Archivo para 28 julio 2011

QUE LA AMABILIDAD NO FALTE

Según el Consejero de Turismo de la Junta de Andalucía,  “el turismo es un sector fundamental y pido ser lo más amables posibles y profesionales porque la planta hotelera, un buen ocio y una buena restauración ya son una realidad y pido que la amabilidad no falte en este verano intenso”. Esperemos que no haya faltado porque es mucho lo que c0on ello ganamos y en su defecto es mucho lo que ponemos en juego. Profesionalidad y amabilidad, para cautivar y para fidelizar. Tengamos en cuenta que las sinergias que genera esta industria junto a otros sectores productivos, son enormes. Cada euro que gasta un turista en Andalucía “tiene una repercusión de 1,47 euros, casi 0,50 euros más”.

Y es que en nuestra Comunidad Autónoma, el turismo representa el 11 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) y genera 17.000 millones de euros al año; además de más de 370.000 empleos estables.

Pero es que, además, el turista compra y estas compras generan en la región de forma directa al año 9,7 millones de euros.   Esta sinergia repercute especialmente en el comercio pero no solo desde el punto de vista directo ya que los beneficios indirectos generan alrededor de 600 millones de euros.

   Una gallina que pone huevos de oro y que hay que mantener a toda costa.  No cuidarla con cariño sería el mayor de los errores. Más aún, necesita que la alimentemos y la cuidemos. Los turistas esperan de nosotros  calidad, diversificación de la oferta e innovación y que éstas generen experiencias y emociones.

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ENCUENTROS CON LA PINTURA

Jesús entre los doctores, de Alberto Durero

El Museo Thyssen presenta en agosto, con motivo de la celebración en Madrid de la Jornada Mundial de la Juventud 2011, la exposición Encuentros, una selección de nueve obras de su Colección Permanente de Pintura Antigua que ilustran momentos de la vida de Cristo, desde su infancia hasta las apariciones después de su Resurrección. La muestra incluye piezas de destacados pintores de los siglos XIV al XVIII, como Jesús entre los doctores (1506), de Alberto Durero; Cristo y la samaritana (1310-1311), de Duccio di Buoninsegna; Jesús y la samaritana en el pozo (c. 1640-1641), de Il Guercino y La cena de Emaús (c. 1633-1639), de Matthias Stom, entre otros.

El visitante podrá familiarizarse con la obra de estos reconocidos pintores pertenecientes tanto a las escuelas del norte, como la flamenca, holandesa y alemana, como del sur, principalmente la italiana, con estilos que muestran con fidelidad los movimientos artísticos en que se desenvolvieron sus carreras.

La cena de Emaús, de Matthias Stom

La instalación de las obras se hará en la sala de exposiciones Contexto, en el Balcón-Mirador de la primera planta del Museo, con acceso directo desde el hall central y entrada gratuita. Coincidiendo además con el horario de verano del Museo, la muestra permanecerá abierta también hasta las 11 de la noche de martes a sábado; los domingos el horario será el habitual, de 10 de la mañana a 7 de la tarde.

ERASMO O MEDITACIONES VERANIEGAS PARA TARDES FRESCAS

 Unas reflexiones para estas tardes veraniegas, en las que la distancia de ese día a día que nos va sorbiendo fuerzas, nos vuelve reflexivos, ordenados, racionales y nos sube el sentido común a cotas razonables. Basta coger a pensadores humanistas como Erasmo de Rotterdam, y leer algunos textos suyos. Después dejar que la razón los ordene. Después, mirar a la calle y contemplar la vida sin engaños ni subterfugios. Es una de las mejores terapias del verano para recuperar cordura.

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“Quienes cuidan a los suyos en la misma medida en que conviene a sus propios intereses, éstos ponen a sus ciudadanos en el mismo lugar que la mayoría de los hombres a sus caballos y asnos, pues también aquéllos cuidan de sus animales, pero miden todo cuidado según su provecho, no el de los ciudadanos. Por lo demás, quienes desuellan al pueblo con su rapacidad o lo despedazan con su crueldad o lo exponen a todos los peligros a causa de su ambición, éstos tienen en menos consideración a los ciudadanos libres que el vulgo a los jumentos comprados o los maestros de gladiadores a sus adiestrados”.

