallâda pertenecía a una clase que le permitía gozar de cierta independencia y que vivió una época en la que muy bien –aquel que tuviese posibilidades de hacerlo- el dicho de “a vivir que son dos días” era puesto en práctica por el que tenía posibilidad de hacerlo. Tenía bienes y dinero, gozaba de privilegios y el mundo al que pertenecía y del que era heredera se estaba derrumbando, con lo que el carpe diem se hacía más que necesario para un temperamento como el suyo. “Es posible […] suponer –afirma Manuela Marín- que muchas de las mujeres del entorno real gozaban de una situación económica que les permitía, en determinados casos, una casi independencia de disponibilidades ciertamente notable” .

 También es importante a la hora de analizar su poesía tener en cuenta el punto de la curva en la historia de la poesía de Al-Andalus en la que Wallâda se sitúa. Porque “es interesante señalar la curva de la evolución literaria en Al-Andalus a través de estos poemas escritos por mujeres. Curva que parte de los versos de Hassâna la Tamîmiyya, compuestos un poco a la manera antigua de los poetas de corte omeyas o de los poetas tribales, y en los que todavía no hay indicios del movimiento de los poetas “modernos”, pasando por los poemas […] que reflejan esa poesía destinada al canto, en metros breves, muy musicales, llenada de gracia y ligereza, muy propia de las esclavas cantos, hasta los poemas […] en los que se observan, dominantes, los rasgos de la poesía “neoclásica”, imperantes a partir de mediados del siglo IX…”. Pues bien, Wallâda vive en el siglo XI, “cuando la poesía aparece más libre. Dominadas tanto la tradición “moderna” como la “Neoclásica”; y “las poetisas dan la impresión de moverse más espontáneamente en sus manifestaciones literarias, y quizás a ello obedezca el relativo encanto y la gracia de algunos poemas, especialmente de amor” .
AMOR Y DESAMOR
 Existe una relación amorosa de Wallâda que quisiera utilizar como análisis práctico de algunos de los elementos que Ibn Hazm manifiesta sobre el amor en El Collar de la Paloma, es la mantenida con el poeta Ibn Zaydún. Una relación que marcó la vida de Wallâda y su poesía, fue la que mantuvo con el poeta Ibn Zaydún, uno de los grandes poetas cordobeses de su época. Constituye ésta una de las historias de amor más interesantes y cuyo trágico final, llevó al poeta a exiliarse de Córdoba y acogerse al mecenazgo que Al-Mu’tamid ejercía en la corte abbadí de Sevilla. Una historia de amor expresada por una mujer. Una historia de amor “en tiempos de cólera” como eran aquellos de la fitna cordobesa.

Así escribe Wallâda enamorada:  “Cuando caiga la noche / espera mi visita: / sé que su oscuridad / es quien mejor encubre los secretos. / Siento un amor por ti / que si tuvieran los astros / que moverse / con la misma fuerza, / no brillaría el sol, / ni saldría la luna, / ni las estrellas aparecerían / en medio de la noche” .

 La cita, el secreto, la espera, la declaración de amor, la exaltación de éste. Es señal del amor para Ibn Hazm “que el amante vuele presuroso hacia el sitio en que está el amado…”. Muchas señales aparecen “antes que prenda el fuego del amor y el calor abrase y el tizón arda y se levante la llama, porque, una vez  que el amor se enseñorea y hace pie, no ves más que coloquios secretos y un paulatino alejamiento de todo lo que no sea el amado” .

 Ibn Zaydún responde con poemas como éste: “¿Responderás a quien te invoca? / ¿Curarás a quien se te queja? / Oh, tú, que estás siempre cerca de mí aunque te alejes, / que estás presente aunque te ausentes. / ¿Cómo voy a olvidarte / yo, que me adorno con tu amor? / Eres una suave brisa, / que penetra en los corazones” .

 Aquel amor acaba a causa de los devaneos que Ibn Zaydún tiene con una esclava negra de la propia Wallâda. Éste es el reproche de Wallâda:  “Si fueras justo con el amor que existe entre nosotros, / no habrías escogido ni amarías a mi esclava; / has dejado una rama donde florece la hermosura / y te has vuelto a la rama sin frutos. / Sabes que soy la luna llena, / pero, por mi desdicha, /de Júpiter estás enamorado”.

 Así se expresa la poetisa traicionada en sus versos. “La traición –será causa de olvido para el autor de El Collar de la Paloma- que nadie puede conllevar y que ningún hombre noble –mujer noble en este caso-  puede pasar por alto. Constituye la verdadera razón del olvido, pues el que olvida por ella no es censurable” . Disculpa el olvido si hay traición. No sabemos si conseguido o no el olvido, lo cierto es que la separación se consuma. Y cuando escribe el siguiente poema, sigue encendida en su corazón el ascua del amor por Ibn Zaydún.  Wallâda se debate entre el despecho y el abandono. Y el lamento ocupa sus poemas: “Tras la separación, ¿habrá medio de unirnos? /  ¡Ay! Los amantes todos, de sus penas se quejan. / Paso las horas de la cita en el invierno / sobre las ascuas ardientes del deseo, / y cómo no, si estamos separados. / ¡Qué pronto me ha traído mi destino / lo que temía! Mas las noches pasan /y la separación no se termina, / ni la paciencia me libera / de los grilletes de la añoranza. / ¡Qué Dios riegue la tierra que sea tu morada / con lluvias abundantes y copiosas!” . Dos temas analizados ya por Ibn Hazm, ocupan el centro de estos versos: la separación y el insomnio. “El insomnio –escribe Ibn Hazm- es otro de los accidentes de los amantes”, y dirá que los poetas se considerarán “apacentadores de estrellas”, lamentándose de lo larga que se hace la noche. De hecho, suyo es el poema, “Pastor soy de estrellas, como si tuviera a mi cargo / apacentar todos los astros fijos y planetas. / […] Parece que soy el guarda de este jardín verde oscuro del firmamento…” . Lo que se produce en estos amantes es, sin duda la separación y la distancia. El poeta se ha marchado a Sevilla, acogido entre el grupo de poetas protegidos en la corte de Al-Mutamid. “La separación –puede leerse en El Collar de la Paloma- hace derramar llanto a los poetas sobre el lugar de las citas antiguas. Lágrimas vierten sobre las ruinas, riegan las casas con el agua del deseo –recordando lo que pasaron en ellas en otro tiempo-, y gimen y sollozan, mientras las huellas del pasado resucitan su enterrada pasión, y se lamentan y lloran” .