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 “La primera [de las características del tirano] (…) consiste en el empeño del tirano para que los ciudadanos no quieran o no se atrevan a revelarse contra él. La segunda, que no se fíen unos de otros. La tercera, que no puedan maquinar revoluciones. Consigue lo primero intentando por todos los medios que los ciudadanos tengan la menor iniciativa posible y la mínima sabiduría, teniéndolos servilmente o dedicados a ocupaciones sórdidas o sujetos a delaciones o enervados por los placeres. Sabe que los ánimos generosos y elevados soportan a duras penas la tiranía.  Logra lo segundo intentando que los ciudadanos disientan entre sí con mutuos odios y que se delaten unos a otros, él entre tanto con el mal de los suyos se hace más poderoso. Alcanza lo tercero mermando a toda costa las riquezas y la autoridad de los suyos y principalmente de los hombres de bien…  El príncipe [es decir, el gobernante] debe alejarse lo más posible de todos estos empeños, mejor aún, ser diametralmente opuesto a ellos…”. 

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 “Cuando exiges a los tuyos como deuda el impuesto, pregúntate antes a ti mismo si les has pagado lo que tu deber exige”.

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 “Un príncipe [gobernante] que no piensa ni hace nada más que extorsionar a los ciudadanos sacándoles todo el dinero que puede, enredar en tramos legales todas las riquezas posibles y vender al mejor postor las magistraturas y los cargos, decidme, por favor, si debe ser llamado príncipe o negociante o más bien, hablando en plata, ladrón”.

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“Al señor le corresponde mandar, al siervo obedecer. El tirano manda todo lo que se le antoja, el príncipe lo que considera mejorn para la república. ¿Y qué va a mandar el que no sabe qué es lo mejor, el que incluso toma por óptimo lo pésimo, cegado por la ignorancia o las pasiones”.

Todas está tomadas del tratado de Erasmo de Rotterdam, Institutio Principis Christiani, de 1516).

NADIE ACABARÁ CON LOS LIBROS

Leo en estos días con sumo placer un libro editado por Lumen que tiene este hermoso título: Nadie acabará con los libros. Está escrito al alimón por Umberto Eco y Jean-Claude Carrière. En esta época de avances tecnológicos trepidantes, en donde se anuncia la muerte del libro de manera apocalíptica y, desde luego, superficial, es bueno leer a Eco diciendo que “el libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se han inventado, no se puede hacer nada mejor. El libro ha superado la prueba del tiempo… Quizás evolucionen sus componentes, quizá sus páginas dejen de ser de papel, pero seguirá siendo lo que es”. Los soportes cambian, la realidad sigue vigente. Y sobre todo, yo estaré aquí escribiendo y vosotros, desde aquella otra pantalla, leyendo, y la información seguirá fluyendo, se seguirá transmitiendo, se seguirá compartiendo. «Escribí sobre este tema hace tiempo –responde Eco en este coloquio con Jean-Claude Carrière sobre los nuevos soportes-, es decir, cuando la pregunta parecía pertinente. A estas alturas, cada vez que alguien me pide que me pronuncie al respecto, no puedo sino repetir el mismo texto. En cualquier caso, nadie se da cuenta de que me repito, porque no hay nada más inédito de lo que ya se ha publicado y, además, porque la opinión pública (o por lo menos los periodistas) tienen siempre la idea fija de que el libro desaparecerá (o quizás los periodistas piensan que son los lectores los que tienen esa idea fija) y todos formulan incansablemente la misma pregunta.