Un llanto que es también el del poeta, tal vez desde la Sevilla de su exilio, porque “la separación engendra nostalgia y agitación, y despierta el recuerdo” . El poema de Ibn Zaydum: “Mi afán supremo era lograr tu amor / si la suerte hubiera propiciado unirme a ti. / Lloran tu ausencia unos ojos cuya pupila eres tú /  y a los que el sueño abandonó por tu abandono. / El Destino, que antes me era placentero, / se tornó desde que se ausentó de mí tu rostro hermoso. / Tú eres mi vida, si me dejas, / que caven mi tumba y preparen mi sudario…” . Porque, como afirma Ibn Hazm, “la muerte es, a mi juicio, preferible a la separación” .

Un canto que dará lugar tiempo después a una dura sátira de Ibn Zaydún, plagada de celos, contra el visir Abu Amir Ibn Abdus, “una risala que se hizo famosa y que debió desencadenar la ruptura definitiva con la princesa” . Excepcional debió ser esta mujer que tan honda queja produjo en el poeta que no supo valorarla y que torpemente se alejó. Lo cierto es que Wallâda terminó yendo con el visir Abû Amir ibn Abdus, y que como hemos visto, provocó unos enormes celos en Ibn Zaydún, producto de los cuales son un intercambio de poemas satíricos feroces . Porque lo que fue amor puede trocarse en odio. Los poemas satíricos de Wallâda son sumamente duros; su fuerte carácter se desborda en ellos. Botón de muestra puede ser éste: “Tu apodo es el hexágono, un epíteto / que no se apartará de ti / ni siquiera después de que te deje la vida:  / pederasta, puto, adúltero, cabrón, carnudo y ladrón”.  Feroz es este otro ataque, en donde del insulto pasa a una hiriente acusación: “A pesar de sus buenas cualidades / a Ibn Zaydún le gustan / las vergas que se esconden /en la pernera de los pantalones. / Si se fijara en la forma / erecta del tronco de las palmeras / hace tiempo que se habría convertido / en pájaro carpintero”

 Hasta ahí llegaron tan intensos amores y hasta ahí se expresaron, revelando aquellos sentimientos íntimos y apasionados que ampliamente nos ha legado la poesía andalusí y que no manifiestan sino lo que detalladamente Ibn Hazm escribe para “satisfacer la petición de un amigo” en su libro El Collar de la paloma, subtitulado “sobre el amor y los amantes”. Esta mujer andalusí, noble y culta, “no se casó” y –según escribe Teresa Garulo- “aquí es posible que influyeran las habladurías que motivó su despreocupación por la opinión ajena” . Vivió, según algunos,  muchos años, al parecer ochenta, seguramente siempre bajo la protección del Ibn Abdus. Murió según Ibn Baskuwal –aunque hay versiones distintas, y mucho más probables- cuando Córdoba entraba en su ocaso y el hijo de Al-Mu’tamid, intentaba defenderla del ataque almorávide; “era el miércoles 2 de safar de 484=26 de marzo de 1091” . Lo más oportuno, aunque se aleje de la histórica fecha, emblemática por lo demás, pues supone el ocaso de una época para la Córdoba califal, y en la que esta princesa omeya vivió con tanta intensidad, es situar su muerte en el año 470, el 1077 de la era cristiana. Trece años después de que lo hiciera en su casa de Montija (Huelva), un 15 de agosto, 28 sa’ban del año 456 de la Hégira, Abû Mahammad ‘Alî ibn Hazm de Córdoba. Desaparecía, como dice la Encyclopédie de l’Islam, “uno de los más grandes espíritus de la civilización árabe musulmana”, cordobés de nacimiento.

 Aquel zahirí, contra la corriente del momento, luchador y polemista, es también el que mejor ha escrito sobre el amor y los amantes, en un momento en el que a pesar de la podredumbre política y del derrumbamiento de todos los esplendores, los poemas de amor llenan las páginas de los poetas y poetisas andalusíes. Mucho de su amplia obra desapareció, muchos de sus libros se quemaron  . “Aunque el papel queméis –escribirá Ibn Hazm- quemar no podéis su contenido, porque en mi pecho lo llevo”. Para provecho de la literatura quedó, entre otros,  El Collar de la Paloma, y para que fuera faro de luz en la literatura amorosa que le sucedió tanto en la España castellana como en la Europa posterior y ya renacentista, que de su Collar bebió.

Juan Félix Bellido

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