«En realidad hay poco que decir al respecto. Con Internet hemos vuelto a la era alfabética. Si algunos pensamos que habíamos entrado en la civilización de las imágenes, pues bien, el ordenador nos ha vuelto a introducir en la galaxia Gutemberg y todos se ven de nuevo obligados a leer. Para leer es necesario un soporte. Este soporte no puede ser únicamente el ordenador. ¡Pasemos dos horas leyendo una novela en el ordenador y nuestros ojos se convertirán en dos pelotas de tenis! En casa tengo unas gafas Polaroid que me permiten proteger los ojos de las molestias de una lectura constante en pantalla pero no es una solución suficiente. Además, el ordenador depende de la electricidad y no te permite leer en la bañera, ni tumbado de costado en la cama. El libro es, a fin de cuentas, un instrumento más flexible».

Y ante la disyuntiva, Umberto Eco afirma que éste sigue siendo un buen soporte para la lectura o «se inventará algo que se parecerá a lo que el libro nunca ha dejado de ser, incluso antes de la invención de la imprenta. Las variaciones en torno al objeto libro no han modificado su función, ni su sintaxis, desde hace más de quinientos años».

Y ahí es donde vuelve a insistir en que «el libro es como la cuchara, el martillo, la rueda, las tijeras. Una vez que se ha inventado no se puede hacer algo mejor».

Un magnífico libro para entrar en los entresijos más profundos del libro, de su historia, de su mundo.

VOY TIRANDO

Así vamos, más o menos, todos, tirando, que ya con tirar es bastante. Y así es el título de la novela gráfica del jerezano Daniel Diosdado que ganó el Certamen de Comic del Programa Desencaja 2010, que no es ni mucho menos el primer premio que este autor recibe. Una interesante obra de comic a la que vale la pena asomarse… Aunque sólo sea por el momento y el título.

IMPASIBLES ANTE LAS INSENSATECES

 No sé si troncharme de risa, romper en llantos o dormirme una siesta. Ahora va el libio de las narices y dice que reivindica Al-Andalus. Lo único que me falta oír es que Berlusconi diga reivindicar la Bética Romana. O que Trinidad Jiménez vaya a la ONU y diga que reivindica para la corona española Cuba o el Imperio Inca. Pues bien, el berrenchín me lo tomo yo, porque no hay un historiador decente y serio que sea capaz de argumentar nada, si es que hay que hacerlo, de explicar bien la historia o de decir que esto no es más que una nueva gilipollez del majareta de turno. Y es que hemos explicado y manipulado tan mal nuestra propia historia que ahora viene un libio que dice que esta tierra en la que vivo es suya.  Pues que comience entregándole Trípoli a los romanos, o a los fenicios, que para eso la fundaron. Que este señor, se lo haga ver, porque a estas alturas, no estamos como para soportar tonterías de este calibre. Aunque va a ser mejor darlo por no oído e irse a dormir la siesta, que el calor aprieta.

LOS LIBROS

          Seguramente a destiempo y en unas condiciones meridianamente mejorables, se celebró la Feria del Libro de Jerez, con unos calores que lo que hacían era desear huir de la ciudad a la playa. Se hizo, sí, pero con menos éxito. Al menos no con el que los libreros esperan una feria del libro. La evidente mejora y vuelta a la normalidad está en las promesas para el año que viene. Esta vez, los libros no pudieron invadir las aceras y las plazas. La intención era buena: exponer los libros a la contemplación de los lectores. Y llamarlos al escaparate. El libro, ese objeto tan pintoresco para algunos y tan exótico para otros que se acercan a él como quien de paso por París no quiere dejar de echar una curiosa ojeada al Louvre, no vaya a ser que le achaquen catetez algunos conocidos si no cuenta a su vuelta que, cara a cara, contempló a la Giocconda.

          Y dado que para algunos, entrar en una librería es como profanar un sagrado misterio, los libreros, en un último esfuerzo por poner las cosas fáciles, intentan sacarlos  a la orilla de la calle –aunque esta vez, la calle ha sido un espacio cerrado y caluroso-; normalmente exponen sus cubiertas al sol –valor hay que tener con lo que come el sol la mala tinta que hoy se usa en ellas- y te invitan a comprar con descuento un producto que “¡vengan y vean! ¡ni muerde ni hace daño!”, mintiendo al respetable descaradamente o, por lo menos, ocultando una realidad evidente. Es verdad que no hace daño, ni muerde, pero que es materia peligrosa, porque enciende las mentes, nos hace más despiertos, nos proporciona herramientas para llamar a las cosas por su nombre y ayuda a priorizar razón y pensamiento, contra resignación pasiva, barbarie, encefalograma plano, achatamiento de todos los relieves y acatamiento, porque sí, de los desmanes de aquellos que nos mandan. Y si no que se lo digan a los inquisidores de todos los tiempos.

          Perdone, usted, Don Gabriel [Celaya], pero me va a permitir –que en mi euforia librera- le cite y a la vez tenga el atrevimiento de cambiar unos versos suyos, con la convicción de que me daría su parecer favorable. “La poesía es un arma cargada de futuro…”. Desde aquellos años sesenta que me permitieron conocerle a usted, y a otros escritores de su guisa, transgrediendo los dictados de los malpensantes de entonces, comparto el pensamiento suyo, porque, contrariamente al parecer de los iletrados –que tanto abundan hoy- entiendo lo que es poesía y lo que usted pensaba cuando la escribía. Pero, permítame que diga, en balance de esta Feria del Libro que “El libro es un arma cargada de futuro”, y que no podemos dar la espalda a un arma tan eficaz y tan pacífica, tan creadora de pluralidad y de razón. Y precisamente por eso, “porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos”, porque al jefe de turno no le interesa que sepas demasiado y te enteres de lo que vale un peine, este verano debe de ser un homenaje al libro, a este arma de paz que nos hace más civilizados. Y yo tengo la esperanza de que se enaltezca al libro; al libro “cargado de futuro” y al fin y al cabo “arma” para abrir el pensamiento, para hacernos más libres, para desterrar el avasallamiento del pensamiento único que, a la postre, es pensamiento pobre, interesado y estúpido, que conviene para hacer de los pueblos un rebaño consumista de todo cuanto nos echen al pesebre.

          La batalla  contra la pretensión de hacernos un pueblo borreguil alimentado con una salsa rosa de tintes surrealistas que nos tiene entretenidos con cuatro zarandajas que nos ocultan paisajes más humanos, a beneficio de cuatro vividores y algunos listos que nos quieren negar el jamón pata negra afirmando que a nosotros nos gustan las lentejas: el libro, el libro que en esas Ferias del Libro de la costa, asentadas en los paseos marítimos de los atardeceres, saldrá de las librerías, bajará de los altos estantes y se nos pondrá al alcance de la mano. En ellos encontraremos paisajes nuevos, caminos que recorrer, nuevos vuelos a nuestra imaginación, contemplación de la belleza e historias para vivir más veces nuestra existencia. En ellos hallaremos raíces, verdades históricas, contrastados pensamientos, conoceremos mejor nuestro entorno, nos explicaremos mejor nuestras propias acciones… En ellos podremos elegir, tendremos razones críticas para ampliar el horizonte de nuestras opiniones, conoceremos a otros hombres y mujeres… Los libros, que merecieron el índice, el destierro y la quema de los absolutismos de todos los tiempos, por ser un instrumento de libertad que ponía en evidencia la torpeza de algunos, y el miedo a la verdad y al conocimiento.

          Es verano y tendremos más tiempo para leer, y de justicia es acercarse a los libros, dado que ellos salen a nuestro encuentro en muchas de las calles costeras andaluzas. Los libros, los plurales libros. Todos los libros, los del norte y los del sur, los de oriente y los de occidente, los de arriba y los de abajo, los de derechas y los de izquierda, los blancos y los negros… todos los libros. Porque el contraste es sano y hace civilizados a los hombres. Vacaciones: ¡Felices libros!


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